martes, 10 de junio de 2014

Crónica última Feria de San Isidro 2014

INTERESANTE CORRIDA EN EL ESPERADO REGRESO DE MIURA A MADRID


Terminó la Feria de San Isidro, un mes continuado de toros en la plaza de toros de Las Ventas y lo hizo con el último plato fuerte "torista" del abono. Lleno de "No hay billetes" para el esperado regreso de Miura, una de las divisas más legendarias del campo bravo. Tras nueve años de ausencia (que se dice pronto), los del hierro de la A con asas volvieron a Las Ventas con una gran expectación. Madrid ya echaba de menos a una ganadería que antaño personificó el terror, la dureza de la fiesta de los toros. Y tras la interesantísima y muy dura corrida de Victorino del viernes, Miura también volvió a lo grande. O casi. Si no hubiera sido porque a partir del quinto la cosa se empezó a torcer, la última del ciclo madrileño podría haberse convertido en una de las más destacadas dentro del aspecto ganadero.

Interesante encierro que lidiaron los Miura en su vuelta a San Isidro, del que sobresalieron dos astados, los lidiados en segundo y tercer lugar. Sobre todo el segundo, de nombre "Zahonero", fue un toro para el recuerdo en esta ganadería. Animal al que se pidió con fuerza la vuelta al ruedo en el arrastre, aunque hubiera sido exagerada. Y es que el de la divisa verde y negra fue encastado, pero no bravo. Ya salió de chiqueros apuntando cosas buenas y repitió en los lances de recibo que instrumentó Javier Castaño con más disposición que acierto. Y luego se le lució en varas y el de Miura cumplió, pero no llegó a ser un toro realmente bravo. Toro muy espectacular, que se arrancó con prontitud y alegría en tres ocasiones, pero que después en el peto no llegó a empujar de verdad ni a entregarse con la cara fija y abajo. Tras acudir como un tren en banderillas, llegó al último tercio con sobresaliente movilidad, transmisión y bastante recorrido. Eso sí, fiel a la Historia de la ganadería, no terminó de humillar y embistió siempre a media altura. Emocionó "Zahonero" al respetable y todo a pesar de que Castaño no estuviera a la altura. En ocasiones, sobre todo con la mano izquierda, lo templó algo más, pero nunca bajó la mano ni se colocó en el sitio para parar, templar, cargar y mandar. Claramente el toro estuvo por encima del torero. Y mientras Castaño escuchaba leves pitos, el de Miura era arrastrado en medio de una clamorosa ovación.
 
El otro notable astado de la corrida fue el tercero, el más justo de presentación del sexteto. Éste, a diferencia de sus hermanos, no tuvo el trapío suficiente para Madrid. El de Miura era una raspa con cuernos. Muy ligero y sin hacer, prácticamente no tenía morrillo. Eso sí, por delante era tan serio y estaba tan armado como los demás. Ejemplar de típica estampa miureña: largo, agalgado, degollado, fino de cara, con una mirada de gran viveza... Y este tercero, tras cumplir en el caballo, demostró que un Miura también puede embestir con clase en la muleta. Toro muy noble y de gran calidad, que quería coger el engaño siempre por abajo y hasta el final. Eso sí, este "Aguilero" no tuvo la transmisión del anterior. Delante de él anduvo un Serafín Marín que se dejó escapar la oportunidad de su vida. Cuántos habrán soñado con que les embista de esa forma uno de Miura en Madrid. El catalán firmó un trasteo largo que nunca caló en el tendido y en el que no aprovechó las virtudes de su oponente. Casi siempre mal colocado, muy despegado, dio pases que no llegaron a nadie ante la bondadosa acometida de su enemigo. También pesado se puso en el sexto, un precioso ejemplar cárdeno claro recibido con una ovación de salida. Blandeó el de la divisa sevillana en los primeros tercios y llegó al último defendiéndose y con muy escaso recorrido. Deslucido y descastado el que cerró la "miurada".
 
Rafaelillo al final fue el que mejor solventó la papeleta. Además, a él le correspondió uno de esos típicos "miuras" complicados, duros y peligrosos. Fue el primero, un torazo muy serio y armado por delante, y largo y alto como él sólo. Sólo verlo en el ruedo era un espectáculo. Estampa de toro antiguo y típico en esta reconocidísima casa ganadera. Y ese primero del lote de Rafaelillo fue, además, realmente bravo en el primer tercio. Tomó dos puyazos empujando de verdad, con los riñones, y la cara abajo. Eso sí, su juego en la muleta fue otro cantar. Rafaelillo tuvo que sortear las violentas embestidas del de Miura, de escaso recorrido, y que intercalaba embestidas con la cara a media altura y otras directamente en las que pegaba un hachazo. Complicado y sin clase, pero con un genio interesante de cara al aficionado. Y Rafaelillo acertó cuando intentó llevarlo lo más largo posible, sin tocar la franela y por abajo. Era difícil, pero por momentos lo consiguió. Por cierto, que este primero sangró lo que no está escrito. El segundo de su lote, en cambio, otro precioso y muy serio animal, fue más noble y nos dio grandes esperanzas al inicio del último tercio, pero no terminó de romper y acabó venido a menos. La nota negativa fue la devolución del quinto, un pavoroso ejemplar negro de brillante lámina, que ya apuntó su flojedad desde que salió. Comenzaron las protestas y tras derrumbarse en el segundo puyazo fue mandado de vuelta a los corrales. En su lugar saltó un cinqueño sobrero de Fidel San Román, que se movió con poder, pero llevando siempre la cara por encima del estaquillador y quedándose a mitad de los muletazos, sin pasar. Bronco y deslucido.

Con lleno de “No hay billetes” en los tendidos, se lidiaron 5 toros de Miura, muy serios y bien presentados a excepción del 3º, que sólo se tapaba por la cara, y de juego desigual aunque interesante. Destacaron el encastado 2º, de gran movilidad, y el noble 3º, de mucha calidad. Más duro y complicado el 1º. Como 5º bis se lidió un sobrero de Fidel San Román, bien presentado, pero bronco y deslucido, que nunca humilló.

Rafaelillo: silencio y silencio
Javier Castaño: silencio en ambos
Serafín Marín: silencio y silencio

domingo, 11 de mayo de 2014

Crónica 2ª Feria de San Isidro 2014

"DEL ÁLAMO QUIERE"

Oreja para Juan del Álamo y ruina ganadera de Martín Lorca
Juan del Álamo sabía que era su tarde y así llegó a Madrid. Si la preparación física en un torero es fundamental, la psicológica lo es más. Y el salmantino sabía que este San Isidro debe ser el de su consolidación como uno de los matadores jóvenes con mejores condiciones y mayor proyección. Ya lo demostró como novillero y el año pasado como matador en plazas como esta misma de Las Ventas. Y ayer, a base de mucha firmeza, valor y claridad de ideas se marchó con la primera oreja de esta feria. La cortó del tercero, un sobrero de El Vellosino que saltó al ruedo en sustitución del inválido titular de Martín Lorca y que, a la postre, fue el mejor de la tarde. Mansito y moviéndose muy suelto en los primeros tercios, “Inclusero” rompió a bueno en la muleta sacando buen fondo por su nobleza y calidad, acompañadas estas cualidades con una extraordinaria fijeza que mantuvo hasta el final y un templadísimo tranco que supo aprovechar a la perfección su matador. Del Álamo, que lo había recibido gustándose a la verónica construyó una faena maciza, sobre todo por el pitón derecho, en la que llegaron series verdaderamente buenas y en las que bajó mucho la mano y toreó con profundidad. Retrasó un poquito la pierna de salida bien es verdad, pero poco, y eso hoy en día es algo casi positivo. Por momentos el toreo fue de demasiado compás abierto, aunque el salmantino intentó encajarse y ganar un paso a su enemigo para quedarse colocado en el siguiente muletazo y ligar con brillantez. La plaza rompió como sólo lo hace Madrid y tras una muy buena estocada cayó ese trofeo unánime y de peso. Y la tarde podría haber sido de gloria para él porque a punto estuvo de llevarse otro apéndice en el que cerraba plaza. Esta vez la espada se cruzó en su camino. La espada y el descastado y deslucido juego de su oponente. El sexto se arrancó al caballo con prontitud y alegría, pero fue mentiroso pues después no metió los riñones en el peto como un verdadero toro bravo. Y en la muleta duró un suspiro. Si acaso tres series. Después de eso…la nada. Vamos, como sus hermanos. Cuando no hay fondo, pasa lo que pasa. En este tuvo más mérito todavía el joven Juan del Álamo pues lo hizo él todo. “Si no embiste el toro, embiste tú” Y eso hizo. Como en las manoletinas finales que se inventó y en las que el astado apenas se movió. Tampoco en la estocada porque ya era un cadáver andante. Así, tras varios pinchazos, saludó una ovación como reconocimiento a su disposición, notable tarde y a la fuerte voltereta que minutos antes que había propinado este mismo animal.

Y el resto fue para olvidar. La corrida de Martín Lorca, como la del día anterior de Valdefresno, fue una auténtica ruina. Encierro grandón y serio que no tenía la casta y el fondo suficiente para soportar semejantes esqueletos. Mansos en varas, todos llegaron casi sin vida al último tercio convirtiendo en anodino e insoportable el espectáculo. El primero tuvo algo más de duración y calidad, pero tampoco anduvo sobrado de transmisión. Con semejante material, poco pudieron hacer Ángel Teruel y Miguel Tendero. Éste último, que sustituía al herido David Galván, puso muchas ganas desde el principio, pero se estrelló contra un lote infumable. Además, se le nota que torea poco y anda destemplado. Por su parte, Teruel, en el primero de sus dos paseíllos este San Isidro, demostró su concepto clásico y buenas formas, pero también que anda justito de corazón. Se mostró desconfiado e inseguro a pesar de que se intentaba colocar bien y con pureza. Por ello fue tratado con bastante dureza por parte del público que hasta le pitó por hacer un quite en el sexto. 

2ª Feria de San Isidro. Con algo más de media plaza, se lidiaron 5 toros de Martín Lorca, bien aunque desigualmente presentados, serios y grandones por fuera, y mansos y descastados por dentro; y 1 (3º bis) de El Vellosino, feo, cinqueño, zancudo, mansito que sacó buen fondo y calidad en la muleta.

Ángel Teruel: silencio y silencio
Miguel Tendero: silencio en ambos
Juan del Álamo: oreja y saludos tras aviso

sábado, 10 de mayo de 2014

Crónica 1ª Feria de San Isidro 2014

“PARA EMPEZAR, ABURRIMIENTO”

Huele a flores en Madrid, a primavera, a toros, y eso es señal inequívoca de que ha llegado la Feria de San Isidro, el ciclo taurino más importante de la temporada y que tiene como escenario la plaza de toros más importante del mundo: Las Ventas. Y, efectivamente, ayer 9 de mayo volvieron a sonar con fuerza clarines y timbales para una nueva isidrada, además con la novedad de haber recuperado su forma inicial de las treinta tardes consecutivas, sin añadidos ni inventos cursis que no tenían sentido y a nadie convencían. Por fin, en este 2014, no tendremos ni Feria del Aniversario ni del Arte y la Cultura. Tenemos San Isidro, ¿para qué más?

Y así, con casi 30 grados (parecía que terminábamos la feria ya allá por el mes de junio) y un sol de justicia, los aficionados volvían a reencontrarse después de casi un año para ver el primer festejo del abono. Y, cómo no, Taurodelta nos había preparado para abrir boca un cartel que ya desde antes de las siete de la tarde a muchos nos daba la sensación de que no podía terminar muy bien. Y así fue. Desgraciadamente, no nos equivocamos. Ni la ganadería anunciada, ni los toreros (ambos clásicos en esta plaza) contribuyeron a que regresáramos a casa con una primera sonrisa isidril. 

Volvía Valdefresno a Madrid tras su desastroso paso por la Corrida de la Beneficencia del pasado año. Esta vez no hubo problemas en los corrales, pero el resultado final tampoco fue el que los ganaderos hubieran deseado. El encierro estuvo correctamente presentado, serio por delante y, en general, en tipo del encaste y la procedencia Atanasio-Lisardo aunque con algunas desigualdades. El tercero, por ejemplo, fue protestado de salida porque sus ofensivas defensas no podían esconder su fina cara y feas y altas hechuras. El sexto, en cambio, muy bajo, cortito de manos, rizado en los cuartos delanteros, rematado y musculoso era el prototipo de toro de Lisardo. Y a la de Valdefresno le faltó fundamentalmente casta. Fue un encierro mansito, muy suelto y frío en los primeros tercio y que llegó al final sin terminar de romper ni transmitir.

La materia prima no fue la mejor, bien es verdad, pero los de luces tampoco demostraron grandes cosas. El más joven, el mexicano Diego Silveti, logró los momentos de más intensidad de la tarde ya casi en el tiempo de descuento. Al final de su faena al sexto, que ya le había prendido una vez, se marchó a por la espada para después disponerse a concluir su trasteo por bernadinas. Su oponente no era nada claro, sobre todo porque se violentaba en las cercanías, y Silveti además no le tocó con la suficiente contundencia como para cambiar el viaje. Se presagiaba la voltereta y la voltereta llegó. Mostró valentía y voluntad el torero azteca, algo es algo. Antes, en el resto de su actuación, había evidenciado falta de técnica en dos faenas en las que nunca llegó a acoplarse y en las que faltó muchísima limpieza y lucimiento. Por su parte, Daniel Luque, torero acomodado y arropado por el sistema donde los haya, al menos esta vez mostró algo más de actitud. Y esto ya es toda una noticia. Lo intentó con el capote en ambos turno, aunque esta vez no sacó nada en claro. Y en la muleta, con sus dos enemigos hizo lo mismo: acompañar las embestidas, que no torear. Y, además, aprovechando la querencia de los animales a tablas, para no molestarlos ni meterse con ellos y, todo ello, con el pico. Al menos, parte del público recriminó su ventajista colocación y se metió con él. Su primero fue un mansito que se rajó en el segundo muletazo, pero en cambio el quinto fue el mejor de la corrida. Sin ser sobresaliente, el de los hermanos Fraile mostró nobleza y calidad en la muleta, cualidades que no terminó de aprovechar Luque. Y abriendo el cartel actuaba otro matador de sobra conocido en Madrid: David Mora. Lo mejor de su tarde fue el recibimiento a la verónica a su primero, muy templadito. Después, en la muleta quedó inédito por la descastada y floja condición del astado. En el cuarto dio pases, pero ahí quedó la cosa y además pegó un soberano sainete con la espada.


Foto: Juan Pelegrín

sábado, 28 de septiembre de 2013

Crónica novillada en Algemesí

LA BRAVURA DE DOS NOVILLOS;
LA PUREZA DE UN NOVILLERO

Interesante novillada de Guadaira que sortea dos ejemplares de nota, uno premiado con la vuelta al ruedo. Sin trofeos destaca el valor y concepto de Martín Escudero, mientras que Posada de Maravillas se hace con una oreja.


La localidad valenciana de Algemesí es uno de esos escasos oasis que aún perduran en el, cada vez más extenso, desierto de plazas y ferias en decadencia marcadas por la pérdida de festejos y espectadores. En Algemesí parece que la crisis no ha llegado, o ha pasado de largo. En este municipio levantino, en vez de reducir, se aumentan festejos y la plaza se llena todos los días. En total, diez novilladas que se celebran en una plaza improvisada montada una vez al año por las propias peñas y vecinos del pueblo. Algemesí hace tiempo que se consolidó como uno de los ciclos más importantes para los novilleros, pero aún sobresale más en unas circunstancias dramáticas para todos los aspirantes a matador de toros. Y es que en esta localidad tan cercana a la capital del Turia, la sociedad no ha roto su vínculo con la fiesta de los toros. Aquí, la Tauromaquia se vive como un rito fundamental sin el que no se entenderían sus fiestas patronales. Desde los más jóvenes a los más mayores del lugar, todo el mundo colabora y participa y, de esta forma, su “Setmana de Bous” se erige como una feria de salud envidiable.

Para el séptimo festejo del ciclo de este 2013 estaba anunciada una novillada de Guadaira para Martín Escudero y Posada de Maravillas. Y, aunque tan sólo se cortó una oreja, el espectáculo no fue para nada aburrido. Interesante cuanto menos resultó el encierro de la divisa sevillana de procedencia Jandilla. De los cuatro lidiados, destacaron los sorteados en segundo y cuarto lugar, precisamente los del lote del nieto de Juan Posada. Al primero de sus dos enemigos, el corrido en segundo lugar, se le concedió la vuelta al ruedo en el arrastre como premio a su noble, pero encastada condición. Humilló siempre y fue a más durante la lidia, aunque su matador tardó en acoplarse con él y tan sólo al final extrajo parte de las virtudes que atesoraba el astado. Fueron numerosas las series en las que el joven novillero extremeño no acertó ni en distancia, ni en altura. A pesar de las dudas del torero, el de Guadaira mostró su buena condición y fondo de casta, y duró bastante. 

Por fin, al final, Posada se entendió con él y firmó una notable serie al natural en la que se ajustó más con su oponente y corrió con templanza y buen trazo su mano izquierda. El epílogo, con ayudados por alto muy toreros, también fue de lo mejor. Tras dejar una estocada baja cortó una oreja que supo a poco comparada con el honor del pañuelo azul para el animal. El cuarto y último, serio y muy cuajado, como todo el encierro, protagonizó una bravísima pelea en el caballo. Se arrancó desde lejos y con alegría en el primer encuentro y consiguió derribar al picador. Dos duros puyazos más se llevó, de nuevo empujando con fijeza y metiendo los riñones. La pena fue que el severo castigo (que le hizo sangrar muchísimo) y lo que se desgastó en el peto condicionaron su comportamiento en un último tercio al que llegó muy venido a menos. Posada se intentó justificar, pero tan sólo evidenció voluntad y ganas, además de una buena estocada final.

 Martín Escudero se llevó el lote de menos opciones y, pese a ello, volvió a dejar la impronta de un concepto del toreo basado en el valor y la pureza. Entre tanto torero ventajista de pierna retrasada y suerte descargada, el encontrarse con un chaval que quiere hacer todo por derecho y de verdad…es una auténtica alegría. Tiene mucho que pulir y evolucionar, sí, pero las condiciones innatas que parece poseer son más que esperanzadoras. También en Algemesí pecó de frialdad en algunos momentos. Le cuesta conectar más con el tendido, pero su toreo es tan inocente como puro. Prácticamente siempre bien colocado, en muchos momentos ofreció los frentes a sus enemigos, otorgándoles todas las ventajas y adelantando la pierna contraria con pasmosa naturalidad. Muy encajado de riñones, se le ve mucho más suelto con la franela sostenida sobre la zurda. Al natural brotaron sus mejores muletazos, muy ajustados y rematados en la cadera. 

El que abrió plaza fue un mansurrón sin maldad al que le faltó más continuidad y clase en sus embestidas. Por su parte, el tercero tampoco anduvo sobrado de clase ni recorrido. Le faltó un tranco más en el viaje. En uno de los compases del trasteo, David cayó en la cara del toro y, tras ser pisoteado y rebuscado por el animal, comenzó a dolerse de su mano derecha. Con un gesto de auténtico dolor intentó montar la espada para dejar varios pinchazos arriba que fueron suficientes para que el de Guadaira doblara. Tras corresponder una cariñosa ovación al esfuerzo realizado, el de Galapagar se marchó a la enfermería. La suerte le tendrá que acompañar en su camino, pero lo que ha apuntado hasta ahora hace concebir grandes expectativas en un futuro incierto en el que la pureza, la tan anhelada y extrañada pureza, está en claro peligro de extinción.


7ª Feria de novilladas Algemesí (Valencia). Con lleno en los tendidos, se lidiaron 4 novillos de Guadaira, bien presentados, con mucho cuajo, aunque sospechosos de pitones. El más serio por delante fue el 3º. El 1º mansurrón; 2º encastado y humillador, de muy buen juego (premiado con la vuelta al ruedo); 3º deslucido; 4º muy bravo en varas, venido a menos en la muleta.

Martín Escudero: ovación con saludos en ambos
Posada de Maravillas: oreja y silencio

martes, 10 de septiembre de 2013

Crónica 2ª abono Feria de Albacete

“FILIBERTO PAGA CON SANGRE”

El joven novillero nacido en Calasparra resulta herido grave en el quinto de la tarde. Novillada muy seria e interesante de Pedrés y oreja por coleta para los novilleros. La de más peso la cortó Álvaro Lorenzo. El público vuelve a responder.


Otra vez Pedrés, el maestro Pedrés, llegó a Albacete, a su plaza, con una señora novillada, que en apariencia y trapío era casi una corrida de toros. Volvió tras la ausencia del año pasado para dar categoría al coso que tanto le vio torear y triunfar como matador de toros. Precisamente, tras el paseíllo, la empresa tuvo el detalle de homenajearle en el sesenta aniversario de su presentación como matador de toros en la Feria de Albacete. Y Pedrés devolvió el homenaje a la afición manchega con un encierro muy interesante y encastado. Y ya se sabe, cuando la casta está presente…nadie se aburre y hay verdad en el ruedo. Y es que la novillada que trajo desde el campo charro fue muy exigente, de esas que piden el carnet. Muchos acusaran a Pedrés de no tener sensibilidad por presentar una novillada tan seria y fuerte para unos chavales que acaban de empezar, pero habrá algunos (entre los que me incluyo) que le defenderán porque su responsabilidad y deber como ganadero es mandar a una plaza como la de Albacete lo mejor que tenga en casa, un encierro que de categoría a su feria. Y Pedrés lo hizo. Pero claro, los mismos que callan o defienden el “torito” de las figuras en los días de clavel, serán los que se indignen por una novillada con tanto trapío.

A los tres novilleros les vino un poco grande el encierro. Normal, por otro lado. La crisis y la reducción de festejos han diezmado de forma brutal las tardes en las que los representantes del escalafón menor se visten de luces. Y el no torear apenas, la falta de contratos, luego se traduce en falta de oficio. Y eso que los tres que hicieron el paseíllo hoy en la segunda de abono del ciclo taurino en honor a la Virgen de los Llanos fueron los finalistas del certamen Soy Novillero que emitió Castilla la Mancha Televisión el pasado invierno/primavera. El triunfador de aquella final que casi llenó los tendidos de la “Chata” fue Álvaro Lorenzo y precisamente él obtuvo el trofeo de más peso de la tarde. Fue ya en el sexto, un animal mansito que comenzó exigiendo mucho, pero que al final se vino muy a menos, en parte por su condición de manso, y también en parte a que delante tuvo a un torero que le acabó sometiendo. Algunos no sabíamos si podría con su oponente, pero Lorenzo tiró de valor y se pegó un arrimón sincero, de esos absolutamente meritorios. Es verdad que en el conjunto de su tarde faltó toreo fundamental del bueno y que, en ocasiones, retrasó en exceso la pierna contraria descargando la suerte. Pero también lo es que vislumbró algunas cualidades y condiciones como buen concepto del toreo, formas clásicas, y el valor ya anteriormente mencionado. En ese segundo de su lote se dejó llegar los pitones a la misma taleguilla y eso provocó una voltereta afortunadamente sin consecuencias. Se tiró a matar de verdad y, con justicia, cortó una oreja que fue la recompensa a salir fortalecido de una empresa que no se antojó fácil en un principio. En su primero, el tercero, un animal con mucho cuajo y mirada de señor, poco pudo hacer más que intentar mantener de pie a un astado muy flojo que rozó la invalidez. Fue noble el de Pedrés, pero su escasa fortaleza y casta se tornó en un comportamiento cansino y pegajoso. Lorenzo no se entendió con él y construyó una labor tan larga como carente de emoción.

La nota triste del festejo fue la grave cornada que sufrió Filiberto en el quinto. El joven novillero nacido en Calasparra fue prendido por su segundo enemigo, un castaño de expresión viva, largo y alto de agujas, que también manseó pero que sacó casta y poder. Lo dejaron muy crudo en el caballo y, claro está, la lucha entre el hombre y el animal no fue sencilla. A la mitad de la faena, en uno de los muletazos, el utrero se quedó a mitad del viaje e hizo presa del novillero. El primer derrote fue seco, pero el más alarmante fue el segundo. Cuando Filiberto estaba en el suelo, el astado volvió a cogerle y le mantuvo suspendido sobre los pitones en unos segundos que se hicieron eternos. La espectacular cogida dio la impresión que había tenido muy graves consecuencias, pero afortunada y milagrosamente, siendo grave y extensa, fue muy limpia y bastante superficial. Una vez trasladado a la enfermería, el director de lidia, Ángel Olmo, fue el encargado de dar muerte al animal. El público pidió la oreja como reconocimiento al torero herido, pero el presidente no sacó el pañuelo y la cuadrilla de Filiberto dio una vuelta al ruedo. Cuando sí apareció el pañuelo blanco en el palco como premio fue en el segundo. El de Pedrés fue un novillo completo y que ofreció grandes posibilidades. Además de nobleza y buena condición, tuvo cierta movilidad y la fortaleza de la que careció alguno de sus hermanos. El novillero formado en la Escuela Taurina de Albacete firmó una obra en la que primó la cantidad, pero que encadenó buenos pasajes en los que acompañó la embestida.

Como primer espada actuó Ángel Olmo, también novillero de la tierra y que destacó en el primero por su templanza y buen concepto. Desgraciadamente, como no todo puede ser bueno, faltó ajuste entre toro y torero para que su trasteo hubiera tenido más importancia y verdad. El animal que abrió plaza tuvo también nobleza, clase y humillación, pero no anduvo sobrado de fuerzas. El que sí las tuvo, además de mucha casta, fue el corrido en cuarto lugar. El segundo del lote de Olmo, tan imponente como bello, apretó en varas (aunque tardeó) y llegó al tercio final pidiendo una muleta poderosa que encauzara sus muchas y buenas embestidas. Lo quiso desde el principio todo por abajo y los numerosos pases de pecho y remates por alto no le ayudaron. Dio espectáculo una res que no fue, ni mucho menos, consecuente con su nombre: “Dormido”. Su matador puso mucha voluntad y demostró valor, pero la falta de técnica y acople por momentos se hizo muy presente. Ovacionado resultó el de Pedrés, mientras que silencio escuchó Ángel Olmo que había errado repetidamente con el descabello.

Por cierto, la otra gran noticia del festejo fue, de nuevo, la buena entrada registrada en los tendidos. Algo más de tres cuartos del aforo cubierto para ver una novillada. Ojala esto se repitiera más veces y en más plazas a lo largo de la temporada. Y ojo, que mañana llegan las figuras, tanto a pie como a caballo, y ya desempolvan el cartel de “No hay billetes”…

2ª de abono Feria de Albacete. Con algo más de tres cuartos en los tendidos, se lidiaron 6 novillos de Hnos. Martínez Pedrés, bien presentados, serios, y de juego desigual aunque interesantes y exigentes en conjunto. Destacaron los lidiados en segundo y cuarto lugar, ovacionados en el arrastre.

Ángel Olmo: oreja y silencio tras aviso
Filiberto: oreja tras aviso y vuelta al ruedo que dio su cuadrilla tras petición
Álvaro Lorenzo: silencio y oreja

lunes, 9 de septiembre de 2013

Crónica 1ª abono Feria de Albacete

"DEMASIADA HAMBRE 
PARA TAN ESCASO MANJAR"

Una voluntariosa terna, por encima de una corrida noble, pero floja del Puerto de San Lorenzo, en la que se salvó el buen sexto. Rubén Pinar corta una oreja y se gana la sustitución de Manuel Escribano el miércoles con la corrida de Samuel.


Arrancaba la Feria de Albacete, el ciclo taurino más importante del mes más taurino del año, septiembre. Y lo hacía con un cartel interesante, de esos que se llaman de "aficionado". Y la afición de Albacete respondió con creces. Casi tres cuartos de entrada en unos tiempos en los que, desgraciadamente, la buena respuesta de público en los tendidos, es noticia. Albacete se vuelve a reafirmar como un oasis en medio del desierto. Salamanca, Murcia, Valladolid o Logroño son sólo algunas de las plazas que prácticamente han desaparecido del mapa con una importante reducción en el número de festejos. En cambio, en la capital manchega, se mantienen los festejos y el abono aguanta con salud envidiable. Esa fue la primera buena noticia en una tarde que no llegó a ser aburrida, pero que se vio marcada por un encierro noble, pero flojo del Puerto de San Lorenzo. Sólo un toro, el último, cumplió con las expectativas de tan señero hierro. Por el contrario, la terna (con matices) demostró que tienen hambre de triunfos y que, con la que está cayendo, ninguna oportunidad puede ser desaprovechada.


Al final, Rubén Pinar fue el único que logró un trofeo. Posiblemente sus compañeros lo habrían conseguido también, pero la espada se cruzó en sus caminos. El manchego sí mató al sexto (tras un pinchazo) y eso le valió una oreja. El que cerró plaza fue un animal largo, grande, alto, pero al que le faltaba remate. Con la cara ligeramente gacha, su apariencia no era la más atractiva del mundo. Sin embargo, la fachada no se correspondió con el interior. El del Puerto empujó en el caballo, es verdad que con un pitón, pero llegó a romanear por momentos y salió indemne del fuerte castigo al que se le sometió. En la muleta el animal sacó las mismas virtudes que sus hermanos (nobleza y buena condición), pero con la (gran) diferencia de que este sí tuvo la casta y el motor necesarios como para transmitir al tendido. Fue un buen toro, pero de ahí a merecer la vuelta al ruedo en el arrastre como entendió el señor presidente...hay un trecho. Ante el buen astado de la divisa salmantina, el manchego Rubén Pinar puso toda la voluntad del mundo en un trasteo recibido con bastante entusiasmo por los tendidos, pero en el que no llegó a cruzar esa delgada línea que separa el triunfo de la gloria. 

Es decir, Pinar anduvo con oficio, con suficiencia delante de su oponente y logró series limpias y ligadas, pero no llegó a firmar una obra para el recuerdo cargada de momentos notables o sobresalientes. Casi siempre los muletazos fueron de abajo a arriba, y no al revés como mandan los cánones, y además se mostró perfilero y ejecutó un toreo, casi siempre, de líneas. Tiró de pico, sobre todo en los primeros compases de la faena, hasta que finalmente se acopló con el toro y éste asentó su embestida. Una oreja fue el premio definitivo, aunque si hubiera matado a la primera y el animal hubiera caído rodado, la segunda no habría quedado lejos. En su primero, sencillamente, no tuvo opción. El que hizo tercero fue un toro tan noble como flojo. Simplemente inválido. Debió de ser devuelto, pero el mismo presidente que sacó rápidamente el pañuelo azul en el sexto, no creyó conveniente asomar el verde en este. Voluntad de Pinar en una labor demasiado larga que no caló en ningún momento.

Los momentos más intensos y lucidos de la tarde llegaron, sin embargo, en el quinto. Joselito Adame, que se presentaba como matador en Albacete, volvió a demostrar que es un torero a tener en cuenta y que se había ganado con creces pisar por fin el albero albaceteño. Gustó en su presentación como lo hizo en junio en su paso por Las Ventas en dos actuaciones que le han valido poco, pero que al menos le abrieron las puertas de esta feria septembrina. Adame, que intervino en quites en ambos turnos, anduvo fácil y muy dispuesto toda la tarde, logrando compases de gran interés sobre todo en ese segundo de su lote al que, por momentos, toreó desmayado y encajado. Ese quinto fue un sobrero de Alcurrucén, muy sospechoso por delante (sobre todo del pitón izquierdo), que acabó sacando un buen pitón derecho. Sobre esa mano llegaron algunos muletazos templados y de mano baja, unas veces retrasando la pierna contraria en exceso, y otras mejor colocado y ofreciendo los frentes y todas las ventajas al enemigo. Si hubiera matado bien habría tocado pelo, pero se le fue la mano y dejó un auténtico bajonazo. Y también se le fue la mano en su primero, un toro noble y que tuvo buena condición, pero las fuerzas y la transmisión muy justas.

Y abriendo cartel (y feria) actuó Alberto Aguilar que también hizo el paseíllo desmonterado. Por fin este dignísimo matador se veía anunciado en Albacete. Y Aguilar no decepcionó a aquellos que aún creemos en el toreo puro y de verdad, el auténtico. Alberto se colocó casi siempre en el sitio y adelantó la pierna que torea cargando la suerte. Además, hilvanó dos trasteos muy limpios en los que hizo todo lo posible por agradar, pero en el que no lo tuvo fácil. En su primero logró muletazos que conectaron con el tendido, pero el repetido fallo con el acero dejó todo en silencio. El cuarto, otro inválido que también debió escuchar el sonido de los cencerros de los cabestros, volvió a dejarle sin una sola palma. Se marchó contrariado Aguilar, aunque algunos valoraron y reconocen el esfuerzo y el concepto del toreo que atesora.

1a abono de la Feria de Albacete. Con casi tres cuartos de entrada en los tendidos, se lidiaron 5 toros de El Puerto de San Lorenzo, correctos de presentación, aunque desiguales de hechuras, de noble pero flojo comportamiento en general, y 1 (5o bis) de Alcurrucén, justo de presencia por delante aunque con cuajo, que tuvo buen pitón derecho. Destacó el buen 6o, premiado excesivamente con vuelta al ruedo en el arrastre.

Alberto Aguilar: silencio tras aviso y silencio
Joselito Adame: silencio y ovación con saludos
Rubén Pinar: silencio y oreja tras aviso

martes, 3 de septiembre de 2013

Crónica Corrida de toros en Daimiel

ALBERTO AGUILAR CRECE; ADOLFO SE MANTIENE; Y UNA PROMESA…EMERGE


Entretenida tarde en Daimiel con un encierro interesante y noble de Adolfo Martín al que le faltó más fondo. De la terna sobresale Alberto Aguilar, mientras que el novillero sin caballos Carlos Aranda es la gran sorpresa.

¿Qué sería de los meses de verano sin las habituales escapadas o aventuras taurinas a las distintas plazas de nuestra geografía que dan toros en estos calurosos días de la época estival? La temporada taurina española encara su recta final con la llegada de septiembre, el mes más taurino del año, y los aficionados aprovechan el gran número de localidades que celebran festejos taurómacos para continuar cultivando la semilla de la afición. Una semilla, por otro lado, que en vez de ser cuidada y regada cada día por los miembros del sector taurino, es rociada con pesticida día sí, día también. Y es que, pese al gran número de festejos que se celebran estos días, pocos son los realmente interesantes de cara a ese aficionado exigente que busca la emoción, por encima de la diversión, en una plaza de toros. Por este motivo, se agradece la apuesta de empresas como las de Daimiel (Ciudad Real) que, en mitad de la Mancha, programaron una corrida de toros mixta en la que el principal reclamo era la ganadería a lidiar. Los cárdenos de Adolfo Martín fueron los elegidos para atraer a aficionados, no sólo de la región, sino también de otras partes de España. Y, al final, entre toros y toreros, no se llegó a lograr un espectáculo inolvidable, pero sí uno que mantuvo el interés.

La primera buena noticia fue la entrada. Para los tiempos que corren, la más de media plaza (cerca de tres cuartos) que se cubrió…no está nada mal. Por otro lado, el encierro enviado a Daimiel por Adolfo Martín cumplió a medias las expectativas de todos los que nos desplazamos a verlo. La corrida del ganadero de Galapagar estuvo bien, aunque desigualmente presentada. De hechuras fue bastante pareja, muy bajita, pero variaron las caras y encornaduras de los “albaserradas” de Adolfo. Por ejemplo, el que abrió plaza fue uno de los más serios y ofensivos por delante con una cara muy abierta. El quinto, muy cuajado y con remate por todas partes, fue el de mayor trapío. Todo un “tío” un animal muy en el tipo de la casa y que por sus astifinas y descaradas defensas habría valido para muchas plazas de primera categoría. En cuanto al juego, hubo de todo, aunque prevaleció la nobleza por encima de todo. Muchos esperábamos una corrida más encastada y fiera, pero, manteniendo la exigencia, los “adolfos” derrocharon nobleza de sobra para garantizar el triunfo de sus matadores. En el caballo la mayoría cumplieron en el primer encuentro, pero varios a los que se puso en suerte en más de una ocasión, terminaron desistiendo de la pelea en el peto. No hubo ninguno realmente complicado, ninguna de las conocidas como “alimañas”, pero tampoco ningún astado de comportamiento borreguil (a Dios gracias…).

Alberto Aguilar fue el que protagonizó los mejores momentos de la terna. El madrileño pudo haber salido a hombros, pero tuvo que conformarse con una oreja debido a sus repetidos fallos con la espada en su primero. El tercero, un animal muy bajo y corto de manos, de bella y seria estampa, empujó en el primer puyazo, pero dio muestras de que no le sobraban las fuerzas. Ya en el trasteo de Aguilar, el de Adolfo acudió con prontitud y nobleza, demostrando buena condición. Con un punto más de casta, de carbón, habría sido un gran toro. Alberto, que ya había toreado con templanza a la verónica, empezó su labor acoplándose poco a poco a la embestida de su enemigo. Cuando lo consiguió y pudo, se encajó y colocó en el sitio, corriendo la mano con templanza y relajo. La faena tuvo sus puntos álgidos al comienzo y al final, con muletazos en redondo de bella factura y pureza y algunos detalles por bajo de gran calidad. Tenía una oreja de peso cortada, pero pinchó en repetidas ocasiones quedando el resultado en una ovación. Ante el séptimo, otro astado de buena condición, pero también algo soso, instrumentó un trasteo intermitente en el que sobresalió toreando al natural sobre el pitón izquierdo. Esta vez, aunque el espadazo no cayó arriba, el acero si entró a la primera y eso animó a que el público pidiera una oreja que fue concedida por el presidente.

Por su parte, Javier Castaño, con el peor lote, tuvo una actuación en la que hubo virtudes y carencias. Una vez más, el mal uso de la espada emborronó los puntos positivos de su tarde. Un serio problema tiene Castaño con la suerte suprema ya que más allá de los pinchazos, se adivina falta de confianza al entrar a matar y ejecutar la suerte. Los mejores momentos del salmantino llegaron en su segundo. El quinto, el más discreto por delante, fue un ejemplar que recordó en comportamiento al toro mexicano. Noble, demasiado noble y venido a menos el cinqueño de Adolfo que embistió casi al paso. Javier Castaño lo entendió bien y para provocarle la arrancada, anduvo muy cerca de los pitones, intentando alargar con el brazo la acometida del animal. Hubo muletazos de gran templanza, pero faltó (una vez más) bajar más la mano y rematar los muletazos más por abajo. La técnica y conocimiento que demostró, junto a la mucha voluntad que derrochó, le valieron una oreja. Ante el primero, el más complicado y suelto del lote de Adolfo, fue más difícil el lucimiento.

Completaba la terna de matadores el local Luis Miguel Vázquez. Y tuvo suerte este ya veterano torero de que la de Adolfo saliera “pacífica”. Ya con el capote en el segundo evidenció lo que después marcaría toda su tarde: la falta de oficio. A pesar de la nobleza del primero de su lote, Vázquez se mostró desbordado y los muletazos limpios y decentes fueron muy escasos. Al sexto, que era un pedazo toro, le pegaron mal y fuerte en el caballo para intentar frenar sus primeras y encastadas acometidas. Empujó en la primera vara, aunque en las restantes cantó la gallina. Y, al igual que ante el del castoreño, en el tercio final se acabó aburriendo. Eso sí, hay que tener en cuenta que si este encaste necesita que se le enganche adelante y se le lleve tapado y cosido a la franela, Luis Miguel Vázquez lo único que pudo hacer fue dejar pasar al toro con la muleta siempre excesivamente retrasada. A pesar del nulo brillo de su labor, el cariño del público se acabó imponiendo permitiendo que el usía concediera un apéndice que después no quiso pasear.

Pero la gran sorpresa de la jornada fue la actuación de un joven novillero sin caballos llamado Carlos Aranda. El chaval, que completaba el cartel para estoquear dos erales de El Cotillo, convenció a todos con un recital de frescura y buen toreo. Con tan sólo diecisiete años, Aranda ya muestra unas condiciones sólo al alcance de los elegidos. Además de un valor auténtico, sorprendió a todos con una seguridad, oficio y capacidad sobresalientes. Relajado toda la tarde, demostró que le funciona muy bien la cabeza delante del toro y que no es un pegapases más, que tiene personalidad y quiere ser alguien en esta profesión. Al contrario que la mayoría de novilleros que empiezan hoy, el manchego quiere hacer las cosas por el buen camino, con las mínimas ventajas posibles. En ambas faenas hubo muletazos templadísimos, de mano baja, y armonía en la figura. Además, tiene gusto y en muchos de los compases de su actuación dejó la pierna adelantada, colocado perfectamente, encajado de riñones y cargando la suerte. Y para rematar series y labores, no tiró de lo de siempre y nos deleitó con detalles de mucha torería. Hasta sus andares son toreros. En el primero obtuvo dos orejas rotundas porque se tiró encima y logró una gran estocada. Y en su segundo, el octavo, también paseó el doble trofeo pero en este se le fue la mano. Lo dicho, apunten este nombre porque si sigue así, dará que hablar: Carlos Aranda.

Plaza de toros de Daimiel (Ciudad Real). Con más de media plaza, se lidiaron 6 toros de Adolfo Martín, bien aunque desigualmente presentados y de noble juego en general, y 2 erales de El Cotillo (4º y 8º), el primero bien presentado y de buen juego, y el segundo escurrido de carnes y justo de fuerzas.

Javier Castaño: palmas y oreja
Luis Miguel Vázquez: silencio y oreja
Alberto Aguilar: saludos y oreja
Carlos Aranda (novillero sin picadores): dos orejas en ambos

jueves, 6 de junio de 2013

Artículo Corrida de la Beneficencia

“EL ARRASTRE SE ACELERA”
Hace ya algún tiempo, un ganadero y buen aficionado de siempre, me dijo (con mucha contundencia) lo siguiente: “Alejandro, a la fiesta ya le han dado la puntilla y lo único que falta por saber es cuánto durará su arrastre”. Después de tardes como las de hoy en Madrid, tengo claro que las mulillas están actuando con celeridad. Esta tarde en Las Ventas estaba programado aquel festejo que antaño tenía la fama de ser el más importante de la temporada. En su momento lo era, no sólo porque la máxima autoridad del país lo presidía desde el Palco Real, sino porque en él se daban cita los mejores toreros del momento, junto a la mejor ganadería del mismo. La Corrida de la Beneficencia era sinónimo de cartel de lujo y de garantía para el aficionado. La plaza de Las Ventas, además, se engalanaba para tan señalado día. En la actualidad este festejo recuerda a aquellos que se celebraban hace décadas sólo por el nombre. Nombre, por cierto, que podría ser revisado porque ya no tiene mucho sentido. ¿A beneficio de quién se organiza la tradicional Corrida de la Beneficencia? Antes el carácter benéfico de este festejo era real, ahora, como digo, tan sólo tiene de benéfico el nombre. Aunque, pensándolo bien, sigue beneficiando a unos cuantos, claro que éstos no son un colectivo que lo necesite precisamente. Los que se benefician de este espectáculo no son otros que los mismos que lo organizan y gestionan: los taurinos. La Comunidad de Madrid y la empresa de Las Ventas, ellos son los que siguen hinchando sus ya de por sí nutridos bolsillos.

Pero dejando a un lado estas observaciones, esta tarde en Madrid volvimos a comprobar como la desvergüenza de estos individuos que controlan el podrido sistema taurino actual no tiene límites. Un día más, nos volvieron a estafar. Antaño, esto habría provocado mucho más que protestas. Probablemente, el coso de la capital habría sido testigo de algún altercado del orden público provocado por aquellos aficionados indignados por tan magnífica tomadura de pelo. Pero los tiempos han cambiado y mucho, y al final tan sólo un par de pancartas en el tendido 7 (por cierto, muy lights) recordaban que la corrida ya venía lastrada desde por la mañana. O, mejor dicho, desde hace días. Hoy, Madrid volvió a dar muestras de ser una plaza más, una de tantas que acuden en “masa” a ver a las figuritas con su torito. Benidorm o Marbella (por citar dos localidades turísticas y populares) podrían considerarse de primerísima categoría en comparación con esa que llaman la primera plaza del mundo. Todos bien vestidos, con el gintonic en una mano, y el puro en la otra, el público del clavel volvió al coso de la calle de Alcalá como a casa por Navidad. Hoy no actuaban los modestos, esos que no tienen caché ni son famosos, hoy regresaban las figuritas, las que cortan el bacalao. Y, además, uno de los matadores anunciados era, nada más y nada menos, que Morante de la Puebla. Sí, ese torero que salda sus ferias con una media verónica o un trincherazo, sí ese. El mismo que la lía todos los años en los corrales por sus exigencias con el ganado que desea estoquear. Con lo que cobra, con lo que impone, y con lo que después hace en el ruedo…normal que venga a Madrid dos, tres y cuatro tardes, lógico. Lo que no entiendo es como sus compañeros de gremio (al de las figuras me refiero) no hacen lo mismo. Se anuncian con lo que quieren y con quién quieren, imponen su medio-toro, cobran cantidades ingentes de dinero, ya casi nadie les protesta…lo raro es que no se peguen tortas por venir. El caso es que Morante, junto a su apoderado, fue uno de los culpables de que la corrida de Valdefresno inicialmente reseñada no fuera lidiada, y que el encierro salmantino tuviera que ser remendado. Él fue uno de los responsables, pero no el único. El otro implicado, aunque por distinto motivo, fue la empresa. Taurodelta, con Matilla al frente, intentó liquidar a los ganaderos de una forma “inapropiada” y al final presionó para que los veterinarios y la autoridad no reconocieran más animales de Nicolás Fraile. Todo esto es un resumen brevísimo del escándalo que se desarrolló en las horas previas a que sonaran clarines y timbales. Lo suyo habría sido que todo el mundo hubiera expresado su enfado y desaprobación gritando a los cuatro vientos que las figuritas y empresarios como los que forman Taurodelta están acabando, a marchas forzadas, con la fiesta de los toros. Pero no hombre no, ¿cómo vamos a pegar cuatro gritos, a tocar las palmas de tango, y a pitar un poquito? No, por Dios, eso no es elegante. Es más elegante que, después de que casi nos roben la cartera delante de nuestras narices, nos partamos las palmas de las manos aplaudiendo. Y todo esto fue el aperitivo, los preámbulos, porque luego llegó el festejo en sí, uno más de tantos en los que la casta y la bravura brillan por su ausencia, así como la pureza y el compromiso entre las labores de los diestros actuantes. Una tarde más en la que la emoción, aquella que debería ser omnipotente y omnipresente, no hizo acto de presencia. Pero los del clavel se fueron a casa contentos porque habían visto a famosillos, políticos e infantas, y los cuatro aficionados que quedan, una vez más, resignados y cabreados ante estafas como esta. El ambiente estuvo marcado por un irrespirable taurineo y politiqueo.

Tras la Beneficencia de este año tengo aún más claro que, ese ganadero y aficionado que me comentó lo que escribía en las primeras líneas de este artículo, llevaba razón. Este espectáculo está tan sumamente corrompido y podrido que no tiene la más mínima esperanza de salvación. Por muchas leyes que promulguen para protegernos, y aunque todos los antitaurinos del mundo desaparecieran de un plumazo, mientras la Tauromaquia siga dominada por estos buitres carroñeros, la fiesta de los toros no tendrá futuro. Lo dicho, el arrastre…se acelera.

Foto: Javier Arroyo

viernes, 31 de mayo de 2013

Crónica 22ª Feria de San Isidro

"REGRESO AL MUNDO DE LOS MANSOS"

La corrida de Samuel Flores, muy mal presentada, resulta otra mansada sin casta. Los toros y el viento, elementos a la contra en una tarde de voluntad de Rubén Pinar y Pérez Mota. Petardo de Antón Cortés.


Del buen y alentador sueño de la corrida de Adolfo de ayer, hoy volvimos a despertar para entrar de nuevo en la pesadilla. La pesadilla de la mansedumbre, la de los toros que en vez de luchar, huyen. Y también la pesadilla de la falta de casta, de los animales mal presentados e indignos en una plaza como Madrid... Todo el mundo seguía hablando de los "adolfos" que, con sus cosas, al menos devolvieron la ilusión y la emoción por momentos. Pero hoy, en la vigésimo segunda del abono isidril, Don Samuel Flores nos devolvió al letargo. Aunque, más que Samuel, los culpables de este nuevo petardo son los señores empresarios. La siempre gentil Taurodelta eligió el hierro de Samuel Flores como uno de los afortunados para saltar al ruedo en San Isidro. Con decenas de divisas aptas para poder escoger, los gestores de Las Ventas volvieron a llamar a una ganadería que lleva fracasando en Madrid años, por no decir décadas. Y es que, lo peor de todo, es que este era un petardo absolutamente previsible. La vacada de Samuel Flores está hundida por la consanguinidad y la mala selección desde hace mucho, pero en cambio, sus buenas relaciones sociales pesan más que la casta y la bravura. Para esta corrida, precisamente, había un encierro cinqueño de Dolores Aguirre reseñado. En un principio se iba a lidiar en marzo, en alguno de los festejos de Semana Santa. Al final, Taurodelta les dijo a los ganaderos que no, que se anunciaría en San Isidro. Así estaban las cosas hasta que, a última hora, Dolores Aguirre se cayó del elenco ganadero y fue sustituida por Samuel Flores. ¿Nos lo pueden explicar? Y el colmo de los colmos es que, encima, Don Samuel, visto lo que esta tarde salió por chiqueros, no tenía una corrida propia de Madrid. En definitiva, que luego no nos quejemos de los desastrosos resultados.

A la postre, el primero fue el ejemplar de mayores opciones del sexteto. Aunque, claro, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Serio por delante, con unos pitones tocaditos y ligeramente corniabrochados, por detrás (como el resto de la corrida) no tenía remate. Este, al menos, no fue una sardina como alguno de sus hermanos. Y el que abrió la corrida cantó rápido su condición, esa misma que después sería la tónica general: la mansedumbre. Manso y suelto en los primeros tercios, a la muleta llegó con cierta transmisión. Tras la ceremonia de la confirmación de alternativa, Pérez Mota hilvanó una faena con altibajos en la que faltó bajar más la mano y llevar toreado y enganchado a su enemigo. Muy voluntarioso, logró una estimable y templada serie con la diestra. El animal, que en todo momento intentó rajarse y tirar la toalla, metió la cabeza por el pitón derecho. Al final, la voluntad quedó por encima del lucimiento y tras fallar con la espada, todo quedó en silencio. Lo del quinto, por su parte, merece un capítulo aparte. Cuando apareció entre la penumbra de toriles el astado que completaba el lote del gaditano, por más que pasaran los segundos, lo único que se divisaba eran pitones y más pitones. Muy serio por delante, sí, pero eso no es un toro de lidia. El de Samuel era una mezcla de buey y de ciervo. Quizás, alguno de los que pastan junto a los toros en su finca y que hacen las delicias de los aficionados a la caza, se escapó y cubrió alguna de las vacas. Si no es así, no encuentro otra explicación. Algunos aplaudieron de salida (y en el arrastre) al bicho, aunque esos mismos no se percataron de que todo lo que tenía de cuerna, no lo tenía de cuajo. Una sardina escurrida y sin remate, ni más ni menos, es lo que era. Y aquí no sólo las culpas deben ir a parar al ganadero, sino también a los veterinarios y el presidente. ¿Cómo se les ocurrió aprobar semejante cornúpeto? El caso es que el “samulo” fue un manso como los demás. Es verdad que en el último tercio, de vez en cuando, metió la cara pareciendo que embestía, pero...no nos podemos conformar con tan poco. Pérez Mota lo volvió a intentar con voluntad y en este turno bajó más la mano consiguiendo algún muletazo que fue acogido vehementemente por los tendidos. Eso sí, cuando le tocó la tela o le subió la muleta, el animal pegó varios derrotes muy violentos. Y si en el otro falló en la suerte suprema, a este lo mató de una gran estocada que, pese a la ligera travesía en la colocación, fue ejecutada brillantemente.

Rubén Pinar fue el más destacado de entre los de a pie. También era fácil. El albaceteño destacó en su primero, un interesante pero complicado sobrero de Aurelio Hernando que saltó a la arena en sustitución de un bichejo impresentable e inválido de la ganadería titular. El ofensivo ejemplar de Aurelio Hernando, jabonero sucio de capa, empujó con los riñones en el caballo, aunque en el segundo puyazo acabó saliendo suelto. Cumplió en el primer tercio, pero a partir de entonces comenzó a agriarse. En el comienzo del trasteo de su matador, ignorando el toque de la muleta de Pinar, el toro le cogió en una fea voltereta y después lo buscó con saña en el suelo. El de Tobarra no se afligió y se volvió a poner demostrando oficio y profesionalidad. Su oponente no fue fácil, ya que no terminaba de humillar e iba midiendo, pero al menos su movilidad decía algo, tenía interés. Rubén Pinar consiguió algunos muletazos limpios y después lo mató de una buena estocada. Y si en el tercero bis pudo al menos demostrar capacidad y valor, en el sexto lo único que hizo fue correr y perseguir a una res mansa y huidiza. Por más que intentó sujetarlo, el lucimiento fue imposible ya que en el segundo muletazo el de Samuel salía de najas.

Y si sus compañeros por lo menos intentaron el esfuerzo por encima de los elementos (ganado y viento), Antón Cortés no hizo ni eso. Sin actitud, sus dos labores carecieron del más mínimo compromiso. Siempre citando con el pico y despidiendo las embestidas hacia fuera, no se quedó quieto ni un momento, ni tampoco bajó la mano una sola vez. El segundo, su primero, fue un feo animal deslucido que siempre embistió con la cara a media altura. A este, Cortés se lo quitó de en medio con un bajonazo infame. También “habilidoso” estuvo para despachar al descastado cuarto, que además era mirón y medía. Como balance a su “destacada” actuación escuchó pitos en ambos capítulos.

22ª abono Feria de San Isidro. Con más de tres cuartos, se lidiaron 5 toros de Samuel Flores (el 2º con el hierro de Manuela Agustina López Flores), cornalones y serios por delante, pero mal presentados por sus escurridas hechuras y su escaso remate por detrás, de manso y descastado juego en general, y 1 (3º bis) de Aurelio Hernando, correctamente presentado y complicado.

Antón Cortés: pitos en ambos
Pérez Mota (que confirmaba alternativa): silencio tras aviso y saludos tras aviso
Rubén Pinar: saludos tras aviso y silencio

Crónica 21ª Feria de San Isidro

"UN ESPECTÁCULO"

La interesante corrida de Adolfo Martín, que sortea dos notables astados, y la actuación de la terna, protagonizan una buena tarde de toros. Oreja para Ferrera y la plaza en pie para reconocer a la cuadrilla de Javier Castaño.


Hoy, tras tardes y tardes de aburrimiento y sopor, todos los que salieron de la plaza de Las Ventas lo hicimos con una sonrisa. El entretenimiento y, por momentos, la emoción volvieron a Madrid. Y los culpables del relativo éxito fueron tanto el ganadero, como los toreros (de oro y de plata). No fue una gran corrida, no, pero el público mantuvo la atención durante las más de dos horas que duró el festejo. Eso, precisamente eso, fue el mayor triunfo de la vigésimo primera de abono. Tras corridas infumables por su mansedumbre y falta de casta, Adolfo Martín trajo algo de esto último y el espectáculo fue posible. Mil matices le podremos sacar al encierro de hoy, algo imposible en días anteriores en los que, por más que rebuscaras, no podías extraer nada bueno. Es verdad que siempre se espera más de esta ganadería con un palmarés envidiable en no muchos años de historia, e incluso más dureza, pero al menos hubo variedad, interés, y dos toros de nota. El cuarto "Baratillo" y el que cerró plaza, "Marinero", ambos cornipasos y de imponente y preciosa estampa, ofrecieron espectáculo en varas (en distintas dosis y con matices) y luego muchas embestidas para el triunfo. Y delante de ellos, dos matadores que protagonizaron una de sus mejores tardes en Madrid: Antonio Ferrera y Javier Castaño. Ambos, también con matices a desarrollar, anduvieron a muy buen nivel. El menos afortunado en el sorteo fue Alberto Aguilar, que con el peor lote se justificó a base de voluntad y valor. La plaza se llenó y el público se divirtió, ¿qué más se puede pedir visto lo visto? Y, además, el divertimento no fue fácil ni verbenero, estuvo sostenido en todo momento por la verdad y la emoción que da la casta, y el compromiso y entrega del que se viste de luces.

Antonio Ferrera cortó la única oreja de la tarde, en una labor en la que al final contó más el conjunto que el trasteo en sí. Fue ante el cuarto, un toro de impresionante trapío. Cornipaso, enseñando las palas, recordó a aquellos “victorinos” de hace décadas, incluso al toro antiguo. Aunque pesaba “solo” 517 kilos, el de Adolfo era un “tío”, absolutamente cuajado y con remate por todas partes. Y cuando empezó a embestir al capote de Ferrera, el espectáculo comenzó. Qué forma de querer coger las telas, haciendo el avión, pero todo ello con intensidad, emoción…casta. Cuando sonaron los clarines para invitar a salir a los del castoreño, run run en la plaza ante las esperanzadoras y emocionantes primeras arrancadas de “Baratillo”, una reata, por cierto, de las más importantes, no sólo en esta ganadería, sino también en la de Victorino Martín. Y “Baratillo”, en cuanto vio el caballo, se fue a por él. Y tanto empujó, que lo derribó. El tercio de varas iba camino de ser un auténtico acontecimiento, pero el ejemplar de Adolfo ya se resistió más a regresar al peto. Le colocó su matador varias veces en suerte (una de ellas en el mismísimo centro del ruedo), pero el astado tardeó y comenzó a escarbar. Al final, ya más cerrado, aunque a una distancia considerable, se arrancó y volvió a empujar. No habría estado de más verlo en una tercera vara, pero así es la Tauromaquia de hoy… El tercio de banderillas llevó, como de costumbre, la firma del propio Ferrera. Muy torero en todo momento, fue un buen segundo tercio en el que él mismo colocó a su enemigo, clavó los palos en distintas suertes (cuarteando, de dentro afuera o al quiebro), y casi siempre colocó los rehiletes en la cara y no a toro pasado. Lo malo fue que este tercio se eternizó y las pausas que surgieron en él acabaron castigando en exceso al toro. Encastado ante todo fue “Baratillo”, animal que a pesar de ello tuvo nobleza y quiso coger la muleta siempre por abajo, como los bravos. Se desplazó con mucha transmisión en los primeros muletazos, aunque después se empezó a apagar. La larga lidia a la que fue sometido, los puyazos, y el encimismo de Ferrera terminaron por ahogar a un astado que pedía algo más de distancia. El extremeño logró muletazos de estimable templanza, aunque la faena no terminó de romper. A pesar de ello, la capacidad e inteligencia lidiadora que demostró durante toda la tarde tuvieron su recompensa en forma de una oreja bastante protestada y muy justita. La estocada, ligeramente atravesada, fue ejecutada de forma perfecta, realizando Antonio Ferrera la suerte suprema a tres tiempos. El que abrió plaza, el de mayor tamaño de la corrida, fue también aplaudido de salida. Derribó al caballo que guardaba la puerta demostrando bravura al empujar con los riñones, y con la cara fija y abajo. En el segundo puyazo también cumplió. Pero tras el primer tercio, la intensidad bajó mucho. Este primero fue una de las dos reses que tuvieron la fuerza en el límite, llegando a doblar las manos en alguna ocasión. Fue noble, demasiado noble un animal al que le faltó, además de fortaleza, más carbón y casta. La faena de Ferrera, que antes había puesto al público en pie con las banderillas, tuvo también templanza y en ella hubo muletazos estimables, pero faltó más transmisión por parte del toro. Tras un arrimón y una buena estocada, saludó una ovación.

Una oreja tenía cortada Javier Castaño en el sexto pero, una vez más, la espada se cruzó en su camino. Castaño mató su segundo en último lugar porque tuvo que pasar a la enfermería tras estoquear al segundo de la tarde. Tras sufrir un pitonazo, tuvo que salir con su mano derecha vendada para poder lidiar y estoquear al que había sido enchiquerado como quinto. “Marinero” se llamaba, un precioso ejemplar cárdeno claro de capa, muy cornipaso, y de preciosa y muy seria lámina. En una palabra: trapío. Cuando apareció por la puerta de chiqueros fue fuertemente ovacionado, con el tendido 7 en pie. Y también ovación “escuchó” ya muerto cuando era arrastrado por las mulillas. Este “Marinero” fue el otro toro de la tarde. Bravo en el tercio de varas, se arrancó de lejos en tres puyazos que fueron ejecutados magistralmente por el gran Tito Sandoval. Tito dio una lección de cómo se debe mover el caballo con naturalidad, pero autoridad, y como se debe echar el palo dando antes los pechos del caballo. “Marinero” se arrancó con alegría (aunque después no terminó de empujar con convicción en el peto) y la plaza se puso en pie. De nuevo, después de mucho tiempo, Las Ventas volvía a ovacionar de pie a un toro y a un picador en un momento mágico, cargado de emoción. Pero aquí no terminó todo, ya que a continuación salió en escena el resto de la cuadrilla de Castaño. David Adalid y Fernando Sánchez nos deleitaron con un sensacional tercio de banderillas. Ambos dieron todas las ventajas al toro, fueron andando a la cara, sacaron los palos de abajo, y clavaron con absoluta pureza asomándose al balcón. Los dos se desmonteraron al igual que en el segundo de la tarde. Por fin, variedad, entretenimiento total, y el resto de tercios al margen del de muleta, también protagonistas. Tras el maremoto de Tito y de dos de sus hombres de plata, Javier Castaño comenzó la faena de muleta. Con la montera calada en un gesto de torero añejo, el salmantino firmó un fantástico inicio cargado de templanza y torería. Al de Adolfo, por su parte, sólo le faltó un punto más de transmisión y picante para que hubiera sido el toro perfecto. Humilló mucho, tuvo recorrido, calidad…todas las virtudes del encaste Albaserrada-Saltillo. Y todo con su punto de casta, con nobleza pero sin ser tonto y dotando de importancia todo lo que su matador realizaba. Éste firmó un trasteo con altibajos en el que, por momentos, faltó bajar más la mano y no rematar los muletazos hacia arriba. Pero igual que hubo puntos a mejorar, Castaño logró naturales realmente sobresalientes, ejecutados con pureza, muy bien colocado. Se la jugó porque, pese a su manifiesta bondad, el toro no perdonaba y sabía lo que se quedaba atrás. Tenía el trofeo, pero pinchó en una ocasión y dejó una estocada muy tendida después. Quizás, la herida de la mano influyó en el poco acierto estoqueador. Como premio, dio una vuelta al ruedo clamorosa. Y “Marinero”, al igual que “Baratillo”, fue ovacionado en el arrastre. El primero del lote de Castaño no fue, ni de lejos, como su segundo. El animal, el único que bajaba en presentación del sexteto, no hizo nada reseñable en el caballo y después demostró falta de casta y movilidad en el último tercio. El primer muletazo se lo tragaba, pero en el segundo pegaba un hachazo de enorme violencia. Castaño se intentó justificar poniéndose en el sitio y con la muleta a media altura, pero el lucimiento se tornó imposible. Aquí también estuvo mal con la espada.

Y si sus compañeros se llevaron cada uno un toro bueno, menos fortuna tuvo el sustituto del herido Iván Fandiño. En su cuarto paseíllo en Madrid durante este mes, Alberto Aguilar tan sólo pudo dejar constancia de su valor y de voluntad. Posee un buen concepto del toreo que ya ha demostrado, pero hoy quedó inédito y casi no tuvo opción. El tercero, noble y de buena condición, anduvo también muy justo de fuerzas y falto de chispa. Aguilar extrajo en este turno algunos naturales largos y templados, pero fueron muy contados y la ligazón no fue posible. Ante el quinto (que debió salir en sexto lugar) tuvo las cosas más difíciles. Este de Adolfo fue el que más se pareció a las llamadas alimañas. Más complicado, áspero y agrio, estuvo desde salida muy agarrado al piso y no tuvo continuidad en la embestida.

21ª abono Feria de San Isidro. Las Ventas. Con lleno en los tendidos, se lidiaron 6 toros de Adolfo Martín, muy bien presentados (salvo el 2º), serios y rematados, pero muy en el tipo de la casa, y de juego desigual. Destacaron 4º y 6º, bastante bravos en varas y luego de buen juego en la muleta, más encastado el primero y más con más calidad el que cerró plaza. 1º y 3º nobles pero flojos; 5º complicado.

Antonio Ferrera: saludos tras leve petición y orejas con algunas protestas
Javier Castaño: silencio y vuelta al ruedo
Alberto Aguilar: saludos y silencio tras aviso