“UN PETARDO
INESPERADO”
Decepcionante y mansa corrida de
Alcurrucén que imposibilita el lucimiento y el entretenimiento en otra tarde de
paupérrima entrada en los tendidos. Destaca la pureza de Diego Urdiales y el
valor y las ganas de Jiménez Fortes. Pésima imagen de David Mora.
Los días grandes de las Fallas se acercan y, cada vez más,
la ciudad se llena de turistas, visitantes y, como no, de olor a pólvora. Las
calles están ya prácticamente listas y, día a día, aumentan las estruendosas
explosiones de centenares y miles de petardos y cohetes que son verdaderamente
el alma y la idiosincrasia de estas fiestas tan particulares y universales.
Desgraciadamente hoy explotó un petardo inesperado y no positivo. Y tuvo lugar
en la plaza de toros de la capital del Turia. Y ese petardo no fue otro que el
juego de la corrida de Alcurrucén. Era una de las divisas más esperadas de la
llamada Feria de los Encastes, y del ciclo fallero en general, pero la que el
año pasado fuera una de las ganaderías triunfadoras de la temporada, tuvo un
comienzo de 2013 bien distinto. Mansa, descastada, en algunas ocasiones, bronca
y desclasada…la corrida de la familia Lozano fue tan desconcertante como
inesperada. Nadie se podía imaginar que ni uno sólo de los seis ejemplares de
procedencia Núñez que saltaron al ruedo fuera a resultar bravo y completo. Y
ante semejante ganado, la terna pudo poco más que justificarse. A pesar de
ello, contando con el mismo tipo de embestidas y con el factor viento, que
volvió a molestar como en los días pasados, hubo notables diferencias entre los
de luces.
Diego Urdiales abría cartel y fue uno de los dos destacados.
Él lo fue, simple y llanamente, porque es de los pocos (de todo el escalafón)
que aún intentan realizar el toreo puro. Es absolutamente placentero el
encontrarse, entre tanto ventajista, a algún espada que se coloca bien, se pasa
a los astados cerca, e intenta cargar la suerte. No siempre lo consiguió el
riojano, pero por lo menos lo intentó y dejó muletazos de esa incuestionable
pureza. El ejemplar que abrió plaza fue, como la mayoría de sus hermanos, un
toro bastante feo, correcto de presentación, pero en el límite de una plaza de
primera. Cortito de cuello, el de Alcurrucén empujó en el caballo pero sin celo
ni convicción. Hubo competencia en el tercio de quites entre un David Mora que
optó por valerosas gaoneras, y un Urdiales que eligió las chicuelinas. En la
muleta, el riojano anduvo firme, inteligente y, como señalaba anteriormente,
puro. Su oponente tuvo nobleza, pero también sosería y apenas clase. Urdiales
saco todo lo posible que, por otra parte, no era mucho. Con la espada no estuvo
acertado y ésta hizo guardia. El cuarto, de mejor presentación, tuvo una
movilidad bronca y desclasada que se tornó en una evidente falta de casta. No
fue agradecido el de la divisa celeste y negra y Diego Urdiales no pudo hacer
más que justificarse en una labor que no tuvo nada reseñable. En ambos turnos
fue silenciado.
Jiménez Fortes si logró que lo ovacionasen después de una
actuación en la que quedaron patentes sus ganas de cara a ser uno de los
protagonistas de esta nueva temporada. El salmantino podría haber cortado una
oreja de su primero, el tercero, pero, al igual que a Urdiales, se le fue la
mano y la estocada asomó por el costado de la res. Ese tercero fue un animal
más fino de hechuras y excesivamente abrochado de cuerna, que dio un recital de
mansedumbre desde que salió de chiqueros. Huidizo al principio y siempre
saliendo suelto de los cites y la lidia, saltó al callejón en el segundo tercio.
Algo muy pocas veces visto. En la muleta embistió con suficiencia porque su
matador le obligó a ello. Con mucha firmeza y mano baja, Fortes tuvo la virtud
de echarle muy adelante los vuelos de la franela para que el toro respondiera.
En ocasiones enganchó su viaje con templanza y brotaron los pocos olés que se
escucharon en toda la tarde. En algunas cosas demostró capacidad el joven
diestro, pero también hubo otras que no fueron tan buenas. Por ejemplo, la mala
colocación (con excesiva ventaja) que también llevó a cabo por momentos. Y,
después, un apunte personal: sinceramente prefiero a ese Jiménez Fortes más
vertical que no abre tanto el compás. Podrá ser menos poderoso, pero es más
estético y puro. Ante este y el que cerró plaza mostró, pese a todo, un gran
valor que aún tiene que depurarse. De todas formas, es también importante tener
en cuenta que esta será su segunda temporada como matador de toros. En el sexto
lo volvió a intentar poniendo mucha voluntad, pero la mansedumbre y falta de
casta y transmisión del enemigo provocaron la indiferencia de un público, otra
tarde más, ausente. Verdaderamente alarmante la escasez de aficionados tarde
tras tarde en los tendidos del coso de la calle Xátiva.
Completaba el cartel David Mora que, a pesar de las ovaciones
que saludó en ambos turnos, estuvo realmente mal. Un servidor tenía la
esperanza de que el invierno le hubiera venido bien a un diestro que ya en la
pasada temporada mostró signos ciertamente alarmantes. Desgraciadamente, el
toledano sigue por una senda cada vez más vulgar y ventajista. Prácticamente
nunca se colocó correctamente y siempre retrasó descaradamente la pierna sobre
la que se debe cargar el peso de la figura. Es decir, la pierna que debe cargar
la suerte. Además, volvió a ese toreo de figura agachada que es completamente
antiestético y que ya puso de moda en 2012. El segundo de la tarde fue el
animal de mayor nobleza y calidad de todo el encierro. Pero tanta clase y
nobleza tuvo, como poca fuerza. Ya salió por la puerta de toriles blandeando y
su fortaleza no mejoró según fueron pasando los minutos. No se le picó nada,
pues cada vez que entró al caballo ni se le llegaron a meter las cuerdas en dos
picotazos completamente insuficientes. Mucho se ha criticado a las corridas de
Adolfo Martín y Miura que abrieron la Feria de los Encastes, pero al menos,
esos encierros, demostraron, como mínimo, dureza y fortaleza para aguantar
castigos muy fuertes por parte de los varilargueros. Como siempre, estamos ante
una fiesta injusta y desequilibrada en la que a algunos animales se les da en
el caballo sin piedad, mientras a otros se les cuida hasta el extremo. Del
trasteo largo de Mora prácticamente no hubo nada para el recuerdo. Lo mismo
ocurrió ante el quinto, un ejemplar menos suave que se movió pero sin clase y sin
decir nada. Tampoco lo dijo su matador.
En definitiva, y a pesar de las feroces y apasionadas
críticas de muchos, las corridas de Adolfo Martín y Miura sí consiguieron
mantener en todo momento la atención en lo que ocurría en el ruedo. Algunos por
su trapío, otros por su casta y bravura, o muchos por el peligro y las
complicaciones que tuvieron, el caso es que dieron importancia a todo lo que
sus matadores realizaron en la plaza de Valencia. Hoy, por el contrario, el
aburrimiento sí que planeó sobre los asistentes…
6ª
Feria de Fallas 2013. Con un cuarto de entrada, se lidiaron 6 toros de Alcurrucén, muy desiguales de
presencia con algunos animales feos y en el límite, y de manso juego en
general. Les faltó, además, a la mayoría clase en sus embestidas. El 2º, el
de mayor nobleza y calidad.
Diego Urdiales: silencio tras aviso y silencio
David Mora: saludos tras aviso y saludos
Jiménez Fortes: saludos tras aviso y silencio
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