viernes, 15 de marzo de 2013

Crónica 7ª Feria de Fallas 2013

“SÓLO FANDIÑO”

A pesar de todos los elementos, gran tarde de Iván Fandiño que corta una oreja de peso. Decepcionante encierro de Fuente Ymbro, en presentación y juego. Juan Bautista y Matías Tejela no justifican su presencia en las Fallas.


Para mí una figura del toreo es aquel torero que, por sus grandes méritos y por unas características propias y diferentes, pasa a ser parte de la Historia de la Tauromaquia. Según esa definición, pocas han sido las grandes figuras que ha tenido el toreo a lo largo de sus más de dos siglos de Historia. Pepe-Hillo, Costillares, Paquiro, Joselito, Belmonte, Manolete, Camino, Ordóñez, El Viti…a todos se nos vienen a la mente esos nombres cuando hablamos de grandes figuras del toreo. En los últimos tiempos, Enrique Ponce, José Tomás o Morante también pasarán a engrosar esa lista de matadores. Pero, más allá de esa etiqueta que describía al principio, otras son las características que debe tener también una figura del toreo. Una de esas cosas es el compromiso. El compromiso con su profesión y con el aficionado. También el querer siempre ser el mejor, el primero. Es decir, una auténtica ambición. Y, por supuesto, demostrar que eres el mejor pero ante todo tipo de corridas y compañeros, realizando gestas y gestos de forma regular cada temporada. Según estas últimas características, Iván Fandiño sería una figura del toreo. Por supuesto aún no ha llegado a conseguir esos méritos de los que hablaba al principio de haber mandado en la fiesta y haber pasado a la Historia del toreo, pero en cuanto al compromiso, a la ambición, a los gestos y gestas…Fandiño es hoy en día una figura del toreo. Y lo es, además, por méritos propios y sin que nadie le haya regalado nada. Él se ha ganado todo a base de dar la cara con absoluta regularidad. Y esa regularidad y esos méritos son mayores que los que poseen muchas de las que hoy llamamos erróneamente figuras del toreo. Hoy, en Valencia, Iván Fandiño, volvió a demostrar todo esto.

Y es que el torero de Orduña fue el único que se consiguió salvar de la quema. Y no precisamente me estoy refiriendo a la quema de fallas y petardos… Fandiño, a pesar de todos los elementos que jugaron en su contra (el lote de toros de Fuente Ymbro que le correspondieron en suerte, principalmente), logró cortar una oreja y dejar grandes sensaciones. Su primero, el tercero, fue un castaño algo más serio que los dos animales que le precedieron y que fue completamente descastado, manso y negado a embestir. A pesar de ello, la firmeza y seguridad de Fandiño le hicieron llegar a meter la cabeza en la muleta a mitad del trasteo. Hubo dos series con la diestra realmente notables por el mando y el poder que demostró el torero y por su buena colocación. Si ayer destacaba Urdiales en ese aspecto, hoy lo hacía Iván Fandiño. Bajó mucho la mano y por momentos, aunque parecía imposible, consiguió el lucimiento. Tras dejar un estoconazo, cortó una oreja de esas que pesan y que marcan una feria. La tarde estaba lanzada para él y, a pesar del impresionante y emocionante saludo capotero al que cerraba plaza, Iván no pudo redondear su triunfo y abrir la puerta grande. Él, por supuesto, no tuvo la culpa. Tras ese recibo con el capote a la espalda, en el tercio, y por gaoneras, el ejemplar de Ricardo Gallardo empezó a mostrar signos de su mansedumbre y pocas ganas de embestir. Y en el tercio final no valió un duro. Completamente descastado, aburrido y huidizo, el ejemplar del hierro gaditano imposibilitó cualquier opción de su matador. Pese a intentarlo todo y volver a estar valiente y firme, Fandiño no pudo hacer otra cosa que matarlo.

El resto de lo acontecido en la séptima del abono fallero fue para olvidar. Por delante, en vez de uno, actuaron dos teloneros: Juan Bautista y Matías Tejela. Todos los aficionados ya preveían lo que podía pasar y…no se equivocaron. Estos dos diestros llevan engrosando los carteles de las ferias desde hace años sin prácticamente ni un mérito ni una muestra para seguir en ellos. Mientras que algunos esperan en casa una oportunidad o se tienen que conformar con las peores corridas o carteles, algunos otros como Bautista y Tejela, apoyados y sustentados por sus apoderados y “padrinos” continúan deambulando, ocupando huecos que otros necesitan de verdad. Abría la terna el francés que, en el primero, dio muestras de algún atisbo de disposición y frescura, comparando con lo que viene haciendo en los últimos tiempos. Por supuesto, fue un espejismo. Al primero lo recibió con un alegre saludo a la verónica que combinó con alguna chicuelina y varios remates. El que abrió plaza marcaría, sobre todo en cuanto a presentación, lo que serían sus hermanos. En general, la corrida enviada por Ricardo Gallardo a Valencia fue fea y anduvo muy en límite. Algunos de los ejemplares, como ese primero, no poseían la suficiente seriedad y el trapío que se debe exigir en una plaza de la máxima categoría. De otras divisas no nos habría extrañado, pero de Fuente Ymbro esperábamos, todos, otra cosa. En las últimas temporadas, uno de los puntos fuertes de esta vacada ha sido su intachable y seria presentación. Esperemos que esta no sea la tónica a seguir durante toda la temporada. El primero del lote de Bautista tuvo mucha nobleza y calidad, sí, pero muy escasa fortaleza. A pesar de que casi no se le picó, el animal siempre blandeó y, por ende, la emoción fue imposible. Hubo algún pasaje estimable en el trasteo del de Arles, pero nada del otro mundo. Tras un pinchazo y estocada, saludó una ovación tras petición. En el cuarto todo fue a peor ya que el toro, a la postre, fue el mejor del encierro. Sin ser un gran astado, éste tuvo algo más de transmisión, movilidad y exigencia. Tuvo el defecto de escarbar mucho y al final se puso molesto y ante él, Juan Bautista evidenció una apatía y falta de ambición total. Mal colocado, nada de lo que realizó en su labor será recordado.

Por su parte, Matías Tejela hizo lo de siempre, es decir, casi nada. El segundo fue una auténtica borrica que no se pareció en nada a esos fieros y encastados “fuenteymbros” de los que pudimos disfrutar en 2012 en España y Francia. El feo animal, flojo y descastado, embistió siempre con media lengua fuera y no transmitió nada. Tejela, mal colocado casi siempre, dio pases en exceso y su franela fue enganchada en infinidad de ocasiones. Tras el durísimo castigo que recibió en varas, el quinto de la tarde aguantó y se movió sin excesivo ritmo ni clase. Incómodo, el torero madrileño realizó un trasteo que fue recibido en el tendido con una absoluta indiferencia. En ambos turnos fue silenciado.

Tras la dimensión que ofreció Iván Fandiño en su paso por el ciclo valenciano, clama más al cielo el que haya quedado relegado a este cartel después de haber sido uno de los triunfadores del pasado año. En los próximos días llegarán muchas de las llamadas figuras del toreo actual, veremos cuántos demuestran la firmeza, compromiso, seguridad y pureza que hoy mostró ese torero que está llamado a ocupar la primera fila del toreo. Eso ocurrirá, claro, si le dejan…

7ª Feria de Fallas 2013. Con un tercio de entrada, se lidiaron 6 toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación aunque justitos y de feas hechuras y caras, y de escaso juego en general. El buen 1º no tuvo fuerza y el 4º fue el más interesante. En el resto predominó la mansedumbre y falta de casta.

Juan Bautista: saludos y silencio tras aviso
Matías Tejela: silencio en ambos
Iván Fandiño: oreja y ovación tras aviso

Se desmonteraron en el sexto los banderilleros Jarocho y Jesús Arruga.

Foto: Rullot

jueves, 14 de marzo de 2013

Crónica 6ª Feria de Fallas 2013

“UN PETARDO INESPERADO”

Decepcionante y mansa corrida de Alcurrucén que imposibilita el lucimiento y el entretenimiento en otra tarde de paupérrima entrada en los tendidos. Destaca la pureza de Diego Urdiales y el valor y las ganas de Jiménez Fortes. Pésima imagen de David Mora.


Los días grandes de las Fallas se acercan y, cada vez más, la ciudad se llena de turistas, visitantes y, como no, de olor a pólvora. Las calles están ya prácticamente listas y, día a día, aumentan las estruendosas explosiones de centenares y miles de petardos y cohetes que son verdaderamente el alma y la idiosincrasia de estas fiestas tan particulares y universales. Desgraciadamente hoy explotó un petardo inesperado y no positivo. Y tuvo lugar en la plaza de toros de la capital del Turia. Y ese petardo no fue otro que el juego de la corrida de Alcurrucén. Era una de las divisas más esperadas de la llamada Feria de los Encastes, y del ciclo fallero en general, pero la que el año pasado fuera una de las ganaderías triunfadoras de la temporada, tuvo un comienzo de 2013 bien distinto. Mansa, descastada, en algunas ocasiones, bronca y desclasada…la corrida de la familia Lozano fue tan desconcertante como inesperada. Nadie se podía imaginar que ni uno sólo de los seis ejemplares de procedencia Núñez que saltaron al ruedo fuera a resultar bravo y completo. Y ante semejante ganado, la terna pudo poco más que justificarse. A pesar de ello, contando con el mismo tipo de embestidas y con el factor viento, que volvió a molestar como en los días pasados, hubo notables diferencias entre los de luces.

Diego Urdiales abría cartel y fue uno de los dos destacados. Él lo fue, simple y llanamente, porque es de los pocos (de todo el escalafón) que aún intentan realizar el toreo puro. Es absolutamente placentero el encontrarse, entre tanto ventajista, a algún espada que se coloca bien, se pasa a los astados cerca, e intenta cargar la suerte. No siempre lo consiguió el riojano, pero por lo menos lo intentó y dejó muletazos de esa incuestionable pureza. El ejemplar que abrió plaza fue, como la mayoría de sus hermanos, un toro bastante feo, correcto de presentación, pero en el límite de una plaza de primera. Cortito de cuello, el de Alcurrucén empujó en el caballo pero sin celo ni convicción. Hubo competencia en el tercio de quites entre un David Mora que optó por valerosas gaoneras, y un Urdiales que eligió las chicuelinas. En la muleta, el riojano anduvo firme, inteligente y, como señalaba anteriormente, puro. Su oponente tuvo nobleza, pero también sosería y apenas clase. Urdiales saco todo lo posible que, por otra parte, no era mucho. Con la espada no estuvo acertado y ésta hizo guardia. El cuarto, de mejor presentación, tuvo una movilidad bronca y desclasada que se tornó en una evidente falta de casta. No fue agradecido el de la divisa celeste y negra y Diego Urdiales no pudo hacer más que justificarse en una labor que no tuvo nada reseñable. En ambos turnos fue silenciado.

Jiménez Fortes si logró que lo ovacionasen después de una actuación en la que quedaron patentes sus ganas de cara a ser uno de los protagonistas de esta nueva temporada. El salmantino podría haber cortado una oreja de su primero, el tercero, pero, al igual que a Urdiales, se le fue la mano y la estocada asomó por el costado de la res. Ese tercero fue un animal más fino de hechuras y excesivamente abrochado de cuerna, que dio un recital de mansedumbre desde que salió de chiqueros. Huidizo al principio y siempre saliendo suelto de los cites y la lidia, saltó al callejón en el segundo tercio. Algo muy pocas veces visto. En la muleta embistió con suficiencia porque su matador le obligó a ello. Con mucha firmeza y mano baja, Fortes tuvo la virtud de echarle muy adelante los vuelos de la franela para que el toro respondiera. En ocasiones enganchó su viaje con templanza y brotaron los pocos olés que se escucharon en toda la tarde. En algunas cosas demostró capacidad el joven diestro, pero también hubo otras que no fueron tan buenas. Por ejemplo, la mala colocación (con excesiva ventaja) que también llevó a cabo por momentos. Y, después, un apunte personal: sinceramente prefiero a ese Jiménez Fortes más vertical que no abre tanto el compás. Podrá ser menos poderoso, pero es más estético y puro. Ante este y el que cerró plaza mostró, pese a todo, un gran valor que aún tiene que depurarse. De todas formas, es también importante tener en cuenta que esta será su segunda temporada como matador de toros. En el sexto lo volvió a intentar poniendo mucha voluntad, pero la mansedumbre y falta de casta y transmisión del enemigo provocaron la indiferencia de un público, otra tarde más, ausente. Verdaderamente alarmante la escasez de aficionados tarde tras tarde en los tendidos del coso de la calle Xátiva.

Completaba el cartel David Mora que, a pesar de las ovaciones que saludó en ambos turnos, estuvo realmente mal. Un servidor tenía la esperanza de que el invierno le hubiera venido bien a un diestro que ya en la pasada temporada mostró signos ciertamente alarmantes. Desgraciadamente, el toledano sigue por una senda cada vez más vulgar y ventajista. Prácticamente nunca se colocó correctamente y siempre retrasó descaradamente la pierna sobre la que se debe cargar el peso de la figura. Es decir, la pierna que debe cargar la suerte. Además, volvió a ese toreo de figura agachada que es completamente antiestético y que ya puso de moda en 2012. El segundo de la tarde fue el animal de mayor nobleza y calidad de todo el encierro. Pero tanta clase y nobleza tuvo, como poca fuerza. Ya salió por la puerta de toriles blandeando y su fortaleza no mejoró según fueron pasando los minutos. No se le picó nada, pues cada vez que entró al caballo ni se le llegaron a meter las cuerdas en dos picotazos completamente insuficientes. Mucho se ha criticado a las corridas de Adolfo Martín y Miura que abrieron la Feria de los Encastes, pero al menos, esos encierros, demostraron, como mínimo, dureza y fortaleza para aguantar castigos muy fuertes por parte de los varilargueros. Como siempre, estamos ante una fiesta injusta y desequilibrada en la que a algunos animales se les da en el caballo sin piedad, mientras a otros se les cuida hasta el extremo. Del trasteo largo de Mora prácticamente no hubo nada para el recuerdo. Lo mismo ocurrió ante el quinto, un ejemplar menos suave que se movió pero sin clase y sin decir nada. Tampoco lo dijo su matador.

En definitiva, y a pesar de las feroces y apasionadas críticas de muchos, las corridas de Adolfo Martín y Miura sí consiguieron mantener en todo momento la atención en lo que ocurría en el ruedo. Algunos por su trapío, otros por su casta y bravura, o muchos por el peligro y las complicaciones que tuvieron, el caso es que dieron importancia a todo lo que sus matadores realizaron en la plaza de Valencia. Hoy, por el contrario, el aburrimiento sí que planeó sobre los asistentes…

6ª Feria de Fallas 2013. Con un cuarto de entrada, se lidiaron 6 toros de Alcurrucén, muy desiguales de presencia con algunos animales feos y en el límite, y de manso juego en general. Les faltó, además, a la mayoría clase en sus embestidas. El 2º, el de mayor nobleza y calidad.

Diego Urdiales: silencio tras aviso y silencio
David Mora: saludos tras aviso y saludos
Jiménez Fortes: saludos tras aviso y silencio

miércoles, 13 de marzo de 2013

Crónica 5ª Feria de Fallas 2013

“LA LEYENDA MIURA”

Complicada, dura y áspera corrida del legendario hierro de Miura que pone las cosas muy difíciles a la terna. Destacan Robleño y Castaño, junto a su cuadrilla.


Mucho se ha hablado de la leyenda de Miura, una de las más arcaicas ganaderías que quedan en la actualidad. En los últimos tiempos, con algunas excepciones, esa leyenda muchas veces no se hacía patente en el ruedo. Me refiero a esos toros de legendaria dureza y peligro que ponían en serios aprietos a todos aquellos que se pusieran delante para intentar lidiarlos o matarlos. Por supuesto, la divisa sevillana, en los últimos años también ha sorteado muchos ejemplares duros y complejos, pero en general, podría decirse que el nivel de aspereza y exigencia había decaído en favor de una mayor nobleza. Había algunos "toristas" que decían que los "miuras" ya no eran los mismos. Pero hoy, en Valencia, esa leyenda volvió a estar muy presente. Fue en general un encierro muy complicado por la dureza y el poder de sus astados. Ninguno abrió la boca en ningún momento ni dobló una mano a pesar de lo que se le dio en varas. Fue una corrida de otro tiempo, de uno en el que el primer tercio se imponía sobre el último. Por lo tanto, pese a que tuvo el interés de que en todo momento el toro, el animal salvaje, estuvo presente, no fue una buena corrida. Hubo de todo (como en la viña del Señor) y algunos dieron algunas opciones, pero en general, los tres diestros lo tuvieron muy difícil. Y es que, justo en el día en el que los "miuras" recordaban a sus ancestros más difíciles, el viento, un fortísimo y molesto viento, también quiso tener protagonismo en el coso de la Calle Xátiva. Más inoportuno...imposible.

De la terna destacó en el segundo de la tarde Fernando Robleño. El joven, pero ya veterano matador madrileño, regresaba a Valencia después de una temporada pasada en la que se reivindicó como un torero que tiene mucho que decir, especialmente en las denominadas corridas duras. Después de su gesta de 2012 en Céret, donde estoqueó un encierro de José Escolar en solitario de forma triunfal, Robleño pidió paso y seguro que esta temporada volverá a hacer lo mismo. El segundo, un cárdeno (como todo el encierro) bien presentado salió de chiqueros arrastrando en ocasiones los cuartos traseros. En vez de reponerse, el astado comenzó a blandear alarmantemente dando señales de una posible lesión. Aunque para algunos fue un error, el Presidente decidió devolver al animal ante las protestas del público. Aunque regresó a toriles, hay que decir que el de Miura, en el tiempo que permaneció en el ruedo, dio muestras de bravura. En su lugar salió un sobrero de Valdefresno, de gran trapío y bella estampa, muy en el tipo de su procedencia. Por lo tanto, se cambió de ganadería y también de encaste: de Cabrera-Gallardo, a Atanasio-Lisardo. Salió frío (como la tarde) el de Nicolás Fraile y siempre fue un poco a su aire. En la muleta humilló y tuvo clase, pero siempre tuvo una marcada querencia hacia los adentros. Aguantó poco y se acabó rajando. Robleño, muy dispuesto, anduvo inteligente y profesional y consiguió algunos notables muletazos, ya cerca de tablas, aprovechando la querencia de su oponente. Ahí llegaron los momentos más notables del trasteo, junto a un esperanzador y buen inicio. La mansedumbre del astado salmantino hizo que la faena no terminara de explotar. Tras dejar una estocada desprendida que produjo derrame, el torero saludó una ovación tras leve petición. Y si alguna posibilidad tuvo ante el segundo bis, ninguna tuvo en el quinto. La famosa cita de "No hay quinto malo" no sólo no se cumplió, sino que fue justamente lo contrario. Y es que el quinto fue una auténtica prenda. Ya salió sin humillar, pero es que, en vez de mejorar, según pasaban los minutos este defecto se fue acrecentando hasta llegar a convertirse en insoportable. El serio "miura" se dedicó durante todos los tercios a pegar derrotes secos a esclavinas y estaquillador y a sembrar el desconcierto en el ruedo. Sin querer pasar nunca, fue negado para embestir. Malo como pocos el pájaro...Y Robleño, el valiente Robleño, tan sólo pudo justificarse e intentar quitarse de el medio al bicho. Para matarlo pasó un verdadero trago. Cada vez que pasaba el espada para meter la mano, el toro echaba la cara y el tercio delantero de su amplio cuerpo hacia arriba, impidiendo que entrara la estocada. Después de varios pinchazos, espadazos y descabellos, así como dos avisos, el durísimo ejemplar de la A con asas cayó inerte en la arena. Y todos respiramos...

Cerraba cartel otro joven veterano: Javier Castaño, una de las revelaciones y grandes esperanzas de las últimas temporadas. Y, pese a no triunfar, el salmantino mostró dignidad ante un lote que casi nada ofreció. Su primero, el tercero, no humilló ni una sola vez. Ya en el recibo capotero mostró ese denominador común que marcaría el resto de su lidia. En este tercer capítulo del festejo, por otro lado, se vivieron algunos de los momentos más intensos de la tarde. Como siempre, la cuadrilla de Castaño dio un auténtico y brillante espectáculo. Tito Sandoval, a caballo, y David Adalid, con los palos. Ambos dieron una lección de torería. El primero enseñó (como hizo ayer en la corrida de Adolfo) como se monta a caballo, se dan los pechos al toro, y se tira el palo sobre el morrillo. No cayó siempre perfecta la puya, pero la ejecución y la medida fueron perfectas. Aunque muchos se esmeren en quitar importancia a esta suerte fundamental, el run run en los tendidos y el clamor posterior evidenciaron que los aficionados están siempre deseosos de un lucido y buen primer tercio. Y si bueno fue ese primer tercio, no peor fue el segundo. David Adalid clavó con gran pureza y torería, sobre todo, en el tercer par de banderillas. Él y su compañero se desmonteraron muy merecidamente. Tras esto, Javier Castaño intentó lo imposible: hacer humillar y embestir al de Miura, al igual que luchar contra el verdadero huracán que había en el ruedo. Simplemente imposible dominar las telas con semejante vendaval. Hubo muchos enganchones, pero debidos al defecto que poseía la res de salir siempre con la cara alta desluciendo, por otra parte, todo lo que se le intentara hacer. No lo vio claro con la espada, al igual que en su segundo. El que cerró plaza tuvo más nobleza, pero tampoco terminó de humillar y, además, no estuvo sobrado de transmisión. Unos se pasaron de "chispa" y otros (por ejemplo, este) anduvieron escasos de la misma. A pesar de ello, el diestro nacido en León, demostró mucha firmeza y templanza. Logró algunos muletazos de suave trazo, colocándose de la forma adecuada para conseguir extraer lo poco que llevaba dentro su enemigo. La tarde estaba ya sentenciada, el ambiente era muy frío y, entre eso y el poco picante del último ejemplar de la miurada, la cosa tampoco llegó a explotar. De todas formas, quedó claro que Javier, como ya lo hizo el pasado fin de semana en Castellón, tendrá mucho que decir esta campaña. Frente a los toques bruscos y los recortes de muchos “especialistas” en este tipo de ganaderías, es placentero observar a un espada que los trata con suavidad y los va embebiendo hasta hacerse con ellos.

El encargado de abrir cartel fue otro asiduo a esta ganadería: Rafaelillo. El murciano, entregado como casi siempre, no llegó a acertar en todos los momentos de su actuación. En el primero si que no pudo hacer otra cosa que intentar escaparse de las feas intenciones del que rompió plaza. El serio y ofensivo miura fue bravo en el caballo. Acudió de largo y empujó con codicia aunque, es verdad, que en el último encuentro cabeceó un poco en el peto. Después, en la muleta, se complicó muchísimo y fue imposible por el pitón derecho. No tenía ni uno. Por el izquierdo Rafaelillo pudo robarle alguna que otra embestida potable, todo ello con intensidad y emoción porque el animal no era nada tonto y sabía donde estaba su presa. Enseñó la condición del toro y ya después se fue a por la espada. Su labor en este fue silenciada, mientras que ovación con saludos fue el resultado ante el cuarto. Principalmente, estas palmas llegaron después de lo mejor que realizó el murciano en toda la tarde: la estocada al que cerraba su lote. Es verdad que hubo derrame, pero la espada estaba arriba, en la cruz. Este animal, al que se le propinaron tres puyazos durísimos, fue también muy duro y no acusó en ningún momento el castigo al que había sido sometido. El toro no tuvo un comportamiento regular. En ocasiones se quedó muy corto, pero en otras tuvo la intención de humillar. La labor de Rafael no llegó, posiblemente, a ser la acertada pues faltó una mayor despaciosidad en los movimientos y sobraron, por el contrario, algunos toques bruscos y recortes.

Después de lo de hoy muchos, estoy seguro, volverán a enarbolar la bandera del sacrificio de estas ganaderías y hablarán del hundimiento del “torismo”, para ellos, un cuento chino de algunos aficionados pesimistas y agoreros que anhelan un pasado que no debería volver. Pero, como de costumbre, yo navegaré a contracorriente para decir que en la fiesta, una Tauromaquia que debe ser rica en variedad y emoción, también son importantes este tipo de corridas, principalmente porque son distintas y no dejan indiferente a nadie. Tan importante y necesario es el toro bueno, como el malo, siempre que tenga casta. Algunos hoy la tuvieron y otros no, pero esa dureza que demostraron sirvió también para elevar la heroicidad de esos pequeños hombres que son capaces de ponerse un traje de luces y, con un pequeño trapo, hacerles frente. El toreo ha sido siempre dureza y, en mi modesta opinión, lo debe seguir siendo.

5ª Feria de Fallas 2013. Con un tercio de entrada, se lidiaron 5 toros de Miura y 1, el 2º bis, de Valdefresno, desiguales de presentación, aunque la mayoría serios y en el tipo de la ganadería. De juego desigual, predominaron los complicados, duros y difíciles. Algunos bravos en el caballo, otros se rajaron.

Rafaelillo: silencio y saludos
Fernando Robleño: saludos tras aviso y silencio tras dos avisos
Javier Castaño: silencio en ambos

Destacó la gran actuación de la cuadrilla de Javier Castaño.

martes, 12 de marzo de 2013

Crónica 4ª Feria de Fallas 2013

“Y ADOLFO NO SE EQUIVOCÓ…”

Interesante encierro de Adolfo Martín que sortea un sobresaliente tercer ejemplar de nombre "Aviador". Gallo firma lo mejor y David Esteve demuestra voluntad y poco oficio.


Esa frase que reza: "los ganaderos también nos equivocamos" acerca de los posibles resultados de una corrida o un toro en particular, muchas veces se cumple. Pero hoy no fue el caso. El ganadero Adolfo Martín había apostado, abiertamente, desde por la mañana, y en particular, por uno de los astados de su divisa. Estaba marcado con el número 9 y "Aviador" era su nombre. Y Adolfo no se equivocó. "Aviador" fue el toro de la tarde y, muy posiblemente, lo será de la Feria. Y es que será muy difícil que salte al ruedo un animal más bravo y completo en todo lo que queda de ciclo fallero.

Desde que salió de chiqueros enamoró a muchos por sus hechuras. Bajo, con buen cuello, algo más abierto de pitones que sus hermanos, "Aviador" lucía una bonita y característica capa cárdena en su tonalidad más clara. Según su criador, ese toro no podía fallar ni por hechuras ni por reata. Y no falló. Desde que tomó por primera vez el capote del valenciano David Esteve, el animal humilló, colocó muy bien la cara y se abrió dejándose torear con gran temple y recorrido. Bien y animoso anduvo con el percal Esteve que después lo intentó colocar de lejos en el caballo. Su oponente se arrancó desde una distancia prudencial en ambos encuentros y, lo más importante, empujó al peto con la cara abajo y metiendo los riñones. Esa sí es una buena pelea en varas y no el simulacro que solemos presenciar tarde tras tarde. Los aficionados, los pocos aficionados que se habían dado cita en el coso de la Calle Xátiva, empezaron a sonreír sabedores de que el cárdeno albaserrada hacía presagiar lo mejor. Y si bravo fue en los primeros tercios (el caballo es y ha sido siempre el termómetro de la bravura), también lo fue en el tercio final. Por eso sobresalió de entre todos los sorteados en el encierro. Y es que "Aviador" no fue el típico toro complicado que tantas veces aparece en esta ganadería. El cinqueño, que a punto estaba de cumplir los seis años, fue aquel con el que sueñan (o dicen que sueñan) la gran mayoría de toreros. El de Adolfo tuvo el equilibrio perfecto entre casta y nobleza; entre transmisión y emoción para el aficionado, y buen son y ritmo para el de luces. Tuvo clase, humilló muchísimo y acudió siempre pronto y alegre a los cites. Además, y al contrario que muchos de sus hermanos, éste sí que tuvo gran recorrido y profundidad en las embestidas. Desgraciadamente, "Aviador" se encontró con un diestro que, pese a su manifiesta voluntad, no estuvo a la altura. Y es que era difícil, muy difícil rayar a la altura de semejante animal. David Esteve, joven espada local, lo intentó pero en ningún momento consiguió el lucimiento. No mandó ni llevó nunca sometida la soberbia embestida del toro de Adolfo. Evidenció su falta de rodaje con una patente escasez de técnica. En cierta forma se le puede excusar su falta de lucimiento por la falta de contratos, pero ante un toro de esas características y en una plaza y feria de primera categoría, se debe exigir que un torero de la talla. Aunque por momentos se jaleó su labor desde el tendido, ésta nunca llegó a tomar vuelo y el posible trofeo se esfumó con el fallo en la suerte suprema. Esteve dio una vuelta al ruedo por su cuenta y "Aviador", el gran "Aviador" se marchó entre aplausos al desolladero. Pobre premio para lo que mereció. Ante el que cerró plaza, el valenciano dio muestra de las mismas carencias y en más de una ocasión se salvo de la cogida que a punto estuvo de llegar por su mala colocación. El sexto, largo, alto y serio como él sólo, no brilló en ninguno de los tercios. Aunque se le colocó de largo y fue picado por el gran Tito Sandoval, no empujó como la mayoría de los "adolfos" que le precedieron. Por cierto, aunque los puyazos se le fueron inicialmente traseros, Tito volvió a demostrar como se monta a caballo y se ejecuta esa fundamental suerte de la Tauromaquia. Fue el único varilarguero que le dio los pechos del caballo al toro. Éste se arrancó con alegría y prontitud pero después no apretó en exceso. En la muleta fue, quizás, uno de los más descafeinados. Le faltó chispa y terminar de romper aunque se le atisbaron algunas virtudes que no desarrolló por el poco acierto de su lidiador.

El salmantino Eduardo Gallo se enfrentaba, por tercera vez, al hierro de Adolfo Martín y, sin estar rotundo ni firmar una actuación redonda, salvó la papeleta. Fue el que más aceptable estuvo de los tres. En particular, ante su primero. El segundo, uno de los que fueron aplaudidos de salida, derribó en el primer encuentro con el del castoreño. Se le colocó muy mal ante el mismo y apenas se le pudo ver. Tras un intento de quite de Esteve y el brindis al público de Gallo, éste mostró valor y asentamiento aunque, probablemente, abusó del toreo encimista. Cada toro pide una distancia distinta y el primero del lote del salmantino quizás habría demostrado un juego más notable si no se le hubiera ahogado en demasía. Y es que, el del criador de Galapagar, humilló y tuvo cierta calidad aunque le costó repetir. Gallo extrajo algunos muletazos templados y de buen trazo y la faena cogió algo de altura. Tras un pinchazo y un espadazo bajo, saludó una ovación. El quinto tuvo más complicaciones y las cosas ya fueron diferentes. Incómodo en todo momento, Eduardo Gallo, terminó abreviando y macheteando a la res por bajo antes de dar un recital de pinchazos. Por cierto, este quinto fue otro de los que cumplió sobradamente en el caballo. Pese a que a muchos no les interese esta suerte, a un servidor si le importa y mucho.

Abrió cartel el curtido Antonio Ferrera que no tuvo precisamente su tarde. En el primero se tapó más por el peligro del astado y el viento que molestó, pero en el cuarto si que no tuvo excusas. Por fin asentó las zapatillas al final de ambos trasteos y siempre abusó de los toques hacia afuera para desviar las acometidas de sus enemigos. Faltó también temple. El que abrió plaza, otro animal muy bien presentado y en tipo, demostró bravura en el primer tercio, aunque después se orientó pronto y tuvo poco recorrido. Casi siempre se quedó a mitad de los muletazos haciendo pasar un trago a Ferrera. El extremeño lo intentó, pero poco o nada ocurrió. El cuarto fue, sin duda, el peor del encierro. A este si que le faltó casta en todos los compases de la lidia. En la muleta se aburrió pronto saliendo distraído y con la cara arriba. Muy deslucido y rajado. De todas formas, su matador no anduvo mucho mejor. Tan sólo podríamos reseñar una serie con la zurda en la que llevó más enganchado al cárdeno. Tras una estocada trasera, pero que cayó arriba (la única en toda la tarde), Antonio Ferrera escuchó lo mismo que en su primer turno: silencio.

En definitiva, en la cuarta de abono de la primera gran feria de la temporada española, hubo variedad, interés y matices. No fue completa la corrida de Adolfo y algunos ejemplares fueron de más a menos, pero pocos aficionados se aburrieron. Las complicaciones y la exigencia también deben tener cabida en una fiesta tan rica y heterogénea. Y ya veremos cuántos de los astados que se sucederán en los próximos días llegan a demostrar la bravura enclasada de ese animal por el que desde el principio apostó su criador. "Aviador" y Adolfo; Adolfo y "Aviador" se dieron una alegría mutua, nos la dieron a todos los aficionados y, lo que es más importante, se la dieron a toda la fiesta y espectáculo en general. El año pasado fue "Monería" y este 2013 el ya citado “Aviador”. El mejor regalo para un ganadero que volvía a lidiar tras el gravísimo percance que a punto estuvo de dejar “huérfanos” a todos los aficionados que buscan el toro encastado, fiero y exigente. Un percance que le produjo un animal con su hierro. A pesar de ello, Adolfo no le guarda rencor: "El toro hizo lo que debía: acometer y cogerme. Para eso los crío...".

4ª Feria de Fallas 2013. Con un cuarto de entrada en los tendidos, se lidiaron seis toros de Adolfo Martín, muy bien presentados por su seriedad y cuajo, y de juego variado. 1º y 5º más complicados; 2º con calidad aunque se vino a menos; 3º de bravo y completo juego (aplaudido en el arrastre); 4º manso y deslucido; y 6º que no terminó de romper.

Antonio Ferrera: silencio y silencio tras aviso
Eduardo Gallo: ovación con saludos y silencio
David Esteve: vuelta al ruedo tras aviso y silencio

Foto: Rullot