jueves, 27 de octubre de 2011

Balance de la temporada taurina 2011

JOSÉ TOMÁS REAPARECE, LAS GRANDES FIGURAS SE REAFIRMAN Y TOREROS MODESTOS SORPRENDEN, MIENTRAS LA CRISIS SE ACENTÚA Y EL TORO DESAPARECE

Ya ha concluido oficialmente la temporada taurina española 2011. Un año más, y tras unos ocho meses de ferias y festejos taurinos, el invierno llega y con él termina la temporada taurina en nuestro país. En los próximos meses en España no se celebrarán festejos taurinos y los aficionados tendrás que resignarse a observar desde la distancia las corridas de toros que se celebren al otro lado del charco, en América. En nuestro país hasta el mes de febrero y, sobre todo, marzo no se volverán a dar espectáculos taurinos pero durante estos meses la actualidad taurina no se paraliza y a partir de ahora comenzaremos a conocer cambios de apoderamiento, bailes en las cuadrillas, conoceremos las camadas de astados que aguardan en el campo para la temporada venidera, sabremos cuáles son las empresas que se hacen con plazas tan importantes como Las Ventas, etc. Muchas noticias nos esperan a partir de ahora, pero antes de mirar al año que viene, es conveniente hacer un análisis a grandes rasgos, un balance de lo que ha sido la recién finalizada temporada taurina española.

La reaparición más esperada

En este resumen que comienzo a hacer de la temporada taurina, los distintos puntos destacados no irán en orden cronológico, sino de importancia. Tomando en cuenta esta consideración, si hay algo que ha destacado sobremanera esta temporada y ha transcendido lo meramente taurino, ese hecho ha sido la reaparición de uno de los toreros más grandes de todos los tiempos: José Tomás. El diestro madrileño reapareció en medio de una expectación máxima e histórica en la plaza de toros de Valencia el 23 de julio junto a Víctor Puerto y el mexicano Arturo Saldívar. Esa tarde todos los ojos informativos estaban puestos en el coso de la Calle Xátiva y Tomás no defraudó a nadie y, a pesar de que el presidente le negó la puerta grande, cumplió con las expectativas y devolvió al toreo la pureza y la verdad de la tauromaquia. Al margen de la corrida de su reaparición, José Tomás actuó en otras ocho ocasiones y sin ser su temporada más brillante debido a las secuelas de su gravísimo percance de Aguascalientes, en todas las plazas que actuó colgó el cartel de “No hay billetes” y movilizó toda la atención mediática.

Las figuras contra la crisis

La temporada 2011 también se ha caracterizado por ser la de la “crisis”. Si bien en las últimas temporadas el mundo del toro también había notado los efectos de la grave crisis económica por la que atraviesa el país, este año sus consecuencias han sido mucho mayores y preocupantes. Se han reducido los festejos en un porcentaje alarmante y las plazas de toros han registrado las entradas más flojas de los últimos años. Ajenos, casi por completo, a la crisis y sus efectos, han estado las grandes figuras del toreo. Ellos han seguido manteniendo sus honorarios, pisando la mayoría de ferias y triunfando tarde tras tarde. Pero no todos lo han conseguido. Los grandes nombres de esta temporada son tres: José María Manzanares, Julián López El Juli y Alejandro Talavante. Los tres han hecho una temporada brillante y muy importante y han conseguido triunfos, no sólo en plazas de segunda y de menor categoría, sino en los cosos y ferias más importantes. Manzanares comenzó a gran nivel la temporada en Valencia, después hizo historia al indultar a un ejemplar de Nuñez del Cuvillo en Sevilla, abrió la puerta grande de Madrid y continúo con su racha en los sucesivos ciclos estivales. Gran temporada la del alicantino aunque también hay que decir que se ha beneficiado de una fuerte corriente triunfalista a su favor que yo denomino el “manzanarismo desbordado” y que pudimos ver, por ejemplo, en nuestra plaza de Albacete. El Juli no ha bajado el listón alcanzado en las últimas temporadas, sobre todo en la del año pasado. El madrileño se ha reafirmado en su condición de maestro y se ha impuesto tarde tras tarde a lotes buenos, malos y regulares. La otra gran figura que ha brillado esta temporada ha sido Alejandro Talavante. El extremeño ha devuelto la ilusión a todos los que apostábamos por él desde que comenzó a despuntar de novillero. Talavante no sólo ha conseguido mostrar unas increíbles y prodigiosas condiciones como torero, sino que también ha alcanzado una de las metas que se le resistían: la regularidad. Ha sido una temporada la suya mucho más regular, con muchos menos altibajos, y con históricas faenas como las realizadas en la Feria de San Isidro ante el toro Cervato de El Ventorrillo o la ejecutada a un astado de Cuvillo en la recién terminada Feria del Pilar de Zaragoza. Si ellos han sido la cara otros como Sebastián Castella, El Fandi o Enrique Ponce han sido la cruz por haber llevado a cabo pésimas temporadas. La de Morante de la Puebla también ha sido mala pero él se ha salvado con el triunfo conseguido en la Feria de Bilbao. El Cid o Perera han sido las otras figuras que sin haber cuajado una mala temporada, tampoco la han conseguido rematar ni que sus triunfos tuvieran regularidad.

Toreros revelación

Dos han sido los matadores que comenzaron la temporada casi en el olvido y la ignorancia de la mayoría de aficionados, pero que la han terminado estando en boca de todos: Iván Fandiño y David Mora. Ambos tienen trayectorias y carreras similares e igual que se hicieron fuertes en las corridas denominadas “duras” y que lucharon con sudor y sangre para estar en las ferias, ambos han conseguido llegar a la primera fila casi al mismo tiempo. Los dos son toreros que además de un grandísimo valor, poseen un muy buen concepto del toreo. David Mora ha sido la sorpresa más grande por su estilo elegante y clásico acompañado de un valor seco y frío y su emerger se ha dado desde mitad de temporada hacia el final. En cambio, el vasco Iván Fandiño comenzó a ascender posiciones desde el principio de la temporada, especialmente tras su notable paso por Madrid dentro y fuera de San Isidro. Ambos se merecen este reconocimiento y esperemos que los empresarios y profesionales les den el año que viene el sitio que se merecen y que se han ganado en el ruedo.

Decadencia del toro

Si el torero y el público son fundamentales en el espectáculo taurino, el auténtico protagonista es el toro. Sin él nada tendría sentido y el toreo no existiría. Por eso debe haber dentro de los aficionados una conciencia de la importancia capital que tiene el toro dentro de la fiesta a la que da el nombre. Esta temporada hemos vivido con tristeza y preocupación la imparable y alarmante decadencia en la presentación y el juego del toro en la mayoría de ferias y plazas. Empezó Valencia con la presentación de astados impresentables que llegaron de la mano del “productor de arte” (como él mismo se denomina) Simón Casas. Después Sevilla en la Feria de Abril consolidando su toro como uno de segunda y no de primera, pero el caso más preocupante llegó después, en San Isidro y en la primera plaza del mundo. El baile de corrales y algunos de los astados que saltaron al ruedo de Las Ventas fueron de vergüenza y ni las sonoras protestas del famoso tendido 7 consiguieron sonrojar a los culpables de tal despropósito. Y si Madrid bajó el listón, las ferias de junio ya fueron el colmo teniendo como máximos exponentes Alicante, Granada o Badajoz. Pamplona también bajó y quizás la única que se ha mantenido en la exigencia de un toro serio y con trapío ha sido Bilbao que comienza a ser el oasis de los aficionados al toro. En septiembre Albacete y Logroño se equipararon a Murcia, Salamanca o Valladolid y lo de Zaragoza este año ha sido de juzgado de guardia. En cuanto al juego destacar los hierros de Núñez del Cuvillo, con algunas excepciones, Fuente Ymbro con una camada muy brava y encastada, Alcurrucén o Cuadri. Dentro de las predilectas e ideales de las figuritas, Garcigrande. El resto han destacado por su mansedumbre, falta de casta y fuerza y por aburrir hasta a las moscas. Grandes toros sueltos han saltado a lo largo de la temporada como “Arrojado” de Cuvillo, “Cervato” de El Ventorrillo, “Guajiro” de El Pilar, etc.

martes, 25 de octubre de 2011

Artículo de opinión

HASTA SIEMPRE MAESTRO CHENEL

Sí, parece mentira pero es verdad, se nos ha ido nuestro querido maestro Chenel, se nos ha ido un torero legendario, se ha marchado para siempre el torero del mechón blanco, el torero del traje lila y oro, el torero que realizó una faena histórica a aquel toro blanco de Osborne llamado “Atrevido”. En definitiva, y esa es la triste noticia, ha muerte el maestro “Antoñete”. Aún tengo el corazón encogido, aún se me saltan las lágrimas cuando vuelvo a ver algunas de sus faenas o cuando recuerdo todo lo que he aprendido de él en todos los años que llevo siguiendo las ferias taurinas mas importantes de la temporada a través de canal plus. Por mi juventud no tuve la suerte de disfrutar de su toreo en directo, en el ruedo de una plaza de toros, pero puedo decir que he tenido el gran honor y la gran suerte de escucharle muchos años y de aprender muchísimo de toros gracias a él. Porque “Antoñete” no hablaba mucho, no sólo era un hombre de pocas palabras, sino que por su avanzada edad y las complicaciones de salud y respiración que padecía no podía decir todo lo que seguro le gustaría contar, pero no hacía falta porque el maestro Chenel con una mirada, con un susurro, con una sola frase, decía mucho más que cualquier otro que se extendiera durante dos o tres minutos sin parar de hablar. Y esa era la genialidad de Chenel: el, sin apenas hablar, decir tantas cosas y, sobre todo, tantas sentencias llenas de sabiduría y torería. Hoy en día a cualquier torero joven o que no ha tenido un sitio importante en el toreo se le llama maestro, pero esto es un gran error porque nos estamos cargando la emotividad, el respeto y la admiración que van implícitos en esa palabra. Un maestro es aquel que por sus conocimientos o experiencias tiene la capacidad de divulgar enseñanzas y hacer aprender a otros sobre algo y tengo que decir que, por lo tanto, hoy en día hay muy pocos maestros en el arte del toreo. Pero uno de ellos, sin duda, era el maestro Chenel, el maestro “Antoñete”. Él si que era un maestro con todas las letras y en todos los sentidos porque nos ha enseñado infinidad de cosas que siempre guardaremos en nuestro corazón de aficionados. Y no sólo de aficionados, sino también en nuestro corazón en general, en nuestro corazón humano porque Antonio, además de un maestro del toreo, un maestro dentro de la plaza, era un maestro fuera de ella, un maestro de la vida. No sólo fue un gran torero “Antoñete”, fue una gran persona y un gran hombre. Como torero siempre recordaremos que fue el máximo exponente del concepto del toreo clásico, ortodoxo, cargado de pureza y verdad; también que descubrió las distancias que requería cada tipo de toro; o como olvidar su mano izquierda y su soberbia media verónica. Fue un matador Chenel muy completo porque además tuvo un gran valor, ya que sólo desde ese desbordante valor y también de su increíble afición y amor a su profesión, se pueden entender sus numerosas retiradas y vueltas a los ruedos y el que con más de sesenta años, en vez de estar sentado en el brasero de su casa, estuviera enfrentándose a un toro y regalándonos auténticas obras de arte como la faena a aquel toro de Victoriano del Río en Jaén en el año 1999. O como olvidar esa faena histórica al toro “Atrevido” de Osborne en Madrid, una obra cumbre que debería ser vista por todo aquel que quiere ser torero. Como persona recordaremos su humor o su guasa, como siempre que aparecía un toro muy serio y armado en el ruedo decía que si a el le hubiera tocado, habría salido corriendo muerto de miedo, o como no recordar con una sonrisa la manía y la superstición que tenía al color amarillo y que nos ha transmitido a nosotros, unos aficionados a los que ya nunca se nos ocurre llevar alguna prenda amarilla a una plaza de toros: o, también la fraternal y preciosa imagen de sus diálogos con el semental, con su amigo, “Romerito”. Nos emocionamos viéndole torear, aprendimos escuchándole tarde tras tarde, nos reímos con sus bromas y comentarios… En resumen le cogimos mucho cariño, hemos sentido mucho su pérdida y lo echaremos mucho de menos pero nos queda la esperanza de recordarle cada tarde que pisemos un coso taurino y nos acordemos de algo que aprendimos de nuestro maestro, del maestro “Antoñete”. Gracias y hasta siempre maestro Chenel.

Muere el maestro Antonio Chenel "Antoñete"


ADIÓS A UNO DE LOS ÚLTIMOS MITOS DEL TOREO, ADIÓS AL MAESTRO ANTONIO CHENEL “ANTOÑETE”

El pasado sábado falleció en Madrid el maestro Antonio Chenel “Antoñete” a la edad de 79 años y tras sufrir una larga enfermedad respiratoria. “Antoñete” fue uno de los toreros más importantes de la segunda mitad del siglo XX y la afición lo despidió ayer lunes en “su” plaza de Las Ventas de la que salió, por última vez, a hombros por la puerta grande.

El mundo del toro despidió ayer a uno de los toreros más importantes y queridos de la segunda mitad del siglo pasado. Era de Madrid y se llamaba Antonio Chenel Albaladejo, pero desde pequeño se le comenzó a conocer como “Antoñete”. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que también acudió a despedir al diestro, anunció que se condecorará a “Antoñete” a título póstumo con la Gran Cruz de Beneficencia del Dos de Mayo y Manuel Cobo, vicealcalde de Madrid prometió que una calle de la capital llevará el nombre de “Antoñete”. El maestro Chenel nació el 24 de junio de 1934 en Madrid y muy cerca de la Plaza de Toros de Las Ventas que, pronto, se convirtió en su casa. Algunos miembros de su familia trabajaban en La Monumental y por eso, desde muy pequeño, “Antoñete” pasó gran parte de su tiempo, de su infancia y de su niñez dentro del coso venteño. Y junto a los aficionados de entonces, a las grandes figuras de los años 40, “Antoñete” comenzó no sólo a aficionarse a la fiesta de los toros, sino a querer ser torero. Y lo consiguió un 8 de marzo de 1952 en Castellón de manos de Julio Aparicio, siendo el testigo el maestro albaceteño Pedro Martínez Pedrés con astados de la ganadería de Francisco Chica. A partir de ese día comenzó una trayectoria artística muy irregular en la que en los sucesivos años se retiró y volvió a los ruedos en numerosas ocasiones, pero fue “su” plaza de Madrid, Las Ventas, la que siempre le reconoció su gran valía y devolvió con sonados triunfos la entrega que Chenel mostraba cada tarde en el ruedo en el que tantas veces había jugado y aprendido de pequeño.

ANTOÑETE Y EL TORO BLANCO

“Antoñete”, además, realizó el 15 de mayo de 1966 una de las faenas más importantes de la historia de la plaza de toros de Las Ventas. Fue ante el toro “Atrevido” de José Luis Osborne, un ejemplar ensabanado, de preciosa lámina y que fue todo calidad y nobleza en la franela del diestro madrileño. Fue un trasteo antológico en el que “Antoñete” hizo gala y mostró las virtudes y el gran concepto del toreo que poseía y por el que será recordado siempre en la historia del toreo. Fue uno de los más grandes exponentes del toreo clásico, puro y ortodoxo. También aportó a la tauromaquia su sabiduría del toro, el conocimiento que debe tener un torero de su oponente y fue todo un maestro en las distancias que se le deben dar a un toro para lograr aprovechar su viaje y embestidas. Durante toda su carrera sufrió serias cornadas y percances que le dejaron secuelas para el resto de su vida, pero el increíble valor y la afición que demostró por su profesión le hicieron no perder la ilusión y cuando estaba olvidado por público, crítica y profesionales volvió más fuerte que nunca. Su regreso a los ruedos en 1981 fue un auténtico revulsivo para la fiesta y devolvió a uno de los toreros mas completos e importantes para que las nuevas generaciones pudieran disfrutar de un “Antoñete” mucho más maduro y que realizó con mas de sesenta años auténticas obras de arte en numerosas plazas y, por supuesto, en Madrid. El 27 de agosto de 1988 se retiró definitivamente de los ruedos en Bilbao, aunque siguió toreando festivales y nunca se terminó de ir de la cara del toro.

ÚLTIMA ETAPA Y ENFERMEDAD

“Lo que no consiguieron los toros, lo consiguió el tabaco”, esta es una de las frases más dichas estos días por los familiares, amigos y compañeros del maestro Chenel porque si “Antoñete” tuvo una debilidad en su vida, esa fue el tabaco, un tabaco que le ocasionó graves problemas de salud y que finalmente acabó con su vida el pasado sábado. Hacía ya bastantes años que el veterano matador había dejado el que fue su vicio reconocido, pero los pulmones no olvidaron y en los últimos meses, “Antoñete” estuvo muy delicado de salud y aquejado de una grave enfermedad respiratoria. El pasado jueves 20 de octubre fue ingresado en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y, aunque todos tenían la esperanza de que Chenel saliera adelante y pudiera con este duro golpe de salud, desgraciadamente el corazón del maestro se apagó el sábado por la noche rodeado de sus familiares, amigos y compañeros de profesión. Pero el maestro del mechón blanco, como también se le conocía por el prematuro mechón canoso que le apareció siendo todavía joven, alcanzó una gran popularidad en los últimos veinte años por acompañar al periodista Manuel Molés en sus retransmisiones taurinas en Canal+ y en la Cadena SER. Desde ese momento ambos se hicieron inseparables y los conocimientos y la sabiduría del maestro Chenel le valieron el cariño y admiración de toda una generación que ha crecido escuchando los sabios comentarios del maestro con su característica y particular voz ronca y entrecortada.

MULTITUDINARIA DESPEDIDA

Ayer lunes todo el mundo del toro e infinidad de aficionados y admiradores de “Antoñete” pudieron rendirle un último homenaje y despedirse del maestro acudiendo a la capilla ardiente del espada que se instaló desde las 10 de la mañana en la Sala Alcalá de la Plaza de Toros de Las Ventas. Un gran número de aficionados y profesionales pudieron darle el último adiós a un “Antoñete” vestido de corto, con un traje verde botella de terciopelo, y rodeado por numerosas coronas de flores, un retrato de su juventud y su típico y característico traje de luces lila y oro que fue siempre su favorito y que vistió en la última tarde que actuó en la Monumental de Las Ventas. Muchos matadores de toros como Palomo Linares, Enrique Ponce o César Rincón, banderilleros como “El Boni”, al que dedicó las últimas palabras antes de morir, el equipo de canal plus con su gran amigo Manuel Molés al frente, críticos taurinos, ganaderos como José Luis Lozano, empresarios y, por supuesto, cientos de aficionados pasaron a lo largo de toda la mañana por la abarrotada capilla ardiente que fue clausurada a las 4 de la tarde, minutos antes de que el féretro de “Antoñete” fuera sacado, por última vez, por una puerta grande que consiguió abrir hasta en siete ocasiones, la puerta grande de la gloria, la puerta grande de Las Ventas, la que fue su casa y la que siempre será su plaza.

martes, 18 de octubre de 2011

Artículo de opinión

ALEJANDRO TALAVANTE, UN TORERO ÚNICO Y GRANDIOSO

Ya ha concluido la temporada taurina española y con ella atrás quedan infinidad de tardes de toros vividas en directo (en la plaza) o a través de la televisión. No sabría decir el número exacto de faenas, de corridas y de toros que he visto este año, pero si puedo decir que han sido muchas. Muchas han sido las faenas y lar tardes que he presenciado, pero en cambio son pocas las que creo recordaré durante mucho tiempo. El toreo es grandeza y, pese a que muchas tardes sean aburridas e incluso hagan enfadarte e indignarte, cuando tienes el privilegio y la suerte de contemplar una gran faena, una obra de arte firmada en un corto espacio de tiempo por un artista, el torero, ante un animal imprevisible, bravo y encastado, todo lo malo se olvida y esos diez minutos de éxtasis bien valen la pena. Pero de decenas y decenas de festejos, muy pocos son los que intercalan faenas grandiosas y esta temporada puedo contar con los dedos de una mano los trasteos que me han levantado del asiento y que han sido completos por el toro y el torero. Al margen de la tarde de la reaparición de José Tomás en Valencia en julio, que nunca olvidaré por su intensidad y emoción, si esta temporada tengo que elegir un torero, quedarme con uno de los muchos matadores a los que he tenido la oportunidad de ver, me quedo sin duda con Alejandro Talavante. Por encima del maestro “Juli” e incluso de Manzanares que vive el momento más importante de su carrera, el extremeño es para mí el matador de toros más importante y completo del momento. Talavante es un torero único, diferente a los demás y tiene algo que muy pocos poseen en este momento: verdad y pureza en su toreo. Alejandro Talavante es para mí el torero que, junto al gran José Tomás, se pone en el sitio más arriesgado y meritorio a la hora de torear. Estamos cansados de ver a matadores e incluso novilleros que realizan su profesión con infinidad de ventajas y mentiras. Incluso hoy en las escuelas taurinas se enseña el toreo “fácil”, ventajista y mentiroso, frente al toreo de puro y de verdad. Con el compás semicerrado, Talavante echa los vuelos de la muleta al hocico del toro, encaja los riñones y corre con despaciosidad y mano baja la franela hasta vaciar la embestida del animal en la mismísima cadera con un sublime muñecazo que le hace ser un auténtico prodigio. Talavante es de los pocos que sí se pasan la embestida de los toros por la faja y que no torean en línea ni con toques hacia fuera para despedir la acometida de sus oponentes. Por eso tiene tanto mérito que realizando el toreo de esa forma, tan de verdad, consiga templar a los toros y estirar el brazo para alargar la embestida. Y todo esto lo realiza no sólo ante ejemplares nobles, dóciles y aborregados, sino ante astados bravos y encastados, nada fáciles y que piden el carnet de identidad. Ahí está la faena al toro “Cervato” de El Ventorrillo, una auténtica obra de arte y un ejemplo de lo que es la emoción y la verdad del toreo. Esa es una de las faenas que nunca olvidaré y que han conseguido ponerme los pelos de punta esta temporada. La otra también ha llevado la firma de Talavante y tuvo lugar hace pocas fechas en el coso de La Misericordia de Zaragoza en la Feria del Pilar. Ante un gran ejemplar de Núñez del Cuvillo, Alejandro construyó un trasteo cargado de algo que también está en vías de extinción y que echamos mucho de menos: improvisación. Talavante improvisó sobre la marcha, cada muletazo era distinto y superior al anterior, nos enseñó muletazos originales, peculiares y que muchos desconocíamos…fue en definitiva toda una lección taurómaca. Y además de todo lo que he dicho anteriormente, las más grandiosas faenas del diestro extremeño se basan en el toreo al natural, con la mano izquierda, la mano de la que brota el llamado toreo “caro”. Su espejo es José Tomás y su asignatura pendiente era la regularidad y la espada. El ser más regular ya lo ha conseguido y ahora queda la tarea de la suerte suprema, pero hay tiempo porque Alejandro Talavante es muy joven y lleva en esto muy poco tiempo, algo que nos tiene que hacer darnos cuenta del nivel que puede llegar a alcanzar este torero genial, único y grandioso que recoge en su tauromaquia tantas y tantas virtudes: valor, temple, largura, profundidad, verdad, pureza, improvisación…