domingo, 10 de marzo de 2013

5ª Feria de Albacete 2012

LOS TRES NOVILLEROS SE ESTRELLAN CON LA ANTÍTESIS DEL TORO BRAVO

La infumable novillada del hierro albaceteño de Los Chospes tira por los suelos las ilusiones y esperanzas de una terna que puso todo de su parte y que demostró buenas condiciones.


Pese a que muchos no lo crean, la infumable novillada lidiada por Los Chospes en Albacete ha conseguido algo que será difícil de igualar. Creo que será muy difícil que salte al ruedo un encierro tan sumamente malo y negado a embestir como el sorteado por el hierro de la bellota en la quinta del abono albaceteño. Como, aunque muchos no lo crean así, no soy tan mala persona, no seré yo el que se alegre del fracaso de nadie. Por eso, en vez de dar la enhorabuena, lo que hago es dar mi más sentido pésame al señor ganadero porque no imagino el sentimiento de desasosiego que debe generar el echar, en la plaza y en la feria de tu tierra, una novillada así. Eso sí, lo que si diré es que muchos ya avisamos de lo que podía pasar. No dudo de las buenas intenciones del propietario por criar un toro que posibilite el triunfo de los toreros, ni tampoco el trabajo que haya realizado en la ganadería, pero lo que es innegable es que los antecedentes de esta vacada en sus últimas comparecencias en Albacete no eran nada alentadores. Un hierro que prácticamente no lidia en plazas de importancia de forma regular, no creo que fuera el más apropiado para incluirse en el abono manchego. Por suerte o por desgracia, en el campo bravo de nuestro país hay muchísimas ganaderías de prestigio que tienen animales de sobra para venir a una feria de la categoría de Albacete. Y no hace falta romperse la cabeza. Después de tres años de consecutivo éxito, tanto en presentación como en juego, la ganadería del maestro Pedrés se ha quedado incomprensiblemente fuera. ¿Por qué?, ¿acaso no habría salido mejor que la de Los Chospes?...eso seguro que sí porque es muy fácil visto lo visto. La de ayer, Domecq procedente de Daniel Ruíz…sin duda, una ganadería caracterizada por su indomable y desbordante casta…

Lo único bueno del encierro enviado al coso de la calle de La Feria fue la presentación. Menos el lidiado en primer lugar, bastante más chico, el resto de los ejemplares lucieron serias cabezas y cuajo de toros. A muchos nos gustaría ver a Morante y a otras figuras con cuatreños o cinqueños con el trapío de los lidiados en tercer, cuarto o quinto lugar ayer en Albacete. Fachada mucha, contenido ninguno. La falta de fuerza y de casta demostrada por el encierro de Los Chospes fue sencillamente desesperante. No valió ni se salvó ni uno. La mayoría tuvieron nobleza pero automáticamente a la segunda serie se pararon y evidenciaron no tener poder ni para sostener la penca del rabo. Uno detrás de otro fueron saliendo y, a cada cuál, peor. Ante semejante materia prima, como se imaginarán, poco pudieron hacer los tres chavales. Eso sí, demostraron durante toda la tarde una gran actitud, valor y cualidades para funcionar. Que pena que no se moviese la novillada porque podríamos haber disfrutado de un muy interesante espectáculo. Tomen nota señores empresarios para que esto no se vuelva a producir y se traiga ganado de más garantías. Ganarán los toreros y ganaremos todos.

Mario Alcalde fue el único que consiguió tocar pelo. Fue en el primero de la tarde y el trofeo fue excesivo. Estuvo a buen nivel Alcalde, pero la faena no tuvo la suficiente emoción como para ser premiada de esta forma. Salió con ganas el joven diestro que destacó toreando con la mano izquierda a pies juntos y dando el pecho. Enfrontilado con su enemigo (por decir algo), Mario Alcalde ejecutó series de muletazos templados y largos rematados atrás, como Dios manda. Aunque empezó bien, el novillero se puso pesado alargando un trasteo nulo de emoción por la condición aborregada y claudicante del oponente. Hubo un encontronazo entre toro y torero y a punto estuvo de ser cornado Alcalde. Todo quedó en un susto y en una taleguilla destrozada. Tras una estocada algo atravesada y una petición de oreja muy en el límite, el usía concedió la oreja. Otra tarde más de facilidad y nulo criterio en el palco y van… Ante el cuarto, más de lo mismo. Dejó muletazos estimables y, de nuevo, mucha voluntad un Alcalde que no logró superar la insoportable falta de casta de su segundo. Muy parado un animal sin opción alguna de lucimiento. Esta vez, saludó cariñosas palmas desde el tercio.

Volvía a Albacete Sergio Felipe, novillero local que en la feria del año pasado debutó con picadores. En esa ocasión, pasó sin pena ni gloria, pero doce meses después ha conseguido, a pesar del pésimo lote que le correspondió, dejar buen sabor de boca y ganas de verlo de nuevo. Muy dispuesto y no tan frío como en la tarde del debut con los del castoreño, Sergio Felipe quiso siempre y puso todo de su parte. Fue el único en participar en el turno de quites (lo único reprochable a la terna actuante). Fue bueno el que realizó por gaoneras. Con la franela intentó torear con cierto gusto y templanza, corriendo bien la mano, pero poca agua se puede sacar de un pozo completamente seco. Ambos astados, segundo y quinto, fueron iguales: descastados e inválidos. No tuvieron un mínimo de raza para venirse arriba y perseguir los engaños. No se les pegó apenas y a, pesar de ello, se pararon tras los primeros muletazos. También alargó en excesos los trasteos, pero es comprensible teniendo en cuenta que son jóvenes y con pocas oportunidades a la vista. Fue certero Felipe a la hora de matar, aunque la colocación de ambas estocadas no fue buena. La de su primero fue tan atravesada que llegó a hacer guardia. Si bien es verdad que el año pasado me dejó frío, hoy me dejó con ganas de más.

Completaba el cartel Sebastián Ritter, novillero desconocido para la mayoría y que demostró ante todo valor, mucho valor. Se puso en el sitio para torear Ritter pero lo único que pudo hacer fue pegarse sendos arrimones ante dos utreros absolutamente anclados en la arena y vacíos de bravura. Salió a por todas también este colombiano de Medellín y quizás se precipitó en acortar distancias con el tercero. Lo que no me gustó fueron varios alardes de valor con el animal ya moribundo que no vinieron a cuento. El sexto dio esperanzas porque tuvo algo más de movilidad en los pases de tanteo del tercio final. Desgraciadamente, fue un espejismo. Este también echó la persiana, como diría el maestro Antoñete, y se negó a pelear. Ritter fue silenciado en ambos.

Albacete, 5ª de abono. Con media plaza, se lidiaron 6 novillos de Los Chospes, bien presentados en líneas generales salvo el primero, y de descastado y flojo juego. Todos se pararon y no dieron la más mínima opción.

Mario Alcalde: oreja tras aviso y saludos
Sergio Felipe: vuelta tras leve petición y silencio y saludos
Sebastián Ritter: silencio en ambos

Foto: Víctor Zafrilla

4ª Feria de Albacete 2012

UN EXTRATERRESTRE INCOMPRENDIDO EN UN TENDIDO DE LA MANCHA

José María Manzanares vuelve a desatar la locura colectiva y sale a hombros con tres orejas. Festejo mixto con llenazo en los tendidos que no termina de romper hasta el final y en el que Hermoso de Mendoza y Sebastián Castella fallan con los aceros.


Hoy les contaré una historia. Mi relato trata sobre un extra terrestre que compró un billete con fecha 11 de septiembre desde Marte hasta la Tierra. Exactamente la nave espacial llegaría a un rincón de la Mancha llamado Albacete. El extra terrestre, o marciano (como lo queramos llamar), había estado ahorrando mucho tiempo para cumplir su sueño de conocer ese gran planeta llamado Tierra y a sus millones de habitantes. Precisamente por estas fechas de septiembre, la región elegida para el viaje se encontraba en fiestas y vivía intensamente su Feria. El marciano se había estado informando de todo lo tradicional y típico en ese país de Europa y uno de los espectáculos de mayor interés para todos sus ciudadanos era una peculiar y extraña fiesta llamada tauromaquia. Como la Feria de la ciudad incluía entre sus actividades la tradicional feria taurina, el extra terrestre sacó una entrada con precocidad para acudir a uno de los festejos estrella del abono. Se trataba de un cartel mixto, es decir, compuesto por un torero a caballo y dos diestros a pie. Pablo Hermoso de Mendoza abriría plaza y junto a él Sebastián Castella y José María Manzanares. La materia prima del espectáculo, le dijeron al marciano, eran unos extraños animales llamados toros que lucían en sus cabezas imponentes y astifinas astas. Llegó el día y el extra terrestre realizó el largo viaje. Cumplido su sueño de pisar la Tierra, el marciano se paseó por el centro de la ciudad y de su Feria observado por muchas gentes sorprendidas por su presencia. Llegó el momento de entrar a la plaza de toros, que así se llamaba el edificio donde se celebraría la corrida, y asombrado contempló infinitas colas para acceder al coso. Fue larga la espera y, con muchos problemas por la masificación del lugar, el marciano logró sentarse en su apretada localidad para empezar a sudar la gota gorda. “En Marte se está más fresco…”, pensó el extraño ser.

Comenzó el espectáculo y salió al ruedo el caballero Pablo Hermoso de Mendoza, la máxima figura del toreo a caballo. Cuando sonaron clarines y timbales apareció por una puerta el primer toro de la tarde, un ejemplar que pertenecía a la ganadería gaditana de Fermín Bohórquez. Según leyó el extra terrestre, este hierro es uno de los habituales para los festejos de toreo a caballo y también uno de los predilectos de los rejoneadores. Fue, a juicio del marciano, un animal bastante parado y flojo, nada parecido a esos duros y peligrosos que tenía entendido saltaban cada tarde al ruedo. Hermoso de Mendoza firmó una faena elegante, limpia y técnica montando a distintos equinos como Chenel, Ícaro o Pirata. Según los especialistas de este arte, el torero de Estella (Navarra) clavó ortodoxamente al estribo, es decir, ajustándose con el astado. Había que llegarle mucho a la cara del toro para que éste se arrancara y emprendiera la acometida. La gente no terminaba de emocionarse. Llegó la hora de matar y Pablo Hermoso no estuvo acertado dejando un rejón de muerte (así se llamaba el afilado acero que empuñó) trasero y caído. Es verdad que el toro cayó muerto a la arena, pero al protagonista de esta historia le dijeron que el rejón debía caer en todo lo alto. Ovación con saludos para el navarro, lo mismo que en su segundo turno. El cuarto, que salió después de que los presentes se pusieran las botas con una copiosa merienda (tradición del lugar), fue más feo y empezó galopando con fuerza. Después se vino a menos y también anduvo falto de transmisión. Tan sólo un error en una banderilla tuvo un Hermoso de Mendoza que destacó montando al bonito Manolete y en un par a dos manos antes de volver a fallar estrepitosamente en la suerte suprema.

Una vez hubo finalizado el espectáculo del toreo a caballo (el extra terrestre no llegó a comprender el porqué de la mezcla entre los dos tipos de arte) llegó el turno de un torero francés llamado Sebastián Castella. Se había informado el de Marte y parecía que este matador poseía un valor muy frío. Y sí, así fue, Castella demostró ambas cosas: valor y frialdad. Su primero, el segundo, fue un ejemplar de Victoriano del Río muy noble y con clase que quiso perseguir siempre los engaños pero que casi no podía con su alma. Muy flojo y descastado un animal que tampoco emocionó al marciano. “¿Dónde está la emoción y el riesgo aparente?”, se preguntaba. A pesar de todo, Sebastián, se puso en el sitio y toreó con templanza. Lo peor fue el uso de la espada. “¿Suelen fallar siempre tanto al matar?”, preguntó el extra terrestre a su vecino de localidad. Cuatro pinchazos, fea estocada y silencio. Ese segundo anduvo en el límite de presentación por sus hechuras y expresión anovilladas. El que sí estuvo bien presentado y tuvo seriedad fue el descarado quinto que galopó con alegría en el tercio de banderillas. Después, en el último tercio, se puso reservón y no terminó de romper. Los dos primeros muletazos se los tragaba el de la divisa negra y amarilla pero en el tercero le costaba seguir incomodando a su matador. Tuvo cierta guasa el astado y Castella lo intentó sin llegar a estar nunca a gusto y sin conectar con el respetable. De nuevo pinchó y, otra vez, fue silenciado. “A ver si en su otra tarde tiene más suerte…”, dijo el marciano cuando comprobó que hacía doblete en la feria.

El tercer espada anunciado era José María Manzanares. Parecía que todo el mundo iba a verle a él, que sería el protagonista del espectáculo, y así fue. Manzanares logró cortar tres orejas y alcanzar el premio máximo para un torero: abrir la puerta grande. Al extra terrestre, por cierto, le llamó poderosamente la atención el que los premios fueran despojos de los toros lidiados. Pues bien, llegó Manzanares a Albacete y puso patas arriba la feria. Se repitió la historia del año pasado. En resumen, al marciano le gustó del torero alicantino su privilegiado empaque, su clase, elegancia y templanza. Eso le gustó, le pareció bonito, pero…no le emocionó. El ser llegado del espacio había leído libros sobre la Historia del toreo y según tenía entendido en el ruedo, además de plasticidad, debía haber verdad. Él creía que para reconocer a un matador, éste debía estar cruzado a la hora de citar al toro y que después tenía que cargar la suerte y rematar los muletazos atrás. Eso se suponía que era el toreo eterno, el verdadero, pero el extra terrestre vio a un torero que citaba con el pico, se colocaba de forma perfilera y en vez de cargar la suerte, la descargaba. Sobre todo lo hizo José María con diestra, algunas veces de forma descarada. “Ay la patita atrás escondiendo la femoral…”, escuchaba el marciano de algún aficionado. Tan sólo hubo algunos naturales realmente buenos en los que se enroscó al toro. A pesar de todo, la gente se volvió loca y se rompió las manos a aplaudir. El tercero no fue fácil y hubo que desengañarlo y corregirle algunos defectos. En cambio, el sexto, fue el mejor. Tuvo además de nobleza, clase y humillación, ritmo y transmisión el toro. Una oreja cortó ante su primero y, tras una gran estocada, obtuvo las dos del último. El extra terrestre, que se había sentido bastante integrado hasta entonces, con la actuación de Manzanares y el éxtasis del público, se sintió, más que nunca, eso, un marciano.

Albacete, 4ª de abono. Con lleno en los tendidos, se lidiaron 4 toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y juego, y 2, para rejones, de Fermín Bohórquez (1º y 4º) reglamentariamente despuntados y de flojo y parado juego. 2º noble pero muy flojo y descastado; 3º con movilidad; 5º complicado y 6º de buen juego.

Pablo Hermoso de Mendoza: saludos en ambos
Sebastián Castella: silencio tras aviso y silencio
José María Manzanares: oreja y dos orejas

3ª Feria de Albacete 2012

UN BRAVO NOVILLO Y UN TORERO QUE DARÁ DE QUE HABLAR

Un gran ejemplar del Cortijillo sobresale en una tarde donde destaca la personalidad y la pureza de Martín Escudero. Alberto Pozo, que firma una buena faena, es premiado con dos orejas completamente excesivas. Petardo sin paliativos de Mazzantini.


Tras el final de la primera novillada del abono albaceteño la gente salió de la plaza hablando de toros. Eso fue quizás lo mejor y más importante de la tarde. Pero los aficionados y el público abandonaron el coso de la Cale la Feria hablando en muy distintos sentidos. Seguramente el protagonista de la mayor parte de las tertulias posteriores al festejo fue el torero de la tierra Alberto Pozo. Justificado el que se hablara de él porque cortó, nada menos, que dos orejas a un mismo toro. Sí, Pozo logró abrir la puerta grande tras desorejar a un mismo animal. Cuando lean esto pensarán que entonces Alberto Pozo estuvo realmente bien y que esos comentarios de su gran triunfo eran absolutamente acertados y justificados. Pues miren, una vez más, el que escribe estas líneas no piensa lo mismo. Es verdad que el chaval albacetense elaboró una buena faena en su segundo turno, pero también lo es que ante él tuvo a un bravo y extraordinario ejemplar y que el doble trofeo fue totalmente excesivo. Desgraciadamente con hechos como este la categoría de esta plaza decae una vez que la exigencia se torna en cariñosa amabilidad. Pero la culpa no la tiene en este caso el torero, ni mucho menos, la responsabilidad de esta triste noticia debe recaer sobre los hombros del señor que se sienta en la presidencia de la plaza supuestamente para defender los intereses de los aficionados. Llevábamos una feria de orejas baratas, pero la concesión del segundo trofeo ayer a Alberto Pozo ha sido la gota que colma el vaso.

Martín Escudero se presentaba en nuestra plaza con el aval de muchos aficionados que hablaban muy positivamente de él. Y el jovencísimo diestro, que apenas lleva unas pocas novilladas, dio la cara y mostró una gran personalidad y valor. Muchos no se enteraron de algunas de las cosas que hizo Escudero delante de un lote que no fue, ni mucho menos, de triunfo. Su primero fue un animal de comportamiento informal que en demasiadas ocasiones soltaba la cara al final del muletazo. No tuvo una gran clase, pero es verdad que el animal respondió mejor cuando se le llevó sometido y enganchado por abajo. Martín Escudero, sobrino del ganadero Adolfo Martín, denotó desde el principio que es distinto a los demás. Serio y pausado en sus movimientos y recordando al gran José Tomás en los andares, Escudero tardó tiempo en acoplarse con su oponente y debido a ello algunos de los primeros muletazos no tuvieron una mayor limpieza. Pero desde el comienzo de la faena lo que sí se pudo apreciar es el valor y la pureza que intenta imprimir a su toreo. Cruzándose al pitón contrario y cargando la suerte (no como la mayoría) logró firmar los mejores naturales de la tarde y de la feria a partir de la mitad del trasteo. Fueron muletazos de exquisita suavidad, largos y rematados atrás que por momentos hicieron crujir los tendidos. Ahí se dio cuenta el público de lo importante que se estaba realizando en el ruedo y tras unas ajustadas manoletinas y una estocada ligeramente atravesada, le premió con una oreja. Fue una pena que el que cerró plaza no diera opciones para que el triunfo fuera redondo. El sexto fue un astado complicado que embestía a arreones, con la cara a media altura y quedándose muy corto y debajo del torero. Éste no pudo hacer más que justificarse, estar digno y cruzarse al pitón contrario.

El que también destacó fue el anteriormente nombrado Alberto Pozo. Innegable la actitud que demostró en dos faenas de muy diversa factura. Ante el buen segundo, frío y correoso de salida y que en banderillas se vino arriba para sacar buen fondo en el tercio final, no se quedó quieto casi nunca y elaboró un trasteo que fue recibido con frialdad por el respetable. Por debajo de esa res anduvo un Alberto que dio la vuelta a la tortilla ante el quinto. Para empezar arriesgó de verdad en un meritorio par de banderillas por dentro en el que le dio todas las ventajas al toro. “Martinete”, que así se llamaba el del Cortijillo, fue un utrero verdaderamente sensacional. Cumplió primero en varas y en la muleta derrochó bravura galopando con alegría, humillando y embistiendo sin parar y durando una barbaridad. Fue un ejemplar muy completo que fue despedido en el arrastre con una gran ovación. Incluso el mayoral dio la vuelta al ruedo con el torero. Premio excesivo, por cierto. Y también excesivas fueron las dos orejas que el señor presidente Don Luis Natalio Cuesta concedió tras una labor de gran voluntad y en la que sobresalieron un par de series con la diestra realmente buenas. Se templó Alberto, corrió la mano con largura y la gente disfrutó. Mató de una certera estocada y el premio justo habría sido una oreja, pero ya saben…¡Alegría!

Completaba el cartel, por delante, Mazzantini, que pegó un verdadero petardo. Ni una sola vez se puso en el sitio, anduvo siempre desconfiado y perdiendo pasos y sus dos faenas estuvieron plagadas de enganchones y de muletazos que no dijeron nada. Bueno, decir sí dijeron, pero negativamente. En primer lugar sorteó a un novillo muy justo de presentación (como la mayoría de sus hermanos) que fue un pan sin sal. Muy soso un animal que se movió sin humillar y que acabó cantando la gallina. El que sí fue bueno fue el cuarto, un feo ejemplar de capa colorado chorreado en verdugo, girón y axiblanco bizco del pitón derecho. Fue este un gran astado que fue a más y que tuvo recorrido, clase, transmisión y humillación. La suerte es así de injusta y el novillo fue desperdiciado y se marchó al desolladero con las orejas intactas. Por otra parte, Mazzantini dio un auténtico sainete con los aceros.

Y sí, por si alguien no se había percatado aún, el torero al que me refiero en el titular como uno que “dará de que hablar” no fue el que salió en volandas, sino uno llamado Martín Escudero.

Albacete, 3ª abono. Con más de media plaza, se lidiaron 4 novillos del Cortijillo y 2 de Lozano Hnos. (1º y 2º), justos de presentación en general por su escaso cuajo y de desigual comportamiento. Destacaron por buenos 2º y 4º y, sobre todo, el bravo y extraordinario 5º. El resto, de pocas opciones.

Mazzantini: silencio y silencio tras aviso
Alberto Pozo: saludos y dos orejas
Martín Escudero: oreja tras aviso y silencio

Foto: Víctor Zafrilla

2ª Feria de Albacete 2012

TOROS Y TOREROS APUNTAN, PERO NO DISPARAN

La corrida de Alcurrucén, muy desigual de presentación, sortea varios ejemplares con posibilidades y otros de nulo juego. Destaca la firmeza de Fandiño y tan sólo pinceladas de Mora y Luque.


El cartel de la segunda del abono albaceteño era uno de los más esperados. Esperados para los aficionados, porque para el gran público era un festejo modesto y de relleno. Y, como digo, la terna había despertado un gran interés y muchas esperanzas entre los aficionados más exigentes, pero al final fue más la expectación que lo que después se vio en el ruedo. El que mejor estuvo fue Iván Fandiño y el que peor, David Mora. Daniel Luque lo intentó sin demasiado acierto y fue duramente tratado por un público que, como la tarde anterior, concedió algún trofeo de escaso peso. Los tres diestros son jóvenes, toreros con proyección que ya están en todas las ferias y por eso exactamente quizás debieron mostrar una actitud más entregada y dejarse la piel en su paso por Albacete. Es verdad que en la corrida de Alcurrucén hubo de todo, y no todo fue bueno, pero también lo es que si ya nos vamos acomodando…mal vamos. El encierro de los Lozano, ya nuevos empresarios del coso junto a Manuel Caballero y Manuel Amador, lució una presentación muy desigual y a la arena de La Chata saltaron un par de ejemplares mal presentados por anovillados y que no debieron pasar el reconocimiento veterinario. Algunos como el precioso 2º o el 3º sí estuvieron muy en “Núñez”, encaste del que procede esta vacada con divisa celeste y negra. Otros, como los sorteados en cuarto y sexto lugar, fueron más feos y no presentaron el trapío y la seriedad necesarios. En cuanto al juego, también hubo variedad e interés. No fue una corrida completa, ni de ella salió ningún toro sobresaliente, pero sí hubo animales con opciones y mucho que torear. El mejor lote le correspondió al toledano David Mora y, en cambio, sus compañeros tuvieron menos suerte. Así de injusta es la vida.

Iván Fandiño, pese a su ya larga experiencia y trayectoria, hizo el paseíllo desmonterado, detalle que muchos pasaron por alto pero que significó que era la primera vez que actuaba como matador de toros en la plaza de toros de Albacete. Y en su primera tarde en el coso manchego, el vasco demostró alguna de las características de su concepto como la firmeza o el valor. En ocasiones si toreó fuera de cacho, más en el cuarto que en el primero, pero en la mayoría de muletazos si se colocó en el sitio y por momentos cargó la suerte. El que abrió plaza fue un astado correcto aunque en el límite de presencia y que después fue de los peores del encierro. El animal, que lució una típica capa en este hierro (negro girón), no tuvo ni un mínimo de transmisión y llevó siempre la cara a media altura. Flojeó de salida el de Alcurrucén y frente a él anduvo un Iván Fandiño que se justificó sobradamente en una labor seria para aficionados. Hizo más de lo que permitía el toro, pero su labor nunca llegó al tendido. Tras una estocada trasera y tendida y un golpe de descabello, escuchó silencio. Si su primero no dio opciones para el lucimiento, muy interesante fue el juego del cuarto. El feo ejemplar que apareció tras el descanso para la merienda sacó fondo de casta y embistió con gran transmisión y poder. No fue un astado fácil pues siempre fue muy reservón y le costó romper en la franela del de Orduña. Por momentos “Tonadillo” embistió a arreones y el trasteo de su matador, que empezó con intensidad con varios pases cambiados por la espalda y las zapatillas muy quietas en el centro del ruedo, apuntó pero no llegó a disparar. Hubo alguna serie buena con la izquierda en la que hubo más acople, pero escaseó el gusto y no llegó a ser totalmente templada la obra. El público volvió a responder al final con unas ajustadas bernadinas antes de que Fandiño perdiera con los aceros la posible oreja que habría cortado.

El que sí logró puntuar, numéricamente, fue David Mora. Y esto no significa que fuera el más destacado de la terna. Ocurrió precisamente lo contrario porque Mora, con el mejor lote, fue el que peor estuvo. Su actitud y disposición fueron muy buenas (fue el único en intervenir en el turno de quites), pero David abusó del pico y del toreo periférico en sus faenas. El segundo fue un precioso ejemplar de capa colorada y cuerna ligeramente tocadita y abrochada, muy en el tipo de la casa, que aunque manseó de salida en su encuentro con el picador, después fue un buen toro en el último tercio. Además de humillación, recorrido y clase, “Hortelano” tuvo nobleza para permitir el lucimiento del torero. Lo mejor del trasteo de Mora fue el comienzo doblándose por abajo con el toro con gran despaciosidad y belleza. Tras este buen inicio se sucedieron las tandas de muletazos por ambas manos que sí tuvieron templanza pero no ajuste. Siempre con el pico de la muleta y periféricamente, el torero llegó a ser antiestético al no erguir la figura y torcerse hacia abajo. Esta forma de ejecutar el toreo se está convirtiendo en una seña de identidad de su concepto y es una cuestión ciertamente preocupante. Tras una estocada caída, obtuvo un apéndice. Muy noble y enclasado resultó el quinto, al que le faltó un punto más de motor y “picante” para emocionar. Sólo la primera serie con la diestra se salvó y fue realmente buena. En estos muletazos si encajó riñones el espada y remató los mismos atrás y no hacia fuera. Esa tanda fue un espejismo porque a partir de ese momento todo volvió a ser como en su primer turno. En este la petición no fue mayoritaria y David Mora dio una vuelta al ruedo.

Daniel Luque fue el menos afortunado en el sorteo ya que al de Gerena le correspondieron dos astados de muy justas posibilidades. El tercero tuvo movilidad pero a la vez fue muy informal. Embestía una vez bien, después se quedaba corto, a continuación se abría o perdía una mano…toro de los complicados para el torero pues no parecen tan malos desde el tendido. Y el que cerró plaza fue el peor. Nunca humilló ni tuvo un mínimo de clase otro toro que se movió deslucidamente. Más correcto estuvo Luque en su primero y más en línea y ventajista en el último. Ambas labores fueron silenciadas.

Albacete, 2ª de abono. Con menos de tres cuartos de entrada, se lidiaron 6 toros de Alcurrucén, muy desiguales de presentación y de variado juego. 4º y 6º mal presentados por feos y anovillados. De buena condición el 2º, encastado e interesante el 4º y noble y enclasado el 5º. El resto, sin opciones.

Iván Fandiño: silencio y saludos
David Mora: oreja y vuelta tras leve petición
Daniel Luque: silencio en ambos

Foto: Víctor Zafrilla