jueves, 8 de marzo de 2012

Los "Adolfos" para Fallas

Los toros de Adolfo Martín que saltarán al ruedo en la primera corrida del abono fallero ya están en los corrales. Los astados de la divisa verde y roja serán los encargados de abrir la Feria de Fallas 2012, y con ella la primera gran cita de la temporada taurina de este año. Seguramente a lo lago del ciclo valenciano, muchos serán los astados que continúen bajando el nivel de seriedad que posee actualmente el coso de la calle Xátiva. Valencia es una plaza de primera categoría y, por lo tanto, se deberían lidiar corridas acordes con esta categoría y no animales anovillados y faltos de cuajo. Antes de que empiece la feria, lo que es seguro es que el de Adolfo Martín será el encierro mejor presentado. A continuación, las fotos que dan fe de ello, recogidas en los corrales de la plaza a pocas horas de que salgan por chiqueros. Como verán, se trata de un lote muy serio, pero de fantásticas hechuras, con animales rematados y muy musculados. Ojalá Adolfo tenga suerte y además de ovaciones a la salida de chiqueros, también sean despedidos de esta forma cuando vayan camino del matadero. Por ser uno de los mejores ganaderos de la actualidad, se lo merece.

(Fotos: Rullot)

miércoles, 7 de marzo de 2012

Artículo de opinión

"PADILLA, ¡QUÉ GRANDE ERES TORERO!"

Con la emoción aun clavada en el corazón escribo estas líneas con las que pretendo hacer mi particular y sentido homenaje al diestro Juan José Padilla. El pasado domingo tuve la oportunidad de viajar hasta la localidad pacense de Olivenza para presenciar una de las reapariciones más esperadas de los últimos años. Tan sólo 5 meses después de sufrir una gravísima y terrible cornada en la Feria del Pilar de Zaragoza, el diestro Juan José Padilla cumplía su sueño y promesa de volver a vestirse de luces y hacer el paseíllo en una plaza de toros. Pese a la gravedad de la cornada y las secuelas sufridas, el diestro jerezano tuvo la intención desde el principio de volver a los ruedos y continuar con su ya extensa y dura carrera profesional. Padilla es uno de los diestros del escalafón mas castigado por los toros y un matador desde hace muchos años encasillado en las denominadas corridas duras. Pese a que su concepto y forma de torear nunca ha terminado de gustar ni de ser admitida por los más entendidos y ortodoxos, esto le ha hecho ganarse el respeto del aficionado que reconoce el mérito de ponerse delante, tantas tardes, de toros de un enorme trapío y grandes dificultades. Varias veces ha estado ya el diestro de Jerez a punto de perder la vida en las astas de un toro, pero estos percances no sólo no le han hecho venirse abajo y tirar la toalla, sino que le han hecho más fuerte y afrontar con una mayor ilusión su profesión de matador de toros. La secuela más grave que sufrió Juan José a raíz de la cornada que le infirió ese toro de Ana Romero en Zaragoza fue la pérdida de la visión en el ojo izquierdo, por eso parecía muy difícil que Padilla se pudiera volver a poner delante del toro, ante un público y en plenas facultades. Pero si los toreros están hechos de otra pasta y son toreros fuera de lo normal, Juan José Padilla lo es todavía más. Siempre se ha caracterizado por su alegría y positivismo en la cara del toro, por no achicarse ante las adversidades y por ser un hombre de una fortaleza física y mental descomunal. Si alguien dudaba de todas estas cualidades, Padilla nos las ha vuelto a demostrar pero multiplicadas por mil. Según sus propias palabras, Juan José no le guarda rencor al toro y las alegrías que le ha dado esta profesión pesan mucho más a todas las durezas y desgracias que ha tenido que soportar. Los toreros no se pueden equiparar al resto de profesionales, ellos no se introducen en el mundo del toro para buscar salidas ni ganarse la vida según lo que más les gusta; ellos son toreros por vocación, porque no entienden el mundo sin los toros y sin la posibilidad de sentir la embestida de un animal rozándoles los muslos y el alma. Juan José Padilla ha vuelto a demostrar, como ya lo hizo el pasado verano José Tomás y otros tantos en la historia del toreo, la grandeza de este arte y espectáculo inigualable. En un momento en el que en la sociedad solo se valoran aquellos gestos y acciones basadas en lo fácil y en lo superfluo, y en un momento en el que los valores tradicionales del respeto, la lucha, el esfuerzo y el sacrificio casi han desaparecido de la sociedad, un torero nos ha devuelto la esperanza en la vida, en lo grande que puede llegar a ser esta. Ver a un hombre que ha sufrido tanto volver a sonreír y a disfrutar jugándose la vida como si nada hubiera pasado y como si su ojo izquierdo siguiera viendo la belleza del mundo en vez de estar ocultado por un parche, es de las cosas más bonitas y emocionantes que se pueden ver y sentir. Juan José Padilla nos ha vuelto a dar una lección a todos, una lección de vida y de superación y ello no debe quedar exento de reconocimiento y de admiración, debe ser alabado y quedar en la conciencia de todos. Termino diciendo una sola frase que todos gritábamos el domingo en el coso de Olivenza: Padilla, ¡TORERO! ¡TORERO! y ¡TORERO!

martes, 6 de marzo de 2012

Crónica reaparición Juan José Padilla

"EL REGRESO DE UN HÉROE"

Después de cinco meses desde su gravísimo percance en Zaragoza, el torero de Jerez volvió a los ruedos abriendo la puerta grande del coso de Olivenza. La inválida y descastada “novillada” de Cuvillo deslució el cartel estrella de la feria pacense e imposibilitó el lucimiento de Morante y Manzanares.


En un momento como el actual en el que los valores morales y éticos han desaparecido casi totalmente de la sociedad y en el que en nuestro país solo tienen cancha la frivolidad, la hipocresía, la envidia y el materialismo, es más necesario que nunca el que haya seres de una grandeza humana como el caso de Juan José Padilla. El pasado 7 de octubre en el coso de la Misericordia de Zaragoza, el diestro jerezano sufrió una terrible cornada cuando salía de clavar un par de banderillas ante un astado de Ana Romero. Padilla se tropezó y cayó al suelo con la horrible suerte de que el ejemplar santacolomeño hizo por él y le corneó de forma espantosa en la cara. El pavor y la incertidumbre se apoderaron de una plaza que quedó sumida en el silencio y el desasosiego al comprobar la gravedad del percance. Gracias a Dios y a pesar de los espectacular y grave de la cornada, Juan José Padilla consiguió salir adelante y comenzó un duro período de rehabilitación en el que la peor noticia fue la que aseguró que el diestro de Jerez había perdido la visión de su ojo izquierdo a consecuencia de la cogida. Si esto le hubiera ocurrido a cualquier persona “normal” el período de recuperación habría sido largísimo y las secuelas, innumerables, pero los toreros parecen ser seres de otro planeta, personas que están hechas de otra pasta. Así, aun conmocionados por la cornada que había sufrido, Padilla habló para agradecer el cariño y apoyo recibido, tranquilizar a todo el mundo y asegurar que se volvería a vestir de luces y a hacer el paseíllo en una plaza de toros. Esto parecía imposible, sobre todo teniendo en cuenta el poquísimo tiempo que había pasado desde aquel fatídico 7 de octubre, pero el deseo y la esperanza de Juan José se hicieron realidad al anunciar oficialmente que reaparecería el 4 de marzo en Olivenza (Badajoz), en la primera feria destacada de la temporada.En esta crónica podríamos extendernos hablando de los fallos técnicos o del concepto del toreo que demostró el pasado domingo Juan José Padilla en Olivenza, pero creo que estas líneas deben ser el reconocimiento y el homenaje hacia un héroe que reapareció después de cinco meses en los que ha estado en la cuneta del dolor, el esfuerzo y la lucha. La noticia es que el domingo reapareció en Olivenza un héroe, el héroe Padilla.

EMOCIONES A FLOR DE PIEL

El día había llegado, la expectación era máxima y en el ambiente se respiraba una sensación común de máximo respeto, admiración y emoción ante la inminente vuelta del “Ciclón de Jerez”. Vestido de un terno verde esperanza y oro (como símbolo de que en ningún momento había perdido la esperanza de volver a hacer el paseíllo vestid de luces) y acompañado de dos figuras del toreo de la talla de Morante de la Puebla y José María Manzanares, Juan José Padilla pisó el ruedo de Olivenza en medio de una tremenda ovación de un público que abarrotó la plaza para ser testigo de la vuelta del héroe. Con la gente puesta en pie aplaudiendo al siempre entregado y valeroso Padilla, se hacía realidad el sueño del propio matador, pero también el de todos los que amamos el arte del toreo, un arte más grande aún tras la vuelta del último héroe contemporáneo. Tras ser obligado a saludar por el respetable, el toque de los clarines y timbales indico el momento de la verdad, la salida del primer toro de la tarde. Y se abrió el portón de chiqueros y apareció el “cuvillo” de la reaparición. Rápidamente Padilla se hizo presente en el ruedo, desplegó el capote y lanceó por primera vez al bonito ejemplar de la divisa gaditana. En ese momento un escalofrío recorrió el cuerpo de todos los presentes y esa angustia y emoción inicial, se tornó en olés para premiar el templado recibo a la verónica que consiguió Juan José. Tras un puyazo corto debido a la aparente debilidad del astado, Padilla tomó los palos para volver a desempeñar una de las suertes que han caracterizado su ya larga carrera profesional.

Con las banderillas el espada gaditano demostró poseer las mismas facultades de siempre y consiguió un tercio brillante en el que expuso mucho y clavó en la cara asomándose al balcón. Padilla brindó el primer toro de su lote a los médicos que le salvaron la vida el pasado mes de octubre en Zaragoza y se dispuso a torear con la muleta al toro de Cuvillo. Éste tuvo tanta nobleza y clase (las dos condiciones más requeridas hoy en día por los toreros), como poca fuerza y casta. El animal se paró desde el inicio del trasteo y su debilidad se tornó en invalidez. Juan José Padilla solo pudo demostrar una enorme disposición y tras dejar una estocada casi entera desprendida, fue premiado con un trofeo que premió más sus ganas y deseo de agradar, que la deslucida labor muletero que llevó a cabo por la condición del marmolillo de Núñez del Cuvillo. El cuarto del festejo fue un ejemplar más feo, escurrido y cariavacado que lució un pelaje colorado chorreado en verdugo. Este toro tuvo algo más de fortaleza que sus hermanos y compartió la seña de identidad de la corrida: la nobleza. Tuvo algo menos de clase pero permitió a Juan José Padilla realizar una faena más larga e intensa. Dos versiones demostró Juan José en su vuelta: una más templada y ortodoxa; y otra más acelerada y populista (la más parecida al Padilla de siempre). En este cuarto, desplegó la segunda de las versiones una vez que la emoción del momento se apoderó de él y comenzó a recuperar las señas de identidad que le han acompañado todos estos años. Este segundo trasteo fue un derroche de valor, casta y arrojo y también un muestrario de suertes consideradas populistas como desplantes, agarrones a los cuartos traseros del toro, pases de pecho y molinetes…al margen de la brillantez de su labor, el reconocimiento de la plaza a su esfuerzo fue unánime y tras pinchar en dos ocasiones y dejar una estocada tendida cortó la otra oreja que le permitió abrir la puerta grande en la tarde más especial de su vida.


UN TERCIO DE BANDERILLAS IRREPETIBLE

Quizás lo más lucido y brillante de la tarde, al margen de las emociones vividas con la reaparición de Padilla, fue el tercio de banderillas del cuarto de la tarde. El protagonista de la tarde invitó a sus dos compañeros de terna a colocar los palos en el segundo de su lote y tanto Manzanares como Morante no se pudieron negar y accedieron inmediatamente. Fue un tercio de banderillas sencillamente sublime. Los tres pares fueron extraordinarios, a cada cuál mejor. Los tres hicieron la suerte con enorme pureza, yendo de frente a buscar al toro, reuniendo los palos abajo y clavando en la cara asomándose al balcón. Expusieron muchísimo los tres y los pares cayeron arriba y reunidos. Padilla, Morante y Manzanares saludaron una atronadora emoción de unos tendidos puestos en pie que volvieron a ver a matadores de toros clavando banderillas como mandan los cánones y no en un alarde de facultades más propias de un atleta, que de un torero. Ustedes mismos opinen a quién o quiénes me refiero…

Y CUVILLO AGUÓ LA FIESTA

El resto del festejo no dejó casi nada destacable. La corrida del hierro de Núñez del Cuvillo, el más cotizado en la actualidad, dio al traste con las esperanzas e ilusiones creadas y pegó un petardo sin paliativos. El encierro (como se esperaba) estuvo mal presentado con ejemplares anovillados y muy sospechosos de pitones. Pero si la fachada fue mala, el interior fue peor. Todos los astados lidiados tuvieron nobleza y clase en distinta medida: desde los enclasados primero, segundo o sexto; hasta los más deslucidos tercero y quinto. Estos dos últimos tuvieron un calamocheo constante a consecuencia de su poca fortaleza, ya que se defendieron acortando su recorrido y pegando cabezazos. Morante de la Puebla anduvo muy templado en su primero, el segundo de la tarde. A este animal lo recibió con un notable saludo a la verónica y luego firmó las dos series más destacadas del festejo. Fue al principio de la faena, con la mano diestra y antes de que el toro “echara la persiana”. El sevillano alargó mucho la mano, llevó cosida la embestida de su oponente y cargó mucho la suerte. Todo ello, como siempre, adornado con su singular y única clase y cadencia. Tras dejar casi media caída y atravesadilla y escuchar un aviso, fue premiado con una oreja muy liviana de peso. El cuarto demostró desde el principio su condición de inválido defendiéndose con un molesto y constante calamocheo que hizo no darse coba al diestro de la Puebla del Río y coger rápidamente el estoque para pasaportar al descastado ejemplar de Cuvillo. Fácil con la espada, división fue lo que escuchó Morante en este toro.

Una oreja también fue el premio que recibió José María Manzanares. El alicantino anduvo fácil toda la tarde, dejando patente el temple que imprime a los muletazos, y el empaque con el que adorna los mismos. La del tercero fue una faena irregular, que no tuvo continuidad ni remate debido a la condición de su antagonista. En esta labor destacó un lento y largo cambio de mano, así como la estocada con la que culmino la faena. Manzanares dejó una gran estocada (aunque un pelo desprendida) entrando a matar en la suerte de recibir. También intentó pasaportar de esta forma al segundo de su lote, pero en esta ocasión la espada se le atravesó y después de pinchar en dos ocasiones, dejó una estocada de fea colocación. El sexto tuvo en el inicio algo más de motor y raza, pero rápidamente se desinfló y acabó rajándose. El diestro de Alicante destacó en las dos primeras series sobre el pitón derecho y después lo siguió intentando con insistencia, pero sin lucimiento alguno. En la lidia de este último destacaron también Curro Javier con el capote y Juan José Trujillo con los palos.

FICHA DEL FESTEJO

4ª de abono de la Feria de Olivenza, con lleno de “no hay billetes” en los tendidos, se lidiaron 6 toros (3º bis) de Núñez del Cuvillo, mal presentados y muy sospechosos de pitones, y de pobre juego en general. La mayoría nobles y con clase pero muy justos de fuerzas y descastados. 1º y 2º nobles y enclasados pero inválidos, descastados y muy parados; 3º y 5º nobles pero con poco recorrido y un calamocheo constante muy molesto; 4º noble y con algo más de motor y raza, aunque menos clase; y 6º duró un suspiro y rápidamente se rajó mostrando su falta de casta.

Juan José Padilla (verde esperanza y oro): oreja en ambos.

Morante de la Puebla (negro y oro): oreja tras aviso y división de opiniones.

José María Manzanares (nazareno y oro): oreja y ovación.

jueves, 1 de marzo de 2012

Recuerdo de la "Corrida del Siglo"

OTRA FIESTA ES POSIBLE

Hace pocas fechas pude disfrutar, por primera vez, del visionado de la famosa "Corrida del Siglo" que tuvo lugar en la Monumental de Las Ventas el 1 de junio de 1982. Antes había visto fragmentos sueltos de ese inolvidable festejo, pero no la había podido ver íntegramente. Después de mucho tiempo buscándola, la conseguí además con buena calidad tanto en la imagen, como en el sonido. Viví el visionado de la corrida con sentimientos enfrentados: por un lado una gran emoción y satisfacción por lo que estaban viendo mis ojos, pero por otro, sentí un profundo desasosiego al comprobar como ese espectáculo que se mostraba ante mí está absolutamente en vías de extinción. Ese espectáculo lo pude vivir a través de un dvd y tras el paso de tres décadas, pero dudo mucho que algún día pueda llegar a presenciar en directo, en los tendidos de una plaza de toros, un espectáculo semejante.

La "Corrida del Siglo" es sencillamente el arte del toreo, el ideal de tauromaquia hecho realidad. Yo entiendo la fiesta de los toros como un espectáculo, un arte, cargado de emoción y de riesgo. Entiendo la tauromaquia como la lucha de un hombre y una bestia, en igualdad de condiciones. Y para que se de este espectáculo, al ruedo debe saltar un animal íntegro y con un comportamiento cargado de casta y de bravura. Frente a él, debe encontrarse un hombre provisto únicamente de un capote o una muleta para hacer frente a las embestidas del cornúpedo. Y la lucha debe darse sin ventajas ni engaños. Todo lo demás, para mí, no es fiesta de los toros, no es arte de torear y no es tauromaquia, es simplemente un simulacro de ésta. Y desgraciadamente lo que vemos actualmente en la mayoría de los cosos españoles es eso: un simulacro, una representación simulada de lo que es la verdadera fiesta taurina. Por eso creo que es más conveniente y oportuno que nunca el recordar aquel festejo legendario que devolvió la ilusión a los grandes y verdaderos aficionados y que suposo una auténtica oxigenación para la tauromaquia del momento y la sucesiva. Si este tipo de espectáculos se repitieran más a menudo y no fueran parte de la Historia y del pasado, ni los antitaurinos ni los políticos oportunistas podrían cargarse este inigualable y excelso arte. Mientras los ganaderos sigan criando un toro a modo para los toreros y unos astados llenos de nobleza y calidad para que las figuras del toreo se sientan cómodas delante de ellos, y no unos animales encastados, bravos y poderosos; mientras las figuras del toreo y el resto de matadores rehuyan de las ganaderías bravas y encastadas y continúen exigiendo los hierros del toro "bobo"; mientras los medios de comunicación sigan callando ante estas situaciones y el fraude y la corrupción reinante en la fiesta; y mientras las empresas y el público se sigan olvidando del verdadero protagonista de la fiesta (el toro), la tauromaquia tendrá sus días contados porque habrá perdido los valores más importantes sobre los que se ha asentado en estos más de dos siglos de existencia.

La "Corrida del Siglo" es un ejemplo de la realidad contraria a la de hoy en día, es un ejemplo de lo que ha sido siempre y debe seguir siendo la fiesta de los toros. Como dijo el gran Matías Prats a la muerte del quinto toro de esa gran tarde: "Animaros aficionados a los toros porque con tres o cuatro tardes como está la fiesta está salvada y nadie podrá oponerse a ella". Los argumentos a favor de la fiesta (la verdadera) son tan grandes y sólidos que nadie tendría la fuerza suficiente para derribarla, pero, en cambio, los argumentos a favor de la fiesta actual son tan débiles e inestables que cualquiera puede destruirla para siempre. Tenemos ejemplos de que una fiesta distinta a la de hoy en día es posible así que...¡luchemos por ella!

CRÓNICA DE LA "CORRIDA DEL SIGLO" POR JOAQUÍN VIDAL

"El gran espectáculo"

Plaza de Las Ventas. 1 dejunio. Vigésima corrida de la Feria de San Isidro.Toros de Victorino Martín, de impresionante trapío, casta y nobleza excepcionales; al cuarto se le dio la vuelta al ruedo.

Ruiz Miguel: Estocada corta y descabello (oreja, dos vueltas al ruedo y aclamaciones de "¡torero!"). Dos pinchazos y estocada caída (oreja y clamorosa vuelta al ruedo). Luis Francisco Esplá: Dos pinchazos y estocada corta (aplausos y saludos). Media estocada recibiendo (dos orejas). Jose Luis Palomar: Estocada tendida perdiendo la muleta (oreja, dos vueltas al ruedo y aclamaciones de "¡torero!"). Estocada atravesada que asoma y descabello (oreja). El ganadero, el mayoral y los tres espadas dieron la vuelta al ruedo a la muerte del quinto toro y al acabar la corrida salieron a hombros por la puerta grande.

Los toros, con trapío y casta; los toreros, con oficio y valientes. Así es la fiesta, así fue siempre y por eso era, como lo fue ayer, ese espectáculo grandioso y único que arrebata multitudes.

A los lamentos de los empresarios cuando la gente no pasa por taquillas, conviene responder que lloran su propia estulticia, porque son ellos quienes echaron al público de las plazas con ese subproducto fraudulento y hortera que inventaron para que unas figuritas de mentira exhibieran su mediocridad con las borregas.

Al público le vuelve a meter en las plazas la corrida verdadera, la de ayer; la que tiene emoción en todos los tercios; aquella en cuya lidia lances y suertes se multiplican y cuanto sucede en la arena suspende el ánimo, pues hay fiereza en el toro y el torero la somete con valor, técnica y galanura.

La corrida que vimos no llegó a ser la mejor de las posibles; otras habrá con toros más bravos y faenas más completas. Fue, en cambio, un modelo de autenticidad, y gracias a ella la emoción se enseñoreó del espectáculo. El público, que abarrotó el coso, vibraba con un entusiasmo pleno, y se satisfacía del reencuentro con la fiesta de siempre, la que viene reclamando durante años con pasión y fe de iluminado.

Salieron los victorinos irrepochables de trapío, impresionantes de cornamenta, y bajo su capa cárdena lucían esa personalidad que los distingue de sus congéneres. Tenían la estampa de la agresividad encerrada en una lámina armoniosa, esbelta, pletórica de poder. Y además derramaron la más pura casta, nobleza, y algunos también bravura excepcional. Cada una de sus embestidas suponía un ¡ay! de angustia, aunque las dieran con boyantía, pues el toro de casta transmite en todos sus movimientos esa sensación de peligro. A excepción del tercero, que acusó mansedumbre, todos los demás fueron buenos. Sobre todo el primero, un toro de bandera, codicioso, bravo en varas y nobilísimo en la muleta; mucho más bravo y merecedor de premio que el cuarto, al que dieron la vuelta al ruedo.

Ruiz Miguel, en una de sus habituales tardes de pundonor y entrega, aureolada por el continuo homenaje popular a su torería y a cuanto significa, muleteó a ese primer toro, reposado, dominador e incluso con destellos de inspiración, que alcanzaron momentos de gran belleza cuando en el platillo ligó una impecable serie de redondos cerrados con el de pecho de pitón a rabo.

Al cuarto, que tenía genio y se revolvía en un palmo de terreno, lo sometió por la izquierda con tanto poderío que puso los tendidos en pie mientras en la plaza atronaban los gritos de "¡torero, torero!".

"¡Torero!" fue clamor durante toda la tarde. La afición se volcó con los lidiadores, lo mismo los de oro que los de plata, pues hasta los subalternos, pasados los primeros sustos que producían las fuertes embestidas y la leyenda de la divisa, tuvieron también una actuación importante. Destacó Martín Recio el. cual dio todo un curso magistral de valor y técnica en la brega al tercero.

Ese victorino fue manejable y Palomar lo recibió con unas verónicas embraguetado, cargando la suerte y ganando terreno; lo banderilleó con facilidad, y le hizo una faena de muleta valerosa, ajustada y de honda reciedumbre, que coronó con un soberbio volapié. En el sexto, aún más noble, el bravo diestro de Soria se gustó en un trasteo variadísimo en el que hubo ayudados por alto como prólogo y como culminación; naturales cargando la suerte, y de frente juntas las zapatillas; ayudados a dos manos, cambios, afarolados, molinetes y pases de pecho echándose todo el toro por delante.

Por su parte, Esplá, que lidió y muleteó con habilidad y entrega al segundo, armó un alboroto en el tercio de banderillas del quinto tras el cual hubo de dar la vuelta al ruedo. Le había hecho un quite por faroles, al que replicó Palomar con otro por tijerillas y delantales. Ambos gozaban de las mieles que estos victorinos de leyenda llevaban dentro. Llegó el toro al último tercio con una embestida de terciopelo, y lo aprovechó para cuajar una de las mejores faenas que haya hecho en su vida. Los pases en redondo, principalmente, salían ligados con el primor del encaje y, finalmente, se adornó, arrojó los trastos a la arena y anudó la pañoleta a uno de las tremendas y asticinas astas.

Victorino Martín, que fue aclamado en distintos pasajes del festejo, ofreció en Las Ventas un corridón de toros. El público estaba como enloquecido y con frecuencia coreaba frases para proclamar los valores esenciales de la fiesta verdadera, la qué exige con pasión y fe de iluminado, pues ella es la que ha jalonado la rica historia de este espectáculo centenario. Al final, después de dos horas y media de gran espectáculo vivido con emoción creciente, los tres matadores y el ganadero, entre aclamaciones de una multitud enfervorizada, salían a hombros por la puerta grande. Y el público, pegando pases por la calle Alcalá arriba.