domingo, 10 de marzo de 2013

9ª Feria de Albacete 2012

CIERTA DECEPCIÓN EN UN DIGNO MANO A MANO MARCADO POR LA CASTA

Corrida encastada, complicada e interesante de Adolfo Martín, aunque no tan completa como se esperaba. Variado encierro que no se lo puso fácil a dos toreros que se justificaron con dignidad. Sergio Serrano, única oreja.


La realidad del noveno festejo de la Feria de Albacete fue que nadie se aburrió. Al contrario que otras muchas tardes, el público que acudió a los tendidos del coso albaceteño no comió pipas ni estuvo de tertulia con el vecino de localidad. Y eso, señores, es lo que da la casta. Hoy en día es eso precisamente lo que escasea tarde tras tarde. La fiesta actual siempre es previsible, la fiesta de ayer, no. Y con esto no quiero decir que la de Adolfo Martín fuera una gran o buena corrida de toros. Para este modesto crítico, el encierro del ganadero madrileño tuvo virtudes, pero también defectos. La principal virtud, como ya he dicho, la casta. Casta en distintos grados y desarrollada en diferentes comportamientos. Algunos, bravos en varas, otros más mansitos. En definitiva, un encierro variado que mantuvo en vilo a los aficionados y, también, a los toreros. En otro tiempo esta corrida no habría provocado tanta división de opiniones ni comentarios enfrentados, pero, hoy en día, pocas veces se ven lidiar astados como estos. No terminó de romper ningún toro en el tercio final, todos tuvieron sus cosas, y muchos matices para hacerte reflexionar. Algunos “adolfos” demostraron bravura en varas y también algunos, sentido y peligro en las distintas fases de la lidia. En los tendidos también hubo división. Por un lado los que pensaban que la corrida había sido casi ilidiable y muy difícil, y otros que salieron plenamente satisfechos porque vieron emoción y poder en el ruedo. Yo diré que me hubiera gustado ver de nuevo el festejo para terminar de aclarar mis confusas ideas.

Javier Castaño y Sergio Serrano estaban anunciados en un prometedor mano a mano que hizo desplazarse a un gran número de aficionados de fuera de Albacete. Por delante un Castaño en una temporada inolvidable para él en la que se ha convertido en el torero revelación del escalafón. Después, el matador de la tierra que ha demostrado grandes condiciones y proyección en sus últimas actuaciones. Al final, ninguno consiguió el propósito final: abrir la puerta grande. Los dos anduvieron con dignidad y buena actitud, pero por unas cosas o por otras no terminaron de salir las cosas.

Serrano obtuvo una oreja del segundo, el primero de los tres que estoquearía. Este ejemplar de Adolfo Martín, bien presentado y serio como todos sus hermanos, fue a la postre uno de los mejores. Tuvo mucha casta y transmisión y otras virtudes que hicieron las delicias de los aficionados más “toristas”. También, a mi parecer, tuvo un pero este astado: que casi siempre salió con la cara alta al final de los muletazos. La actitud de su matador fue desde el primer minuto irreprochable. El público, consciente de la arriesgada apuesta del joven diestro, le sacó a saludar al final del paseíllo con una ovación que compartió con su compañero Javier Castaño. Intento mostrar variedad Sergio y sin ser una faena redonda, la que firmó ante “Sevillanito” fue muy meritoria. Hubo algún muletazos de muy buen trazo en los que Sergio se estiró y llevó enganchado al encastado animal. Algunos dirán que Serrano evidenció falta de oficio y que en momentos no entendió a su oponente, pero creo que todos somos conscientes de las poquísimas corridas que lleva a sus espaldas un espada que se apuntó a la de Adolfo para jugarse todo a cara o cruz. Se tiró a matar muy por derecho y dejó un estocadón que cayó ligeramente desprendido. Oreja para él y ovación para el toro. El cuarto, “Madroño” de nombre (un nombre que ha dado grandes alegrías a esta casa ganadera), también fue recibido con palmas de salida. Más estrecho de sienes este que apretó con fijeza y humillación en el único puyazo que se le administró. Destacó en banderillas Basilio Mansilla antes de que Sergio Serrano le metiera mano a otro ejemplar encastado y con interés pero que no terminó de romper en el tercio final. Humilló algo más pero tuvo menos chispa. Complicado fue también para el torero pues en ocasiones se quedaba en mitad del muletazo. Incómodo, Sergio Serrano lo intentó pero el trasteo no llegó a cuajar. Y el que cerró plaza desbordó fiereza desde que salió de chiqueros. “Comadrón” se llamaba y este toro, también de una buena familia en Victorino y Adolfo, lució gran seriedad por delante y un pitón izquierdo de terror. A porta gayola lo recibió Sergio Serrano. Venía a por todas y su actitud así lo ratificó. Fiero en varas el astado y en el tercio final tuvo tanta emoción como sentido. Se movió mucho pero con poco recorrido y fue desarrollando según pasaron los segundos. Se justificó el torero, aunque no pudo lograr el golpe que su apuesta merecía. A pesar de todo, resolvió la papeleta con dignidad y parte del respetable se lo reconoció.

A Castaño también se le esperaba, sobre todo teniendo en cuenta la racha de éxitos que estaba atravesando tanto en España como en Francia. Desgraciadamente esta racha no pudo continuar en Albacete. Los mejores momentos del salmantino llegaron en el mansito pero muy noble tercero. Este fue el “dulce” de la exigente corrida de Adolfo. A pesar de su nobleza, clase y buen son, también mostró una sosería que impidió mayor transmisión. Colocado en su sitio, Castaño logró muletazos, principalmente al natural, de gran templanza. Destacó una sensacional serie con la zurda en la que llevó al cinqueño de Adolfo a cámara lenta. Uno de los puntos negros de su actuación fue el uso de los aceros. No terminó de tirarse con convicción Javier y eso hizo que pinchara en más de una ocasión durante toda la tarde. Ovación en este tercero y silencio en los otros dos. El que abrió plaza fue toda una prenda. Muy peligroso y además deslucido porque nunca humilló. El quinto, que tomó tres puyazos de bravo con poder, después se vino a menos acusando la dura pelea en el peto. Muchas miradas al torero y poca continuidad y ritmo en la embestida. En ambos lo intentó un Castaño que se marchó cabizbajo de la plaza al igual que otros muchos que esperábamos un gran espectáculo protagonizado por el salmantino. Reconocer también los magníficos y puros pares que dejó en el primero David Adalid.

9ª de abono, Albacete. Con casi tres cuartos de entrada en los tendidos, se lidiaron 6 toros de Adolfo Martín, bien o muy bien presentados, de buenas y entipadas hechuras y serias cabezas. Encierro encastado, exigente y complicado, a excepción del mansito y noble tercero. Peligrosos 1º y 6º. Algunos, bravos en varas. Destacó el 2º, ovacionado en el arrastre.

Javier Castaño: silencio, ovación y silencio
Sergio Serrano: oreja, silencio y palmas

Foto: Víctor Zafrilla

8ª Feria de Albacete 2012

EL ANTITORO Y EL ANTITOREO, LOS INGREDIENTES PARA CREAR ANTITAURINOS

Infumable festejo marcado por la invalidez y el descaste de los astados de La Palmosilla. La terna tampoco levanta la tarde con actuaciones de nulo brillo artístico. La categoría de Albacete sigue bajando.


Para un crítico taurino es realmente complicado realizar una crónica de tardes como la de ayer. Describir lo que sucedió en el ruedo obliga a recordar un espectáculo de los que quitan la afición. Siempre se dice eso que la ignorancia da la felicidad, pues bien, el poder abstraerse y olvidarse de lo que toros y toreros ofrecieron y realizaron en la octava del abono manchego sí que sería una bendición. ¡Ay qué suerte tuvieron los que se lo perdieron! Y fueron más de uno y más de dos porque para tragarse este cartel había que tener mucho más que afición. Y es que lo que se vio en el ruedo del coso de la calle de La Feria fue precisamente lo que no se debería ver nunca: un encierro absolutamente inválido y descastado, y unos toreros que hicieron todo lo contrario que torear. Si un toro bravo debe ser aquel que imponga respeto, luche hasta el final, intente imponer su fuerza y poder, o venda cara su muerte, los de La Palmosilla fueron todo menos eso. ¡Qué forma de claudicar y derrumbarse!, ¡qué poca casta y bravura!, ¡cuánto aborregamiento! Pero claro, ilusos serán los que piensen que esto fue mala suerte o producto del azar. Este es un hierro más de tantos que pueblan el campo bravo de animales creados específicamente para el lucimiento y la comodidad del torero. Y es que, si al vino se le echa agua, al final no hay quien se beba semejante líquido. Y con el toro de lidia pasa exactamente igual. Si abusamos de la nobleza y la docilidad, al final, la casta es minúscula. Cuánto daño ha hecho ese término que inventó el difunto Juan Pedro Domecq: “el toro artista”…

A los (pocos) aficionados exigentes que quedan el cartel del último sábado de feria no había convencido desde el principio. Es más, muchos fueron los que denunciaron que el cartel en cuestión no era digno de Albacete. Lo que pasa es que eso de digno o indigno es muy relativo. Lo que no es tan relativo es lo que después sucedió en el ruedo. Eso, simplemente, es la realidad. Se lidió un encierro de ese legendario hierro llamado La Palmosilla para tres artistas en todo su esplendor. Por delante Juan José Padilla, todo un ejemplo de superación, pero por ello no mejor torero. Después, El Cid, matador respetado por la afición como pocos. Sí, respetado cuando se ponía en el centro de Las Ventas con la muleta en la mano izquierda y citaba a encastados y fieros “victorinos”. El Cid actual es otra historia. Y cerrando el rematadísimo cartel, El Fandi, excelso estoqueador cuya máxima facultad es correr durante el tercio de banderillas. La previa ya era de juzgado de guardia, lo que pasó después, de Tribunal Supremo. Cada uno mostró sus cartas, sus diferentes personalidades, y, además, en su máxima expresión. Imagínense. Incontables fueron los pases (por no utilizar un término más hiriente) y, a cada cual, peor. De los centenares de muletazos con los que nos deleitaron la terna de artistas, quizás, se salvaron una docena. Y estoy siendo muy generoso. Por cierto, lo de artistas lo digo porque la fiesta ahora está en el Ministerio de Cultura.

La mayoría de días, a cada diestro le dedico un párrafo. Hoy, los englobaré a todos en uno porque lo que hicieron no da para más. Padilla volvía a Albacete en su temporada del regreso tras la gravísima cornada sufrida hace casi un año en la Feria del Pilar de Zaragoza. Sí, Juan José ha sido un ejemplo para todos y está realizando un esfuerzo que prácticamente nadie podría hacer, pero eso no puede servir de justificación para que ahora esté acartelado en todas las ferias, con las figuras y con ganaderías, a priori, de lujo. Ahora haré otro inciso. Lo de lujo lo digo porque así las denominan los toreros, son las que ellos quieren matar. Para mí el lujo es otra cosa bien distinta a la obediencia claudicante. Continuo. El mérito de Padilla y por lo que antes era respetado era por el tipo de hierros que lidiaba. Entonces se podía ver a un torero lidiador que podía con todo. Ahora, lo que vemos (yo al menos) es a un hombre que lo intenta pero que no tiene las condiciones necesarias como torero para estar en todas las ferias. Casi ninguna cosa de su actuación se salvó. Con el que abrió plaza, un aperitivo del desfile de inválidos que vendrían después, abrevió y no alargó la agonía del toro y del público. Y con el cuarto bis no cambió la cosa. Bis porque el titular fue devuelto a los corrales antes incluso de que entrara en el caballo. Ya se pueden figurar la fortaleza que demostró el astado. Como sustituto saltó al ruedo un ejemplar de la ganadería anunciada, más terciado, y también vacío de casta y transmisión. Embistió con la cara a media altura, con desgana y desentendiéndose de la pelea. El jerezano puso mucha voluntad pero construyó una faena sin contenido en la que predominaron los rodillazos, molinetes, agarrones a los cuartos traseros del toro… Pero como el animal estuvo a punto de coger a su matador debido a que éste se metió demasiado en su terreno, la gente entró en la faena. A juzgar por las reacciones del respetable, pareció que estábamos ante Antonio Ordóñez resucitado en una de sus antológicas obras. Viendo las caras de Padilla al terminar dio la sensación de que había hecho un verdadero esfuerzo ante una fiera indómita. Dos orejas le pidieron y una se concedió.

Tras él actuó un Manuel Jesús El Cid que también protagonizó sendos trasteos épicos ante dos animales que parecían domesticados. Por su manifiesta debilidad y falta de casta, el de La Palmosilla embistió con la cara alta y con un comportamiento deslucido y sin emoción. Con este primero se salvó algo Manuel Jesús en un templado saludo a la verónica que remató con una gran media. Eso, y sus pases de pecho, rematados hasta el final, fueron lo mejor de la tarde. Su segundo fue más de lo mismo y El Cid recuperó su faceta artística, esta vez para interpretar todo un teatro. Sonrisas y gestos que daban a entender que tenía delante a un astado de esos de Casta Navarra del siglo XIX. Como antes de dejar una estocada pinchó en una ocasión, el posible trofeo quedó en una ovación con saludos. El Fandi también lució en todo su esplendor. Al igual que Padilla no clavó ni un solo par de banderillas con pureza y en la cara, y después anduvo ayuno de clase y ventajista ante un lote escaso de todo. El tercero tuvo algo más de movilidad y el granadino sólo dejó algunos naturales de estimable templanza. Tras un bajonazo y una petición minoritaria, de forma injustificada, vergonzosa e incomprensible, el señor presidente le concedió una oreja. Con el serio astado que cerró plaza no pudo hacer nada, ya que éste se paró casi al comienzo.

En definitiva, que con festejos como el de ayer lo que se crea no es aficionados, sino antitaurinos. Gracias a Dios que hoy viene Adolfo…

Albacete, 8ª de abono. Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron 6 toros de La Palmosilla (4º bis), desiguales de presentación con algunos bien presentados como el serio 6º y otros terciados como 3º y 4º. De inválido y descastado juego. Nobles.

Juan José Padilla: silencio y oreja tras petición de la segunda
El Cid: silencio y saludos
El Fandi: oreja y silencio

Foto: Víctor Zafrilla

7ª Feria de Albacete 2012

"¿CÓMO ERA EL DICHO? ¡AH!, SÍ, “CUANDO HAY TOROS…NO HAY TOREROS”

La terna de figuras, en líneas generales, por debajo de una estimable corrida de Núñez del Cuvillo que no terminó de ser aprovechada. Tan sólo detalles de Talavante y Castella, mientras que Paquirri queda en evidencia.


La vida es así. No siempre se puede tener todo. Desgraciadamente, pocas veces se da la conjunción perfecta de elementos para que todo salga según el guión establecido o deseable. Me podría estar refiriendo a cualquier cosa, pero, sí, esta introducción es el principio de la crónica del séptimo festejo de la feria taurina de Albacete. Pocas veces un buen toro se encuentra con un buen torero. O, para ser menos duro, no muchas veces las cualidades de un estimable animal son completamente aprovechadas por un buen matador. En la corrida de ayer pasó algo de esto. Sin ser una gran corrida, el encierro de Núñez del Cuvillo aprobó sobradamente en su paso por Albacete y ofreció grandes posibilidades de triunfo. ¿Y por qué no se cortaron más orejas o no se vio apenas toreo del bueno? Pues la respuesta ya se la pueden imaginar: porque la terna de “figuras” no estuvo a la altura. Según se iba desarrollando el espectáculo por mi mente sobrevolaban los nombres de algunos toreros a los que me hubiera gustado ver con una corrida que no se comió a nadie y que sirvió para el disfrute del torero y, por momentos, del aficionado. Es así, en la vida no se puede tener todo…

En general, y salvo el tercero que estuvo más justito, la corrida reseñada de Núñez del Cuvillo lució una buena presentación. Es verdad que algún astado anduvo justito de remate por detrás, pero la mayoría tuvo buenas hechuras y seriedad por delante. Muy difícil (por no decir imposible) ver hoy en día a las llamadas figuras del toreo matando una corrida así en una plaza de segunda. Es más, ya les gustaría a muchas de primera que en los días del “clavel” aparecieran por los chiqueros ejemplares de tan digna estampa. Por supuesto que no fue una gran corrida en cuanto al trapío, fue normal, pero visto lo visto…la de Cuvillo fue más que aceptable. Variada de capa, además lucieron astifinas defensas. Todo un logro teniendo en cuenta lo que les gusta el serrucho a los mandones del toreo. En cuanto a lo que llevaron dentro, hubo de todo. Destacó el lote de Alejandro Talavante, que incluyó al buen y completo tercero y al encastado sexto. Muy noble fue el de Paquirri y más desigual el de Sebastián Castella. En general, un lote que superó el seis y rozó el notable.

Alejandro Talavante fue el único que logró tocar pelo. A pesar de eso y de que a punto estuvo de salir en hombros, la actuación del extremeño no fue para recordar. Mostró mucha disposición y actitud desde el principio, pero no llegó a estar a la altura del buen lote que le correspondió en suerte. Su primero, el tercero, fue un astado muy estrecho de sienes, con expresión algo lavada, y falta de más remate por detrás. El de la divisa blanca, verde y roja se vino arriba a lo largo de la lidia y terminó embistiendo con prontitud y transmisión a la franela de su matador. Éste mostró algunas virtudes en su toreo como la largura de los muletazos o la templanza de los mismos, pero a su labor le faltó mayor ajuste y menos toreo lineal. Que pena que a este torero también se le haya pegado el vicio de Manzanares de retrasar y esconder la pierna que precisamente debería estar cargando la suerte, exponiendo con más vedad. Por momentos bajó la mano y el toro le respondió con nobleza y recorrido. A pesar de la poca verdad del trasteo, Talavante conectó mucho con el público y a punto estuvo de cortar las dos orejas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el presidente estuvo acertado en conceder sólo una. La estocada, por cierto, fue buena y cayó arriba aunque ligeramente trasera. El que cerró plaza fue ofensivo de verdad por delante. Muy astifino, el de Álvaro Núñez Benjumea, era más abierto de pitones y su encornadura recordó a la de los típicos atanasios de otro tiempo o a los actuales de Dolores Aguirre. Muy en el Conde de la Corte por tanto. El astado, al que se le picó muy poco, demostró castita en el tercio final y, por ende, exigió al torero. Muy por debajo anduvo un Alejandro Talavante al que le tocó la muleta en infinidad de ocasiones y que no terminó de asentarse. En algún instante de la lidia se le vio incluso superado por la movilidad, no tonta ni aborregada, de su enemigo. La espada le dejó sin el apéndice que le habría terminado de abrir la puerta grande.

El francés Sebastián Castella cumplía su doblete en la feria y tampoco terminó esta vez de convencer. Ante el segundo se le vio completamente desdibujado y sin ambición. Es verdad que el sardo (no ensabanado porque también tuvo pelos colorados o castaños en la cabeza) fue el garbanzo negro de la corrida, pero eso no puede justificar la actitud que mostró el de Beziers. El ejemplar en cuestión se movió pero con sosería y, en ocasiones, se puso andarín y gazapón. Fue muy deslucido y Castella decidió abreviar ante las protestas del respetable. Con el quinto la cosa cambió. Mucho más decidido, Sebastián brindó al público desde el mismo centro del ruedo y comenzó la faena con su clásico pase cambiado por la espalda. Ante este sí demostró mucho más asentamiento y corrió bien la mano en un par de series de derechazos que le hicieron reencontrase con la afición que tantas veces le ha visto triunfar. Por ponerle un pero: demasiado toreo lineal el suyo. Este quinto, más alto de agujas, dio muestras de lesión o de estar descoordinado en los primeros tercios. Después, siempre quiso coger los vuelos de la muleta y colocó, con clase, muy bien la cara. Aunque su debilidad fue menos manifiesta en este tercio final, le faltó un punto de motor al astado. Tenía Castella la oreja cortada y decidió pasaportar al cuarto toro de su feria en el mismo lugar donde había comenzado el trasteo. En el momento exacto del encuentro, el animal perdió las manos y el acero cayó en mal sitio. Volvió a entrar a matar y esta vez sí logró su cometido. Tras el arrastre todo quedó en una ovación con saludos.

De telonero actuó Francisco Rivera Ordóñez “Paquirri” que dio la razón a todos los que pensábamos que no pintaba nada en la feria. Vulgar y con todas las precauciones del mundo, nunca se confío y dejó escapar un lote muy noble que en manos de otro habría sido de triunfo. En su primero fue silenciado pero ese resultado se tornó en bronca en el cuarto tras insultar a un aficionado y encararse con el público. Le molestó al “señor” oír verdades del tendido…

Albacete, 7ª de abono. Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron 6 toros de Núñez del Cuvillo, correctamente presentados, y de estimable juego en general. 1º noble; 2º deslucido; 3º de buen juego; 4º muy noble; 5º de buena condición pero por momentos descoordinado; 6º encastado.

Paquirri: silencio y pitos
Sebastián Castella: silencio y saludos tras aviso
Alejandro Talavante: oreja y silencio

Foto: Víctor Zafrilla

6ª Feria de Albacete 2012

Y YO QUE CREÍA QUE LA DANZA A CABALLO ERA POR LA NOCHE…

Los tres toreros a caballo pasan discretamente por Albacete y se reparten tres orejas. El que mejor estuvo fue Ventura, que perdió con el rejón de muerte una puerta grande que sí abrió Andy Cartagena.


Tengo que reconocer que el toreo a caballo no es tan de mi gusto como el de a pie. Por eso, cuando llegaron las cinco de la tarde y me encaminé hacia la plaza de toros la pereza me invadió más que otros días. De todas formas tenía la esperanza de ver un buen y entretenido espectáculo y aprender algo más del conocido como arte de Marialva. Es verdad que el cartel no era el más rematado para un festejo de rejones. En el mismo no se encontraban ni Pablo Hermoso de Mendoza (que actúo en la mixta del martes) ni el joven Leonardo Hernández. El que sí aparecía era el hispano-luso Diego Ventura, caballista espectacular y entregado que está llamado a hacer el relevo en la cima del toreo a caballo. Junto a él, el ya veterano Andy Cartagena y otro joven, el portugués Joao Moura, hijo del famoso rejoneador del mismo nombre. El ambiente en la plaza era propicio, casi lleno en los tendidos y menos caras conocidas de lo habitual. Muchos abonados vendieron o regalaron sus entradas a familiares o amigos para tener un día de descanso y poder darse un paseo por la Feria. Con esto no quiero decir, nada más lejos de la realidad, que el de rejones sea un espectáculo menor o inferior comparado con el de a pie. Lo que sí es verdad es que el conocimiento y la exigencia en los tendidos es aún más mínima que en las tardes de toros normales. Yo tuve la suerte de compartir las dos horas y pico que duró el festejo con un gran aficionado y uno de los más entendidos en esta materia. Fue para mí un placer atender a sus sabias lecciones, aunque comprobé con tristeza como ambos espectáculos se parecen demasiado hoy en día en lo negativo. La exigencia brilla por su ausencia, todo se aplaude, y ello conlleva a que los toreros, en este caso rejoneadores, se queden en los superficial, vistoso y más fácil y olviden, como los de a pie, el toreo puro y de verdad. Porque sí señores, también a caballo se puede torear con pureza o…de forma ventajista.

Aunque el que salió a hombros fue Andy Cartagena, el que mejor estuvo fue Diego Ventura. Y estuvo correcto, aseado, ya que la suya tampoco fue la tarde brillante de otras ocasiones. Y Diego anduvo a mejor nivel que sus compañeros no por el toreo accesorio y los recursos fuera de la cara de sus oponentes, sino porque fue el único que sí clavó alguna banderilla con pureza. Ayer descubrí que también en los rejones se puede cargar la suerte y, asimismo, pude observar que no se carga casi nunca. Para logar clavar un rehilete por derecho y con verdad, el jinete debe ir, normalmente, de frente hacia el toro y antes de llegar a su jurisdicción, alcanzar el pitón contrario del toro para después recuperar el sitio y clavar justo al encuentro y al estribo. En el toreo a caballo hay tres formas de clavar: al estribo, a la silla y a la grupa. La primera de ellas es la que se debe aplicar según los cánones del toreo y la explicación es muy simple. Como sucede con el matador de a pie, las banderillas y distintas herramientas y trastos de los rejoneadores deben clavarse con absoluto ajuste entre caballo, jinete y astado. De esta forma, los pitones del toro tienen casi tocar el estribo y en ese momento el caballero bajar el brazo y clavar. Si se hace a toro pasado, teniendo que clavar con el brazo totalmente retrasado, el riesgo como se pueden imaginar es mucho menor. Explicado esto, continuaré con la actuación del segundo actuante. El segundo de la tarde, como el resto de la corrida de Fermín Bohórquez, estuvo bien presentado y reglamentariamente despuntado. No fue una tarde de arriesgar porque, a pesar de que la mayoría de los ejemplares gaditanos se pararon y no anduvieron sobrados de fuerza, en casi todos los turnos se dejaron dos rejones de castigo cuando podría haberse cambiado el tercio con sólo uno. Ventura no apostó en su primero y dejó esos dos rejones mencionados equivalentes a dos puyazos en la lidia ordinaria. Rápidamente el de Fermín se rajó, aunque al final fue de los más válidos para el espectáculo porque cuando salía de sus querencias y se arrancaba lo hacía con fuerza. El torero nacido en Portugal, aunque afincado en Sevilla, destacó con “Nazarí”, caballo castaño oscuro y voluminoso que demostró valentía al aguantar las acometidas del astado que le alcanzó varias veces sin consecuencias. Con “Oroboy” logró dejar una banderilla perfecta en la que se la jugó de verdad y clavó con absoluta ortodoxia y pulcritud. Después llegaron varias banderillas cortas y tras un rejón de muerte trasero y perpendicular y un golpe de descabello, cortó una oreja. De no ser por pinchar en tres ocasiones en el quinto, seguro Ventura habría acompañado a hombros a Cartagena. En este, su segundo, anduvo espectacular y vistoso y de forma inteligente se metió al público en el bolsillo. En el tercio de banderillas montó a dos tordos en distintas tonalidades llamados “Pegaso” y “Cheque”.

El que sí fue certero, que no acertado, a la hora de tumbar a sus enemigos fue Andy Cartagena. Sus labores fueron aseadas, pero a las mismas les faltó más ligazón y continuidad. Prevalecieron en ambas los adornos y recursos fuera de la cara del toro por encima del toreo a caballo. La gente se entusiasma con la doma clásica que muestran los toreros con las monturas, pero se confunden si creen que eso es lo realmente importante. Lo que se debe observar son las distintas suertes y formas de ir al toro, además de los modos en clavar. Comenzó en el que abrió plaza con “Maravilla” y tres banderillas al violín. Con este animal gustó al público en varias piruetas sobre los posteriores del caballo. Andy forzó mucho a “Fandi”, tordo en fase blanca de gran flexibilidad. “El caballo tiene que expresarse por convicción y no por imposición”, mencionó el citado maestro en este arte del rejoneo. Faltó reunión al clavar y tras hacer uso de las banderillas cortas mató al “murube” de Bohórquez con un rejón trasero. A pesar de que no hubo petición mayoritaria, el presidente concedió el trofeo. Con el cuarto no mejoró la cosa y, pese a que el trasteo no tuvo apenas contenido ni emoción, el respetable pidió las dos orejas. Acertadamente sólo se otorgó una.

Completaba el cartel Joao Moura hijo que evidenció su juventud y falta de oficio y anduvo a un nivel muy inferior respecto a sus compañeros. Se abrió siempre mucho a la hora de clavar y sus actuaciones no tuvieron la intensidad necesaria para que calaran en el tendido. Además, falló en la suerte suprema y fue silenciado.

Albacete, 6ª de abono. Con casi lleno en los tendidos, se lidiaron 6 toros de Fermín Bohórquez, bien presentados y reglamentariamente despuntados, y de parado y descastado juego en general. Algunos evidenciaron mansedumbre.

Andy Cartagena: oreja y oreja tras fuerte petición de la segunda
Diego Ventura: oreja y saludos
Joao Moura hijo: silencio en ambos

Foto: Víctor Zafrilla