martes, 25 de octubre de 2011

Muere el maestro Antonio Chenel "Antoñete"


ADIÓS A UNO DE LOS ÚLTIMOS MITOS DEL TOREO, ADIÓS AL MAESTRO ANTONIO CHENEL “ANTOÑETE”

El pasado sábado falleció en Madrid el maestro Antonio Chenel “Antoñete” a la edad de 79 años y tras sufrir una larga enfermedad respiratoria. “Antoñete” fue uno de los toreros más importantes de la segunda mitad del siglo XX y la afición lo despidió ayer lunes en “su” plaza de Las Ventas de la que salió, por última vez, a hombros por la puerta grande.

El mundo del toro despidió ayer a uno de los toreros más importantes y queridos de la segunda mitad del siglo pasado. Era de Madrid y se llamaba Antonio Chenel Albaladejo, pero desde pequeño se le comenzó a conocer como “Antoñete”. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que también acudió a despedir al diestro, anunció que se condecorará a “Antoñete” a título póstumo con la Gran Cruz de Beneficencia del Dos de Mayo y Manuel Cobo, vicealcalde de Madrid prometió que una calle de la capital llevará el nombre de “Antoñete”. El maestro Chenel nació el 24 de junio de 1934 en Madrid y muy cerca de la Plaza de Toros de Las Ventas que, pronto, se convirtió en su casa. Algunos miembros de su familia trabajaban en La Monumental y por eso, desde muy pequeño, “Antoñete” pasó gran parte de su tiempo, de su infancia y de su niñez dentro del coso venteño. Y junto a los aficionados de entonces, a las grandes figuras de los años 40, “Antoñete” comenzó no sólo a aficionarse a la fiesta de los toros, sino a querer ser torero. Y lo consiguió un 8 de marzo de 1952 en Castellón de manos de Julio Aparicio, siendo el testigo el maestro albaceteño Pedro Martínez Pedrés con astados de la ganadería de Francisco Chica. A partir de ese día comenzó una trayectoria artística muy irregular en la que en los sucesivos años se retiró y volvió a los ruedos en numerosas ocasiones, pero fue “su” plaza de Madrid, Las Ventas, la que siempre le reconoció su gran valía y devolvió con sonados triunfos la entrega que Chenel mostraba cada tarde en el ruedo en el que tantas veces había jugado y aprendido de pequeño.

ANTOÑETE Y EL TORO BLANCO

“Antoñete”, además, realizó el 15 de mayo de 1966 una de las faenas más importantes de la historia de la plaza de toros de Las Ventas. Fue ante el toro “Atrevido” de José Luis Osborne, un ejemplar ensabanado, de preciosa lámina y que fue todo calidad y nobleza en la franela del diestro madrileño. Fue un trasteo antológico en el que “Antoñete” hizo gala y mostró las virtudes y el gran concepto del toreo que poseía y por el que será recordado siempre en la historia del toreo. Fue uno de los más grandes exponentes del toreo clásico, puro y ortodoxo. También aportó a la tauromaquia su sabiduría del toro, el conocimiento que debe tener un torero de su oponente y fue todo un maestro en las distancias que se le deben dar a un toro para lograr aprovechar su viaje y embestidas. Durante toda su carrera sufrió serias cornadas y percances que le dejaron secuelas para el resto de su vida, pero el increíble valor y la afición que demostró por su profesión le hicieron no perder la ilusión y cuando estaba olvidado por público, crítica y profesionales volvió más fuerte que nunca. Su regreso a los ruedos en 1981 fue un auténtico revulsivo para la fiesta y devolvió a uno de los toreros mas completos e importantes para que las nuevas generaciones pudieran disfrutar de un “Antoñete” mucho más maduro y que realizó con mas de sesenta años auténticas obras de arte en numerosas plazas y, por supuesto, en Madrid. El 27 de agosto de 1988 se retiró definitivamente de los ruedos en Bilbao, aunque siguió toreando festivales y nunca se terminó de ir de la cara del toro.

ÚLTIMA ETAPA Y ENFERMEDAD

“Lo que no consiguieron los toros, lo consiguió el tabaco”, esta es una de las frases más dichas estos días por los familiares, amigos y compañeros del maestro Chenel porque si “Antoñete” tuvo una debilidad en su vida, esa fue el tabaco, un tabaco que le ocasionó graves problemas de salud y que finalmente acabó con su vida el pasado sábado. Hacía ya bastantes años que el veterano matador había dejado el que fue su vicio reconocido, pero los pulmones no olvidaron y en los últimos meses, “Antoñete” estuvo muy delicado de salud y aquejado de una grave enfermedad respiratoria. El pasado jueves 20 de octubre fue ingresado en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y, aunque todos tenían la esperanza de que Chenel saliera adelante y pudiera con este duro golpe de salud, desgraciadamente el corazón del maestro se apagó el sábado por la noche rodeado de sus familiares, amigos y compañeros de profesión. Pero el maestro del mechón blanco, como también se le conocía por el prematuro mechón canoso que le apareció siendo todavía joven, alcanzó una gran popularidad en los últimos veinte años por acompañar al periodista Manuel Molés en sus retransmisiones taurinas en Canal+ y en la Cadena SER. Desde ese momento ambos se hicieron inseparables y los conocimientos y la sabiduría del maestro Chenel le valieron el cariño y admiración de toda una generación que ha crecido escuchando los sabios comentarios del maestro con su característica y particular voz ronca y entrecortada.

MULTITUDINARIA DESPEDIDA

Ayer lunes todo el mundo del toro e infinidad de aficionados y admiradores de “Antoñete” pudieron rendirle un último homenaje y despedirse del maestro acudiendo a la capilla ardiente del espada que se instaló desde las 10 de la mañana en la Sala Alcalá de la Plaza de Toros de Las Ventas. Un gran número de aficionados y profesionales pudieron darle el último adiós a un “Antoñete” vestido de corto, con un traje verde botella de terciopelo, y rodeado por numerosas coronas de flores, un retrato de su juventud y su típico y característico traje de luces lila y oro que fue siempre su favorito y que vistió en la última tarde que actuó en la Monumental de Las Ventas. Muchos matadores de toros como Palomo Linares, Enrique Ponce o César Rincón, banderilleros como “El Boni”, al que dedicó las últimas palabras antes de morir, el equipo de canal plus con su gran amigo Manuel Molés al frente, críticos taurinos, ganaderos como José Luis Lozano, empresarios y, por supuesto, cientos de aficionados pasaron a lo largo de toda la mañana por la abarrotada capilla ardiente que fue clausurada a las 4 de la tarde, minutos antes de que el féretro de “Antoñete” fuera sacado, por última vez, por una puerta grande que consiguió abrir hasta en siete ocasiones, la puerta grande de la gloria, la puerta grande de Las Ventas, la que fue su casa y la que siempre será su plaza.

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