domingo, 26 de mayo de 2013

Reportaje fotográfico en Adolfo Martín

LA CORRIDA DE ADOLFO MARTÍN
PARA LA FERIA DE SAN ISIDRO 2013

Hace varias semanas, tuve la oportunidad de acercarme a la finca “Los Alijares”, situada en tierras extremeñas, y donde pasta la vacada de Adolfo Martín, uno de los hierros más prestigiosos del campo bravo español. Además, esta divisa de origen Albaserrada-Saltillo, es una de las más esperadas y queridas por los denominados aficionados toristas por su exigencia y dureza. La de Adolfo es una de las últimas ganaderías que tienen la casta como máxima a la hora de seleccionar, criar y lidiar.

Este próximo jueves, día 30 de mayo, Adolfo Martín volverá a la plaza que le ha dado todo como ganadero y en la que ha cosechado importantes triunfos que ya forman parte de la Historia de la Monumental de Las Ventas de Madrid. Este jueves, Adolfo regresa para lidiar, un año más, en plena Feria de San Isidro. A continuación, os dejo las veinte fotos que he seleccionado y en las que se plasman la seriedad y el magnífico trapío con los que cuentan la decena de toros (la mayoría cinqueños) reseñados por el ganadero de Galapagar para la cita más destacada de su temporada. Espero que este reportaje fotográfico sea de vuestro agrado y que en pocos días podamos ver a los “adolfos” en el ruedo del coso más importante del mundo…

sábado, 25 de mayo de 2013

Crónica 15ª Feria de San Isidro

“MADRID, QUIÉN TE HA VISTO Y QUIÉN TE VE…”

Tarde de clavel y triunfalismo barato con puerta grande incluida para el único matador que debió pasear un trofeo: Alejandro Talavante. Corrida desigual de Victoriano del Río con varios ejemplares de grandes posibilidades en la muleta. Valentín Luján, herido grave.


24 de mayo y anunciado estaba el último gran cartel de la feria para aquellos espectadores que tan sólo acuden a la plaza con el “glamour” de las figuras. Era la última tarde del clavel, algo que, por otra parte, muchos agradecemos aunque solo sea por no tardar casi media hora en entrar a la plaza y sentarte en tu localidad entre tanto guapo y guapa. Era el último festejo que contaba con una terna íntegra de figuras, o mejor dicho, de las llamadas figuras del toreo actual. Y como las anteriores tardes de relumbrón no habían salido como se esperaba (fueron un auténtico petardo) hoy el triunfo estaba obligado. Por eso, entre público y presidente, convirtieron Las Ventas en una auténtica verbena de orejas. El listón de la plaza que se supone es la más importante del mundo bajó a la altura de cualquier coso de tercera o, como mucho, de segunda categoría. Lo venderán como casi la nueva “Corrida del Siglo”, como un gran espectáculo, pero, al menos para este modesto servidor, la corrida de hoy se quedó en entretenida y variada, nada más. Buena culpa del éxito cosechado lo tuvo el encierro de Victoriano del Río, muy bien presentado salvo el escurrido segundo, y que demostró que es de los pocos hierros predilectos de las figuras que aún tienen algo de casta. Fue la de Victoriano una corrida mansa en el primer tercio, pero que después sorteó a varios astados de triunfo en la muleta. Lo de siempre: el toro del siglo XXI que sólo se valora en el tercio final. Pero dentro de este tipo de toro, al menos hubo alguno que no fue “tonto”, que tuvo un interesante punto de casta. Los mejores, sin duda, el completo y buen segundo, y el manso pero encastado tercero que, después de merecer las banderillas negras en el tercio de varas (por supuesto, no se sacó el pañuelo rojo), llegó al último tercio metiendo la cabeza de forma extraordinaria y moviéndose con mucha transmisión. De la terna lo mejor llevó la firma de un Alejandro Talavante que, tras su nefasta encerrona de hace menos de una semana, dio motivos para la esperanza al volver (aunque fuera sólo por momentos) a la senda de la pureza y la verdad. Algunos naturales de los que firmó en su primero fueron sobresalientes, aunque su obra no mereciera, ni de lejos, el honor de abrir la puerta grande.

Con interés y, porqué no, con morbo, se esperaba el regreso de Talavante a la misma plaza que casi le despide con almohadillas en la gesta que al final no lo fue. Tras ese estrepitoso fracaso algunos decían que Alejandro no quería volver al coso de la calle Alcalá, que no tenía el ánimo y la fuerza para hacerlo, pero al final el destino quiso que la tarde terminara de forma muy distinta a la del día 18. A hombros se fue el matador extremeño tras desorejar a su primer oponente. El tercero, serio y bien presentado como la mayoría de sus hermanos, salió muy frío y suelto de salida. Le costó embestir y desplazarse en unos primeros capotazos que no pudieron ser lucidos. Después, en el caballo, terminó de cantar su condición de manso huyendo y casi pegando un salto cada vez que sentía la puya en su lomo. Al final entró tres veces, aunque ninguno de los puyazos provocara el castigo conveniente. Mereció las banderillas negras, pero parece que en la descafeinada y blandita fiesta de nuestros días, este castigo ya no tiene lugar. Tras una lidia horrorosa y un tercio de banderillas para el olvido, Alejandro Talavante cogió la muleta y rápidamente el respetable se dio cuenta de que su actitud había experimentado un giro de ciento ochenta grados respecto a la tarde de su encerrona. Alejandro llamó al toro a su jurisdicción, y el manso se puso a embestir de forma emocionante. Humillando mucho, repitiendo, y exigiendo, el de Victoriano del Río tuvo, por encima de todo, la virtud de la transmisión. A pesar de que la faena transcurrió cerca de las tablas, el animal finalmente se acabó rajando. El trasteo de Talavante no fue redondo, sino irregular. Con altibajos, el extremeño firmó una labor que llegó mucho a los tendidos. De entre todo destacó un sobresaliente cambio de mano que se convirtió en un natural eterno y que se remató con un fortísimo…Olé. En ese muletazo, los cimientos de Las Ventas, crujieron. A partir de ahí, varias series por ambos pitones en las que hubo grandes muletazos, pero también bastantes enganchones. La embestida de la res no fue fácil y Talavante tuvo que aguantar mucho. Lo más importante de todo es que ese Alejandro ventajista y casi antiestético de las últimas ocasiones, se transfiguró por momentos en el torero que un día fue, en ese que catapultó esta misma plaza cuando se presentó como novillero, o en esa antológica faena al natural al sardo de El Ventorrillo de nombre “Cervato”. Talavante volvió por sus fueros, pero la faena no tuvo la consistencia ni el peso exigibles para la apertura de la puerta grande más importante del toreo. La buena estocada que consiguió terminó de caldear el ambiente y las dos orejas cayeron. Excesivo premio para una buena obra. El que cerró plaza, el único que empujó algo en el peto del picador, le infirió una grave cornada al subalterno Valentín Luján. Este hecho marcó el posterior y breve trasteo de Talavante. El de Victoriano, que tuvo más complicaciones que los anteriores, se vino a menos en la muleta y acortó rápidamente el recorrido para empezar a defenderse. Su matador no terminó de encontrarse cómodo en ningún momento y se fue pronto a por la espada.

José María Manzanares también volvía para cumplir con su segundo y último compromiso en la feria. Como siempre, tuvo a la mayoría de la plaza a su favor, y a una parte muy reducida (pero ruidosa) en su contra. Constantemente fue recriminado por su colocación ventajista delante de sus respectivos enemigos, aunque al alicantino le dio exactamente igual y no rectificó ni un ápice. Además, los del clavel se pusieron de su parte y le acabaron regalando una oreja. Y es que eso fue, ni más ni menos, el trofeo que obtuvo del segundo, un regalo. Buen toro en la muleta resultó el primero del lote de José María. Completo ejemplar que además de nobleza, fijeza, y prontitud, tuvo recorrido, duración, y humilló. Manzanares lo único que hizo fue acompañar las embestidas, citando siempre al hilo del pitón, y retrasando (y escondiendo) por sistema la pierna que debe torear y cargar la suerte. Pero como a la mayoría esto de los cánones y la pureza les da exactamente igual, pues se dedicaron a aplaudir y animar al diestro, extasiados por su indudable e innato empaque, temple y elegancia. Esperó mucho en la suerte suprema Manzanares y logró un meritorio espadazo en la suerte de recibir, pero que cayó muy trasero. A pesar de que el animal tardó en caer, afloraron los primeros pañuelos y el usía, sin esperar siquiera a que la petición fuera mayoritaria, sacó el pañuelo blanco. Una auténtica vergüenza. El grandón y serio quinto, que según la tablilla pesaba seiscientos kilos, fue uno de los más descastados y deslucidos del lote del ganadero madrileño. Además, siempre embistió a la franela de su matador con la cara a media altura. José María Manzanares intentó justificarse pero se mostró incómodo, dubitativo, y sin saber como plantarle cara a su oponente.

Y abriendo cartel actúo Sebastián Castella. Después de una primera tarde en la que no pasó nada, esta segunda comenzó también torcida para él. El que abrió plaza, un toro atacado de peso, mostró celo en sus arrancadas, pero la mala suerte hizo que se lesionara una de sus manos y quedara inservible para la lidia. Un resignado Castella actuó como debía y mató rápidamente al animal. De este primer, y casi inédito, capítulo lo más brillante lo realizó Javier Ambel en un soberbio tercio de banderillas en el que sacó los palos de abajo, se asomó al balcón, y salió andando con torería. El cuarto fue el típico toro soñado por los toreros y por los ganaderos denominados comerciales. Muchísima nobleza, clase, fijeza, recorrido…pero, eso sí, la casta y la transmisión en el límite. Y el resultado final para el francés también fue de una oreja. “¡Alegría!, ya que estamos…” debieron pensar muchos. Es verdad que Sebastián Castella anduvo muy templado y cómodo con este que cerró su lote, pero la mayoría de su toreo fue despegado y faltó, además de ese ajuste, más pasión y rotundidad por parte del matador…y del toro. Al final la estocada que rubricó esa aseada pero anodina faena, también avivó la petición.

15ª abono Feria de San Isidro. Las Ventas. Con lleno de “No hay billetes” se lidiaron 6 toros de Victoriano del Río, bien presentados (salvo el escurrido 2º), desiguales de juego. Mansos en el primer tercio, algunos ofrecieron un buen juego en la muleta. Los mejores, el completo 2º y el manso pero encastado 3º. El 1º se lesionó una mano.

Sebastián Castella: silencio y oreja tras aviso
José María Manzanares: oreja y silencio
Alejandro Talavante: dos orejas y silencio

Foto: Javier Arroyo

jueves, 23 de mayo de 2013

Crónica Corrida de la Prensa (San Isidro)

"UNO QUE QUIERE SER FIGURA"

Iván Fandiño se reivindica en Madrid con una oreja y una grave cornada que sufrió al matar a su primero. Tarde de gran firmeza que contrasta con la actitud de sus dos compañeros. Corrida mansa y justita de fuerzas, pero con posibilidades, de Parladé.


Hoy en Madrid llegaba uno de los festejos más tradicionales de la temporada en Las Ventas. La Corrida de la Prensa, festejo fuera de abono pero programado en plena Feria de San Isidro, trajo de nuevo a los guapos y guapas del clavel, así como a personalidades y algunos famosos. Aunque este año tampoco vino el Rey, la Casa Real estuvo representada por la Infanta Elena que presenció el espectáculo desde una barrera. Antaño este cartel era uno de los más rematados del ciclo, pero en esta edición el remate brillaba por su ausencia. Las figuras del toreo estaban representadas por dos matadores que no lo son: El Cid y Daniel Luque, ambos sevillanos y que se han convertido en pareja inseparable en la mayoría de plazas y ferias. Junto a ellos, trenzando el primero de los tres paseíllos que tenía contratados, uno de los matadores más destacados de las últimas temporadas, especialmente de la de 2012. Iván Fandiño regresaba a una plaza que le espera y que le arropó desde el primer momento. Pero claro, ese empuje de la afición venteña no fue un regalo, sino que respondió a un ejercicio de agradecimiento y justicia por la actitud con la que vino Fandiño al coso de la calle Alcalá. Y esa actitud y compromiso de figura del toreo le valieron una oreja de peso, pero también una grave cornada. Así de duro, pero también de bonito, es el toreo.

El percance sobrevino en el final del segundo de la tarde. Tras pinchar en una ocasión, el de Orduña era consciente de que le pedirían con fuerza la oreja y por eso no dudó en tirarse encima de su oponente para asegurar la estocada. Y, efectivamente, el certero espadazo llegó, pero también la cornada. Fandiño no salvó el pitón y el de Parladé hizo presa. La voltereta fue tremenda, pero había dudas de si todo habría quedado en eso, en un susto. Desgraciadamente no fue así. Fandiño se levantó y, rápidamente, la sangre empezó a brotar de su muslo manchándole completamente la taleguilla. A pesar de que intentó quedarse y ver caer a la res que le había herido, los subalternos se lo llevaron corriendo a la enfermería. 25 centímetros de herida y pronóstico grave. Un "tabaco" fuerte, pero que gracias a Dios no afectó a vasos sanguíneos importantes. Y esa estocada, sólo ella, fue una auténtica llamada de atención, un símbolo de la actitud que posee en estos momentos Iván Fandiño. A pesar de que no se lo están poniendo fácil, y de haber optado por el camino de la independencia permaneciendo ajeno a los tejemanejes de los "taurinos", Fandiño se va abriendo camino y demostrando, en la plaza, que tiene condiciones y actitud para llegar arriba. Él dio hoy un auténtico ejemplo al resto de sus compañeros de como se debe venir a Madrid, de que en la primera plaza del mundo hay que ir a jugársela de verdad, sin cuentos ni excusas. Y al margen de la estocada y la cornada, Iván Fandiño ya empezó bien al recibir, muy templado, al que a la postre sería el único toro que mataría. El segundo, una sardina muy escurrida de carnes y que no tenía remate alguno, ya cantó en los primeros tercios su condición de manso. Como al resto de sus hermanos, no se le pegó casi nada en el tercio de varas, e Iván decidió dejarlo casi crudo. Siendo manso y no habiendo recibido apenas castigo en el caballo, al menos el de Parladé llegó a la muleta con movilidad y transmisión y duró más de lo esperado. Toda la faena se realizó cerca de tablas y ahí el mansito aguantó bastante y ofreció un buen juego. El comienzo por estatuarios ya fue una buena carta de presentación de las intenciones que traía Fandiño. Con la planta erguida y las zapatillas totalmente atornilladas en la arena, el vasco se quedó más quieto que la mar. Tras ese inicio llegaron sucesivas series por ambos pitones en los que las cualidades principales que desplegó Iván Fandiño fueron la firmeza, la mano baja, y el mando. Aguantó mucho y consiguió muletazos realmente notables que desataron los olés en los tendidos. A pesar de todas estas virtudes, por momentos faltó mejor colocación y no retrasar la pierna que torea. Hubo altibajos en ese aspecto de la pureza que tantas veces ha demostrado poseer, pero al margen de todo, el trofeo fue de ley y uno de los de más peso de lo que llevamos de feria.

Y, como el toreo es un espectáculo de contrastes, si hoy un torero vino de verdad al primer coso del mundo, otros que van de figuras y que no lo son, se pasearon por Las Ventas como si tuvieran su temporada hecha y cerrada. Ay, ¡perdón!, es que sí que tienen su temporada hecha… Pero, a lo que iba: la imagen mostrada por Daniel Luque fue pésima. Este joven matador sevillano que, inexplicablemente está presente en todas las ferias y acartelado en las mejores tardes, realizó su segundo paseíllo en el ciclo madrileño e hizo exactamente lo mismo que en su compromiso anterior: nada. Y, no desesperen ustedes si están deseosos de volver a verlo, porque aún le queda otra tarde. Manda narices. Pero claro, el caso de Luque es el espejo del actual sistema taurino empresarial. Por intereses, cambio de cromos, e influencia de ciertos apoderados, Luque, sin haber hecho mérito alguno, acude tres tardes a San Isidro, así como tantas otras en Valencia, Sevilla…y la mayoría de ciclos españoles. Y, aunque haya ofrecido una imagen lamentable, el año que viene volverá y, seguro, que no sólo un día. Mientras tanto, otros matadores jóvenes con ambición y condiciones, siguen en su casa sentados contemplando estas injusticias. Como decía, Daniel Luque no dio ni uno. Colocado clamorosamente fuera de cacho, anduvo perfilero, toreando con el pico, y con todas las ventajas habidas y por haber. En el tercero tampoco tuvo un gran producto delante, con un ejemplar también manso que, pese a que no se le picó casi nada, perdió las manos en numerosas ocasiones durante la anodina faena de su matador. El público apremió a Luque a matar al toro y, menos mal, éste abrevió. El colorado y anovillado quinto, tuvo tanta nobleza como falta de casta y transmisión. Embistió y embistió pero con una movilidad aborregada que no decía nada. Así que entre toro y torero…aburrimiento garantizado. Leves pitos escuchó en ambos turnos, aunque seguramente el sevillano tendrá la conciencia muy tranquila…

Y el otro sevillano del cartel (parecen un dos por uno), fue El Cid. El matador que antaño nos emocionara con su mano izquierda de oro en grandísimas faenas a bravos y encastados astados, hoy deambula por las ferias cumpliendo el expediente y resolviendo la papeleta con más o menos solvencia, pero sin llegar a parecerse lo más mínimo a aquel gran torero que fue. Quién te ha visto y quién te ve Manuel Jesús… Aunque, eso sí, y al contrario que Daniel Luque, por ejemplo, por lo menos el de Salteras lo intenta, es un torero que quiere…pero no puede. Y, además, como siempre hoy le tocó algún toro de triunfo de entre los tres que estoqueó. El bonito burraco capirote que abrió plaza se pegó una fea voltereta poco después de salir de chiqueros y ya ahí se terminó todo. Fue un animal que quería coger la muleta, pero que no podía. Inválido e inservible para la lidia, le faltó más fuerza que casta y debió de ser devuelto. El presidente, como no, lo mantuvo en el ruedo. Por su parte, el que saltó en sexto lugar (enlotado como quinto y segundo del lote de Iván Fandiño) fue un astado serio y muy bien presentado, pero que tuvo tan poca fuerza o menos como el primero. Aunque el segundo puyazo casi ni se lo señalaron, el de Parladé llegó al último tercio como un bicho moribundo que no transmitía ni peligro ni nada de lo que debe transmitir un toro bravo. El que sí fue bueno (del lote de El Cid) fue el cuarto, otro toro que se fue crudo del caballo y que luego tuvo gran nobleza y recorrido en la muleta de Manuel Jesús. Aunque su fortaleza anduvo también al límite, el mansito duró cuatro o cinco series ofreciendo un juego que debió ser mejor aprovechado. Del largo e irregular trasteo de El Cid se salvó una serie sobre la diestra en la que el torero bajó la mano y se encajó.

En definitiva, en la Corrida de la Prensa se vieron las dos caras del toreo: la del triunfo, con pago de sangre incluido, y la del fracaso. Hoy un torero cayó herido en Madrid, pero su percance no fue producto del destino ni la casualidad. Cuando un torero se pone en el sitio y se la juega…tiene muchas papeletas de acabar en la enfermería. En cambio, si tu actitud es nula y tus ventajas innumerables, entonces, amigo, eso de acabar en el hule se torna más difícil.

Tradicional Corrida de la Prensa. Las Ventas. Con casi lleno, se lidiaron 6 toros de Parladé, muy desiguales de presentación con algunos serios y cuajados (1º, 3º o 6º), y otros anovillados o escurridos de carnes (2º o 5º), y de manso y flojo juego en general, aunque nobles y algunos válidos para el triunfo en el último tercio. Los mejores, 2º y 4º.

El Cid: silencio, saludos y silencio
Iván Fandiño: oreja (herido, no pudo lidiar a su segundo)
Daniel Luque: leves pitos en ambos

Foto: las-ventas.com

miércoles, 22 de mayo de 2013

Crónica 13ª Feria de San Isidro

"PEDRAZA SE ESTRELLA EN MADRID"

Decepcionante debut del joven hierro salmantino de Pedraza de Yeltes con un encierro en el que predominó la mansedumbre. Pésima imagen de Uceda Leal y Eduardo Gallo. Un David Mora muy dispuesto se salva de la quema.


Muchos esperábamos con impaciencia el debut en San Isidro con corrida de toros de la ganadería de Pedraza de Yeltes. Los magníficos resultados conseguidos en las pocas temporadas de historia de esta divisa, presagiaban que la de Pedraza podía convertirse en la gran sorpresa ganadera de la feria. Nos decían los que habían visto las últimas novilladas y tentaderos de este hierro que el encierro podía desbordar casta y poder. Por eso, al igual que cuando vas a ver una película de la que te han hablado maravillas y luego te resulta un petardo, la decepción hoy acabó siendo mayúscula. El encierro enviado desde el campo charro, y que estuvo muy bien presentado en líneas generales (el segundo bajó en el conjunto del sexteto), resultó manso y anduvo, en algunos casos, en el límite de la fuerza y la casta. Es verdad que hubo dos toros, segundo y tercero, de grandes posibilidades en la muleta, pero, teniendo en cuenta las expectativas previas, el debut de Pedraza con corrida en Madrid fue un fracaso. A pesar de todo, la base que tiene esta ganadería (Aldeanueva-Raboso, por línea de El Pilar) es muy buena, el concepto de toro a buscar por los ganaderos también está muy claro y definido, y su extrema juventud nos sugieren que el juego de la corrida de hoy puede ser un simple borrón en el brillante expediente con el que cuenta hasta ahora Pedraza de Yeltes. Además, con tan sólo cuatro novilladas y una corrida de toros lidiada, venir a Madrid en pleno San Isidro con una corrida completa, ya es meritorio, ambicioso y valiente.

Y si decepcionante fue la gran corrida de Pedraza (en cuanto a su trapío), la actuación de dos de los espadas fue realmente preocupante. De la quema se salvó David Mora, que regresó a Madrid profuso de ganas y que al final fue el que firmó los mejores momentos del aburrido festejo. Y es que, queda claro, que la actitud todo lo puede. La carta de presentación de Mora fue un magnífico recibo a la verónica al primero de su lote. Enganchando al toro desde muy adelante, y meciendo luego los brazos con templanza, las verónicas del toledano pusieron a parte del público en pie. Cada día se acentúan más las diferencias de este matador entre el toreo que ejecuta con el percal, y el que realiza con la franela. Además de ese buen recibo, después Mora galleó por chicuelinas para llevar a su oponente al caballo, y más tarde volvió a intervenir en el turno de quites también a la verónica como en el inicio. Sus ganas se volvieron a hacer patentes con el brindis al público. Un brindis que precedió a un trasteo que fue de más a menos y que no terminó de convencer. Aunque logró una buena y templada serie al comienzo de la labor, después David Mora volvió a mostrar el toreo despegado y abocado que roza lo antiestético y que lleva a cabo desde el pasado año. El tercero, un castaño de bella e imponente estampa, como el resto de sus hermanos, empujó con los riñones en el peto, pero lo hizo sólo con un pitón y después saliendo suelto y cantando la gallina. A la muleta llegó con extraordinaria clase, ritmo, recorrido, y humillando mucho, pero la mansedumbre que ya había vislumbrado en el primer tercio, afloró completamente en cuanto se vio podido. Se rajó muy rápidamente un animal, que de no ser por esto, habría sido de lío. Con el astado de Pedraza ya completamente rajado en tablas y muy venido a menos, David Mora lo siguió intentando, pero en tandas inconexas de muletazos que no llegaron al tendido. Tras una certera estocada, ligerísimamente desprendida, algunos espectadores sacaron los pañuelos, pero la petición fue minoritaria. Con algunas protestas, Mora optó por dar la vuelta al ruedo tras la ovación con saludos. Y si nobleza tuvo su primero, todo lo contrario llevó dentro el que cerró plaza. El colorado que hizo sexto (muy en tipo del encaste como todo el encierro) ya cantó sus malas intenciones desde el principio. Muy listo y complicado, el de Pedraza puso en serios aprietos a los banderilleros en un segundo tercio de riesgo. Varios de ellos se salvaron de la cornada…por los pelos. En la muleta el animal pedía que se le dominara y plantara cara por abajo, pero su matador optó por hacer lo de siempre, sea cual sea la condición del enemigo: dar derechazos y naturales. Y, claro, el toro no pasó. Se quedaba corto, buscaba y todo sin humillar un ápice y sin clase alguna. Mora pasó las de Caín y se lo pudo quitar de encima con eficiencia.

Y si disposición y ganas mostró, toda la tarde, David Mora, todo lo contrario hicieron sus compañeros. La imagen que dejó el madrileño Uceda Leal fue verdaderamente negativa. Posiblemente la peor, o una de las peores, actuaciones del veterano matador del barrio de Usera en Las Ventas. En la misma plaza que ha dejado grandes sensaciones y estocadas, José Ignacio dio muestras de una alarmante falta de actitud, y también de sitio. Desdibujado ante sus dos toros, era un torero apático, medroso e difícilmente reconocible. Aunque nunca haya terminado de arrancar, por lo menos ha dado muestras de poseer un magnífico concepto del toreo, así como elegancia y clasicismo en las formas. Hoy, nada de eso apareció. El primero, precioso, serio y musculado, fue un mansurrón descastado que llegó al último tercio muy agarrado al piso. El cuarto tampoco terminó de romper y no ofreció grandes opciones. Pero, para rematar su “excelso” paso por San Isidro, Uceda tampoco acertó con el que siempre ha sido su fuerte: la espada. Si se le ha tenido como uno de los mejores matadores de los últimos años, hoy Uceda no demostró ni un mínimo de su capacidad estoqueadora. Tras dejar un pinchazo y un espadazo de fea colocación, cogió el descabello y ahí se armó la marimorena. Totalmente incapaz y sin recurso alguno, el diestro madrileño dejó más de una quincena de golpes de verduguillo sin que ninguno de ellos surtiera efecto. Aburrido, el animal se terminó echando y pudo ser apuntillado segundos antes de que sonara el tercer aviso. Bronca monumental para un Uceda que protagonizó una escena absolutamente recriminable y que es auténtica carnaza para los antitaurinos. Urgente la necesidad de fijar, por reglamento, un número máximo de pinchazos, así como de golpes con el descabello.

Y si desagradable para los sentidos fue esa agonía del segundo del lote de Uceda Leal, tampoco deseable la escena que protagonizó el quinto cuando, tras derrotar y golpearse contra las tablas de salida, cayó casi fulminado, para después levantarse completamente descoordinado. Mala suerte. Por supuesto hubo pañuelo verde y el toro, de espectacular estampa por su tamaño, regresó a los corrales. Para sustituirlo apareció un bichejo que parecía el hijo del que se había lastimado. El sobrero de José Vázquez, ni se tapaba por la cara. También manso en varas, después humilló y tuvo movilidad en la franela, aunque todo con escasa transmisión y sin decir nada. Y si el toro dijo poco, menos el torero. Eduardo Gallo se mostró incapaz de acoplarse con los dos animales que le correspondieron en suerte, así como incapaz de conectar con los tendidos. Muchos pases sin templanza, belleza, ni colocación, y con el añadido del poseer el mejor lote. Y es que el segundo, sin ser un sobresaliente ejemplar, fue un buen toro. Le faltó a este un punto de fortaleza, y también fue mansito, pero se arrancó a los cites con un galope alegre y embistió con nobleza, clase y recorrido. De lo que realizó Gallo ante él si acaso se salvó una primera serie con la diestra en la que estuvo algo más templado. El resto, para olvidar. Y luego pedimos oportunidades y nos erigimos en toreros revelación y novedad…

13ª abono Feria de San Isidro. Con tres cuartos largos de entrada, se lidiaron 5 toros de Pedraza de Yeltes, muy bien presentados en general, y de manso comportamiento en conjunto, con 6º peligroso y complicado, y más nobles y enclasados 2º y 3º, y 1 de José Vázquez (5º bis), mal presentado, y humillador pero soso.

Uceda Leal: silencio y bronca tras dos avisos
Eduardo Gallo: pitos y leves pitos tras aviso
David Mora: vuelta tras leve petición y silencio

Foto: Javier Arroyo