miércoles, 5 de octubre de 2011

Crónica 2ª Feria de Albacete


FAENÓN DE “EL CÉSAR” QUE ABRIÓ LA SEGUNDA PUERTA GRANDE DE LA FERIA

El madrileño César Jiménez cortó las dos orejas de un gran toro de Luis Algarra tras una faena de gran nivel e intensidad. Perera mejoró la imagen dada en su primero y estuvo valiente con el sexto. Pésima imagen de Enrique Ponce y petardo ganadero de Román Sorando.

César Jiménez fue el gran triunfador del segundo festejo de la feria taurina de Albacete 2011. Tras la salida a hombros de Sergio Serrano en la corrida fuera de abono, se volvió a abrir la puerta grande por segunda vez consecutiva. Y fue una puerta grande como la de Sergio Serrano: ganada a ley. El madrileño cuajó al único toro bueno y completo de una corrida compuesta por tres toros de Román Sorando y tres de Luis Algarra. Todos nos temíamos lo peor a cerca de la presentación de la corrida de Sorando y no nos equivocamos. La corrida presentada era una vergüenza e indigna de la plaza de toros de Albacete. A pesar de ello, el presidente y los veterinarios no tuvieron el suficiente valor como para rechazarla al completo. Entraron tres de la ganadería titular y alguno de ellos estuvo mal presentado y tampoco debió haber salido de chiqueros. Por el contrario, los remiendos de Luis Algarra si estuvieron bien presentados y dieron mejor juego. Miguel Ángel Perera mejoró en el que cerró plaza la mala imagen dada en su primero, mientras que Enrique Ponce fue despedido del coso albaceteño con pitos por su pésima actuación.

CÉSAR JIMÉNEZ

El torero de Fuenlabrada volvía a Albacete después de ser el triunfador de la pasada feria y de triunfar también en la corrida de Asprona de este año. Y Jiménez dejó unas magníficas sensaciones en su única comparecencia en el abono. Y digo única porque siendo el triunfador del ciclo taurino del año pasado, se merecía hacer doblete en la feria. César estuvo muy entregado y a gusto desde el principio y perdió un posible trofeo en su primero por el mal uso de la espada. El segundo de la tarde fue un astado astifino pero anovillado e impropio para nuestro coso taurino. El de Román Sorando llegó con las fuerzas al límite al último tercio. Pese a estar flojo, el de la divisa jienense dio buen juego porque tuvo transmisión en sus embestidas. César Jiménez se descalzó pronto por lo que el público supo desde el principio que estaba a gusto. Durante el trasteo, el madrileño consiguió extraer varias tandas de muletazos de buen trazo que contuvieron muletazos largos, templados y de mano baja. Además, Jiménez completó las series y los muletazos con su personal clase y gusto. En ocasiones es verdad que faltó mayor acople entre toro y torero, pero el de Fuenlabrada se metió al público en el bolsillo y perdió una oreja tras andar mal con el estoque. Pero la gran faena de César Jiménez y de la tarde llegó en el quinto. El colorado ejemplar de Luis Algarra tenía muy buenas hechuras y era serio y bonito por delante con unos pitones corniabrochados y ligeramente vueltos. Aunque en el tercio de varas manseó y puso en aprietos a los banderilleros, llegó a la muleta con mucho que torear. Sus embestidas además de clase, humillación y recorrido, tuvieron importancia y transmisión. Y César Jiménez no desaprovechó al mejor ejemplar de la corrida y lo cuajó de principio a fin. Lo mejor de su trasteo y de todo el conjunto del festejo fueron dos tandas de naturales extraordinarias. Los naturales que brotaron de la muñeca de César Jiménez tuvieron muchísima calidad. Dejando la franela en el hocico del animal, tiró del toro corriendo muy bien la mano y llevando hasta el final la noble embestida del animal. La muleta fue siempre muy rastrera y el sabor, la clase y la elegancia de César Jiménez hicieron disfrutar a un público que se había estado aburriendo e incluso enfadado hasta ese momento. Con la plaza puesta en pie concluyó su gran obra con una estocada en todo lo alto y las dos orejas que cayeron en sus manos fueron tras una petición unánime. Dos orejas que cortó en este, más otra que podría haber cortado en su primero, suman tres y nos dan buena cuenta de la gran tarde y dimensión que ofreció César Jiménez en la primera del abono albacetense.

MIGUEL ÁNGEL PERERA

Miguel Ángel Perera volvía a una de las plazas y de las ferias que han sido más importantes en su carrera. Perera salió lanzado de nuestra feria tras las grandes tardes que llevó a cabo en la feria del año 2008. El año pasado estaba acartelado en dos ocasiones pero una lesión sufrida en agosto le obligó a cortar la temporada y, por consiguiente, a no poder estar presente en Albacete. El diestro extremeño no se encuentra en su mejor momento pero en las últimas ferias estaba recuperando el crédito perdido y volviendo al privilegiado sitio en el que estuvo durante un par de temporadas. Vestido de un terno azul marino y oro, Miguel Ángel tuvo una tarde en la que mostró dos facetas bien distintas. Por un lado la de un torero sin sitio y a la deriva, y por otro, la de un torero valiente y poderoso. La primera faceta la mostró en el primero de su lote, un colorado de Román Sorando que era impresentable. Muy chico y bajo debió haber sido rechazado en los corrales por la mañana. Este ejemplar hizo tercero y aunque en un principio mostró que tenía posibilidades, se fue complicando y acortando su recorrido. Y Perera en vez de estar por encima de él y enseñar al público que el movimiento del toro no era enclasado ni bravo, anduvo con probaturas y sufriendo infinidad de enganchones. Al ver que el toro iba a peor y que la gente no le estaba entendiendo, decidió abreviar y tras dejar un bajonazo recibió silencio. La otra cara la mostró en el ejemplar que cerró plaza. El sexto era un toro salpicado y muy serio por delante que se movió con emoción e importancia durante los primeros tercios. Parecía que como su hermano de Luis Algarra que le tocó en suerte a César Jiménez iba a ser un toro de lío, pero no lo fue. En las primeras series del trasteo de Perera si mostró muchas cualidades por embestir por abajo y con recorrido. Pero lo bueno se acabó pronto y tras estas contadas tandas de derechazos, el toro se vino abajo y ya no hubo nada que hacer. El imponente astado de Algarra se paró y comenzó a salir con la cara arriba desluciendo mucho los muletazos de su matador y su transmisión se tornó en sosería. Miguel Ángel estuvo poderoso con la mano diestra en las primeras series, aunque debió haber bajado más la mano cuando el toro lo permitió. Cuando el toro se paró, el de La Puebla de Prior sólo pudo arrimarse, estar valiente y jugarse los muslos ante los pitones de su enemigo. Tras dos pinchazos y una estocada ligeramente trasera, escuchó algunas palmas de consuelo.

ENRIQUE PONCE

El “maestro” Enrique Ponce dio toda una lección al respetable albacetense. Una lección de cómo un “maestro” y un figurón del toreo puede acabar arrastrándose por las ferias tirando por la borda todo el prestigio ganado tras más de veinte años en la primera fila del toreo. El diestro valenciano estuvo francamente mal y fue despedido con pitos por una afición que siempre le ha respetado y querido. Su actuación fue pésima y quedó al descubierto y casi al ridículo con sendos toros de Luis Algarra y Román Sorando. Si en el primero estuvo mal, en el cuarto estuvo peor. Sin sitio, con todas las precauciones inventadas y por inventar y con la cara descompuesta no entendió en ningún momento a su lote. El que abrió el festejo fue un toro bien presentado que tuvo nobleza y calidad y que sacó raza cuando se le bajó la mano y se le templó. Ponce sólo le apretó al final del trasteo y antes estuvo destemplado y llevó al toro a base de tirones y sin bajar nunca la mano. El cuarto fue un toro de Sorando que se movió pero sin clase. Salió siempre con la cara por encima del estaquillador y tuvo una embestida muy deslucida. Enrique se vio desbordado y firmó una faena vulgar que fue recriminada con justicia por el público. Para más inri, pegó todo un sainete con la espada con infinidad de pinchazos, bajonazos y mete y saca.

FICHA DEL FESTEJO

Con más de tres cuartos de entrada, se lidiaron tres toros de Román Sorando (2º, 3º y 4º) y tres de Luis Algarra (1º, 5º y 6º). Los de Sorando mal presentados por chicos y anovillados y los de Algarra bien presentados. El juego fue desigual: 1º noble y con clase; 2º de buen juego pero justo de fuerzas; 3º complicado y de poco recorrido; 4º se movió sin clase y sin humillar; 5º de muy buen juego; 6º se vino abajo muy pronto.

Enrique Ponce: Silencio tras aviso y pitos.

César Jiménez: Saludos y dos orejas.

Miguel Ángel Perera: Silencio y palmas.

martes, 4 de octubre de 2011

Crónica 1ª Feria de Albacete


PUERTA GRANDE DE LEY AL VALOR Y A LA GRANDEZA DE SERGIO SERRANO

El diestro albaceteño abrió la primera puerta grande tras una gran actuación, sobre todo, en el toro que cerró plaza. Juan Luis Rodríguez también puntuó y cimentó una buena faena a su primero. Decepcionante corrida de Martelilla con menos de media plaza.

Se abrió la Feria de Albacete 2011 con la tradicional corrida fuera de abono y con un cartel íntegramente albaceteño para conmemorar el día de la patrona de la ciudad. Y, aunque, la corrida de Martelilla que suele embestir en nuestro coso, falló y decepciono por su descastado y soso juego, se abrió la primera puerta grande de la feria. Lo consiguió el matador de toros albaceteño Sergio Serrano que reclamó y exigió el sitio que se merece, pero no con palabras, sino con una importantísima actuación. Juan Luis Rodríguez también brilló, sobre todo, en el segundo de la tarde, al que le cortó una oreja de mucho peso. El parado quinto le imposibilitó que pudiera acompañar por la puerta grande a su compañero de terna. El telonero de la corrida fue Antón Cortés que pasó sin pena ni gloria y que fue casi ignorado por unos tendidos que estuvieron volcados con los dos jóvenes matadores. Con matices, la corrida de Martelilla, que estuvo extraordinariamente bien presentada, decepcionó y no estuvo al nivel de años pasados. Y fue una pena ver los tendidos de la plaza con menos de la mitad del aforo ocupado.

SERGIO SERRANO

El gran triunfador de la tarde fue Sergio Serrano. El joven torero albaceteño, en su tercer año como matador de toros, y con tan sólo dos corridas de toros a sus espaldas durante esta temporada, anduvo a un altísimo nivel toda la tarde y abrió la primera puerta grande del ciclo de 2011. Sergio firmó una gran faena en el toro que cerró plaza. El sexto fue un auténtico toro de Madrid: serio, astifino y con volumen, el de Martelilla fue recibido en el centro del ruedo por Sergio con unas valientes chicuelinas que fueron toda una declaración de intenciones. Desde entonces, el público que se había enfriado en los últimos toros, se metió de nuevo en la tarde y dio su apoyo en todo momento al torero. Tras un picotazo, Sergio quiso dejarlo crudo para que le diera opciones en la muleta. Tras brindar al público, comenzó la faena con dos pases cambiados por la espalda, sin mover un centímetro las zapatillas y provocando un estremecimiento a todos los aficionados presentes. Después comenzó sobre la mano derecha y llegaron varias series de muletazos profundos, templados, de mando y de mano baja. El toro embestía con importancia y por abajo, pero era tardo y como sus hermanos le costaba repetir, pero Serrano le fue provocando la embestida dejándole siempre puesta la muleta en el hocico, llevando cosida la embestida y alargando mucho el brazo. Fue una faena de emoción y poder ante un astado que fue exigente por su seriedad y trapío. Había que tragarle mucho y no todos los toreros son capaces de hacerlo. Pero Sergio si lo hizo y con más mérito aún por no estar apenas toreado y por la exigencia y la responsabilidad de la tarde. El toro embistió por abajo pero al final de la faena cada vez le iba costando más repetir y responder a los toques de su matador. Éste se cruzó al pitón contrario, se “espatarró” y demostró un valor y una heroicidad que muy pocos demuestran hoy en día. Se tiró muy derecho y pinchó en la primera ocasión, pero después se tiró encima del morrillo y dejó una estocada muy certera que tumbó patas arriba al animal de Martelilla. Aunque se le pidieron las dos orejas, el presidente sólo concedió una pero lo que de verdad valió fue la impresión y la gran sensación que dejó Sergio entre los aficionados. Su primero, el tercero, fue el ejemplar más feo del encierro. El colorado chorreado en verdugo fue un animal que comenzó embistiendo extraordinariamente bien al capote de su matador, pero que según fue avanzando la lidia fue empeorando su condición. A pesar de que el toro fue acortando su recorrido y saliendo con la cara más suelta y sin demasiada clase, Sergio Serrano no se arrugó y también anduvo muy valiente y dispuesto. Comenzó el trasteo por estatuarios en los que demostró una gran quietud de plantas. Después, se sucedieron las tandas de muletazos por ambas manos en los que dejó patente el buen concepto del toreo que atesora, pero no fueron redondas por la deslucida embestida de su antagonista. Siempre bien colocado, pinchó arriba en una ocasión y en el segundo intento dejó una estocada, simplemente, perfecta. Una oreja como premio a su valor y coraje.

JUAN LUIS RODRÍGEZ

El otro triunfador del festejo que abrió el ciclo taurino albacetense fue Juan Luis Rodríguez. Con los mismos años de alternativa que su compañero y habiendo toreado también muy poco, también se jugaba mucho en su única comparecencia en la feria. Y Juan Luis no defraudó. Tras recibir a su primero con templanza y soltura de brazos con el capote, el espada albaceteño se metió de lleno en la tarde y su moral se vio relanzada. Después hizo un personal y muy torero quite por delantales de mano baja y firmó una importante faena después. Brindó este toro a su hermano Jesús y comenzó un trasteo en el que destacó, no sólo su templanza y mano baja, sino también por el gusto y la clase que imprimió en los muletazos. Por ambas manos brotaron derechazos y naturales de notable trazo. El toro tuvo buena condición, humilló y tuvo una embestida enclasada, pero le faltó más fuerza y emoción en su embestida. Pero lo que le faltó al toro, lo puso Juan Luis que se sintió muy a gusto y disfrutó con el toro. La única pega, que en ocasiones faltó más acople entre toro y torero. Tras una estocada caída y de rápida muerte, cortó una oreja de mucho peso. El quinto fue el toro de peor condición de la corrida. Si sus hermanos tuvieron los defectos de la falta de casta, de movimiento y de emoción, éste toro, también muy serio y fuerte, multiplicó por dos esos defectos. Fue un auténtico marmolillo ante el que intentó todo Rodríguez. Muy dispuesto, cimentó un trasteo largo pero de nula transmisión por la sosería insoportable del animal. Tras pinchar en una ocasión y dejar una estocada tendida, saludó una merecida ovación por la importante tarde y actitud que demostró. Sin duda, el concepto del toreo que posee Juan Luis es para tenerlo en cuenta porque ejecuta un toreo muy “caro”.

ANTÓN CORTÉS

Como telonero del festejo actuaba Antón Cortés que pasó de puntillas por “La Chata”. Aunque el diestro albaceteño pechó con el mejor lote, sus dos toros tampoco fueron ninguna maravilla. Ambos tuvieron nobleza y cierta calidad, pero les faltó casta y emoción. El primero fue mejor y respondió bien y regalando buenas embestidas cuando el torero le bajó la mano y le llevo podido y con mando. Fueron pocas las ocasiones en las que estuvo así Antón que tan sólo dejó algún detalle y muletazo suelto. En el cuarto tampoco anduvo demasiado a gusto y con un toro de nula emoción realizó una faena larga y aburrida en la que siempre estuvo fuera de cacho. Con la espada fue más certero que ortodoxo y su actuación fue silenciada por una afición que ignoró al diestro albaceteño y que quiso dejar claro que su crédito está acabado.


FICHA DEL FESTEJO

1ª de la Feria de Albacete (fuera de abono). Con menos de media plaza, se lidiaron seis toros de Martelilla, muy bien presentados. Toda la corrida fue de una imponente seriedad por delante y de cuajo y fortaleza de hechuras. De poco juego en general. El 1º noble y con clase pero falto de transmisión; 2º noble y enclasado pero justo de fuerzas y casta; 3º de más a menos; 4º noble y humillador pero se vino muy abajo y se paró muy pronto; 5º el de peor juego por parado y soso; 6º el mejor, con importancia en su embestida, pero exigente.

Antón Cortés: Silencio y leves pitos.

Juan Luis Rodríguez: Oreja y saludos tras aviso.

Sergio Serrano: Oreja y oreja tras petición de la segunda.



lunes, 23 de mayo de 2011

Crónica 13ª Feria de San Isidro


"PARTIDO DE RESIDUOS"


Un petardo en toda regla es el que ha pegado esta tarde el hierro de Partido de Resina en la 13ª de San Isidro. La afición venteña esperaba con interés el regreso de los añorados “pablorromeros” a la feria de San Isidro, especialmente tras el encierro que Partido de Resina lidió el año pasado antes de feria. Pero la decepción por el juego de la corrida ha sido sobresaliente. Y no sólo por el comportamiento ofrecido por los astados, sino también por su presentación. No pasó completa la corrida el reconocimiento veterinario y tuvo que ser remendada por un toro de Nazario Ibáñez. Mal presagio que después se confirmó en la plaza porque de los que si pasaron por la mañana, algunos también debieron ser rechazados. Muy justos de presencia y trapío los sorteados en 2º, 5º y 6º lugar.


Además de justos de presentación, a excepción, eso sí, del impresionante 4º, los toros del legendario hierro tampoco mejoraron la nota en su comportamiento. Fue una corrida mansa, desclasada y floja que dio al traste con cualquier esperanza de triunfo de los toreros. Éstos lo intentaron, pero su triunfo fue imposible.


El mexicano Ignacio Garibay abría cartel y sufrió un fuerte percance en el segundo de su lote. Mientras toreaba sobre la mano derecha, el serio ejemplar de Partido de Resina lanzó un seco derrote y le volteó de muy fea manera. Recibió una cornada extensa, de 25 cm, pero que, a pesar de los destrozos musculares, no dañó vasos sanguíneos importantes.

El toro que le propinó la cornada fue recibido con una sonora ovación cuando salió de chiqueros. El “pablorromero” de 672 kg era un auténtico tío. Un tío que, por su tamaño, demostraba que esta ganadería, antes de gran calidad y bravura, está absolutamente sacada de tipo. El gigante, de gran cuajo y remate tenía dos leños por delante que daban auténtico pánico. Pero “Morito” solo era fachada. Por dentro no tenía nada. Fue un toro muy complicado, agarrado al piso y que tuvo el gran defecto de que nunca quiso humillar. Además, manseó y llevó siempre la cara por las nubes. Ante semejante oponente, Ignacio Garibay, que no terminó de confiarse con el complicado astado, solo pudo justificarse y pese a la tremenda cornada que recibió, aguantó a estoquear al toro. Después pasó a la enfermería a pie y despedido por una ovación de la plaza.

El 1º era un remiendo de Nazario Ibáñez de bonita estampa y abrochadito de cuerna. Fue un ejemplar interesante que tuvo nobleza y calidad, pero al que le faltó algo de fuerza y emoción en su embestida. Garibay tuvo una actuación desigual. Anduvo templado y destacó en una tanda por el pitón derecho de buen trazo. A pesar de dejar constancia de un buen concepto del toreo, la faena no terminó de explotar. Recibió silencio tras un pinchazo, un bajonazo y un descabello.


Serafín Marín dio una vuelta al ruedo en el 2º de la tarde. Principalmente como recompensa a la voltereta que sufrió al entrar a matar. El 2º era el primero del hierro titular pero fue devuelto tras mostrar una clarísima invalidez. Como sustituto salió un bajo y serio sobrero de Los Chospes que, a la postre, fue el mejor toro del encierro. Embistió siempre con transmisión, fuerza y clase a la franela de Serafín, aunque le faltó algo de humillación. Marín lo recibió con templadas verónicas de salida y después construyó un trasteo de más a menos en el que destacó el comienzo del mismo. El catalán le dio distancia al toro y comenzó templado sobre la mano derecha. El de Los Chospes embestía con buen tranco, pero en la tercera serie por el derecho comenzó a acortar su recorrido. Dejó claro, también, que no quería nada por arriba, todo había que hacérselo por bajo. Marín llevó rastrera la muleta al natural pero dejó demasiados tiempos muertos y la faena se fue viniendo abajo y con ella las opciones del toro. Al final calentó el ambiente con manoletinas y con una estocada algo desprendida y de rápido efecto en la que resultó cogido sin consecuencias. Este final hizo que algunos aficionados pidieran la oreja, pero ante la minoritaria petición, el presidente decidió acertadamente no concederla. Vuelta al ruedo.

El 5º fue una auténtica porquería. Además de justo de trapío, el de Partido de Resina solo tuvo defectos y ninguna virtud. Fue manso, no tuvo clase y embistió sin gracia alguna y con la cara arriba. Serafín ejecutó un trasteo largo y de nula transmisión. Llegaron muchos muletazos destemplados y sin belleza. Antes de ir a por la espada, valiente, se cruzó mucho con el toro por el pitón izquierdo. Tras no andar fino con los aceros, fue silenciado.


Sergio Aguilar tuvo un lote infumable. El madrileño volvió a dejar constancia de su valor y del puro concepto del toreo que atesora, pero volvió a no tener suerte. Se gustó en un breve quite por tafalleras en el 2º de la tarde. Y este quite fue prácticamente lo único lucido que pudo realizar en todo el festejo. Su primero ofreció un juego pésimo. Se movió sin ninguna clase y nunca humilló. Pese a esto, Aguilar anduvo firme y asentado e intentó bajar la mano, pero decidió abreviar cuando vio que el toro se comenzaba a parar. Desgraciadamente en el 6º no mejoró su suerte. El que cerró plaza fue un toro feo y anovillado que tuvo más peligro del que transmitió al público. Fue complicado estar delante de él porque nunca embestía metido en la muleta y se movió mucho pero sin clase. El de luces tampoco pudo rematar con brillantez sus actuaciones ya que falló reiteradamente con la espada.


Ya con los primeros resultados electorales, el cielo se fue oscureciendo y la tarde dio paso a la noche. Una noche que comenzó para los presentes en la Monumental con una sensación de vacío y decepción, tanto por el juego del encierro de Partido de Resina, como por la nula opción de triunfo que tuvieron los tres espadas, especialmente Sergio Aguilar, un gran torero que esperemos los taurinos saquen de este tipo de carteles para que toda la afición pueda disfrutar de su buen concepto del toreo.



Foto: José María Vivas


13ª abono Feria de San Isidro

Plaza de Toros de Las Ventas: Lleno


4 toros de Partido de Resina: desiguales de presentación, algunos muy justos de trapío, a excepción del 4º de gran seriedad y cuajo. Mansos y desclasados, algunos también flojos. 1 (1º) toro de Nazario Ibáñez: bien presentado. Noble y con clase, pero flojo. 1 sobrero de Los Chospes (2º): bien presentado y de buen juego.


Ignacio Garibay: Silencio tras aviso y ovación cuando pasaba a la enfermería

Serafín Marín: Vuelta tras petición minoritaria y silencio

Sergio Aguilar: Silencio en ambos


Destacó durante toda la tarde, tanto con el capote, como con los palos, Vicente Osuna.



Alejandro Martínez Lorenzo


sábado, 21 de mayo de 2011

Crónica 11ª San Isidro 2011


FRENTE A LOS ENEMIGOS, MANO IZQUIERDA

Con mano izquierda todo es posible. Cuando se borda el toreo al natural, con la mano izquierda, una tarde que parecía abocada al fracaso y a la decepción, se puede convertir en una gran tarde de toros. Hoy, esto, se volvió a demostrar.


A pesar de que en la 11ª de San Isidro se volvió a lidiar una novillada impresentable, esta vez de Parladé y Juan Pedro Domecq (en la práctica, lo mismo), volvimos a disfrutar del buen toreo. Y este toreo de “pata negra” llevó la firma de los dos toreros que han conseguido abrir la puerta grande de Las Ventas esta feria, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Y ambos lo hicieron, además, con la mano izquierda, la importante en el toreo. El primero logró cortar una merecida oreja, algo que no consiguió Talavante debido a su fallo con los aceros. Una pena, porque su labor ante el rajado y encastado 6º mereció premio. Completaba el cartel el francés Sebastián Castella que logró cortar una oreja protestada y de poco peso.


Ayer ya nos enterábamos que la corrida reseñada para uno de los carteles estrella de la feria, la de Garcigrande, había sido rechazada al completo por el equipo veterinario y gubernativo de la plaza. Bien por Muñoz Infante que tuvo el valor de devolver al campo hasta 14 toros, al parecer, impresentables del hierro salmantino. De nuevo, vergonzosa actitud de la empresa y de los apoderados o veedores de las figuras que reseñaron una corrida sin trapío para Madrid. Y para enmendar el “fallo” se les ocurre la maravillosa idea de sustituirla por una de Juan Pedro – Parladé…de chiste. Y si hace un momento decía que bien por el presidente por haber tenido el valor de rechazar al completo una corrida preparada para “las figuritas”, ahora digo que mal, muy mal por haber consentido que se hayan lidiado hasta 4 toros impresentables para Madrid. Porque los lidiados en la primera parte del festejo junto al 5º fueron toros por edad, pero no por presencia. Todos ellos anovillados, sin remate ni seriedad, que fueron protestados (con razón) por los aficionados más exigentes. Tras el bochorno de Cuvillo parece que no han aprendido la lección. Y lo malo es que esto hace daño a la fiesta, la degrada y la deja sin argumentos ante la amenaza antitaurina. Las figuras del toreo tienen la obligación moral de cumplir con el aficionado y para cumplir no basta sólo con torear bien (que ya es mucho, por supuesto). Además de esto, deben reseñar corridas dignas para la que se supone es la primera plaza del mundo. Si no es así, escribiremos que han toreado bien, que han triunfado, pero siempre recordaremos que lo hicieron ante enemigos sin trapío ni seriedad.


La primera parte de la corrida fue para olvidar ya que, además de mal presentados, los de Parladé adolecieron de una falta de fuerza y de casta insoportable. Ante toros anovillados, lavados de cara, escurridos de atrás y sin remate alguno, los tres espadas lo intentaron en balde. En el 1º Castella sólo pudo demostrar disposición y destacó en una tanda al natural de buen trazo y templanza pero que no pudo ser ejecutada con la mano baja, pues la flojedad del toro no lo permitía. Tampoco pudo lucirse Manzanares con el 2º, astado sin cuerpo ni seriedad que, aunque noble, fue un inválido. Con el público a la contra, José María sólo pudo justificarse. Y en el 3º se repitió la historia: toro mal presentado por chico y escurrido, que tuvo nobleza y cierta calidad por el pitón derecho, pero que debido a su manifiesta falta de fuerzas no tuvo apenas transmisión. Talavante, sin opción.


Gracias a Dios todo mejoró en la segunda parte del festejo. El 4º mejor presentado, aunque justo, fue recibido con templanza y suavidad por el capote de Sebastián Castella en varios delantales ajustados rematados por una revolera. El toro cumplió en el caballo y llegó al tercio de banderillas galopando y apuntando cosas buenas. Empezó la faena el francés por estatuarios (quizás un comienzo por bajo hubiera sido más adecuado) para, después, ejecutar una buena tanda por el pitón derecho. Asentada la planta continuó Castella por ese pitón en una tanda que no terminó de explotar a pesar del cambiado por la espalda de sorpresa. Sebastián estaba dispuesto y valiente y ligó una buena tanda de derechazos templados. El toro respondió bien regalando embestidas por abajo. La intensidad de la faena bajó cuando el francés se cambió la muleta de mano y comenzó a acortar distancias con el de Juan Pedro. Aunque trazó algún natural estimable, el toro requería distancia y llevarle muy cosido a la muleta, pero el valor de Castella le hizo precipitarse y “pegarse” un arrimón (en el centro del ruedo) antes de tiempo. El toro comenzó a quedarse corto y la faena bajó de intensidad. Tras una buena estocada, cortó una oreja que fue protestada y que supo a poco, pese al valor que demostró Castella. Quizás, con un planteamiento distinto de faena, el premio no hubiera sido de poco peso.


En el 5º Manzanares volvió a demostrar que está en un momento de auténtica plenitud. Tras su salida a hombros el pasado miércoles por la puerta grande, de nuevo, hoy, toreó como los ángeles. Y lo hizo con la mano izquierda, al natural. Templado, con la mano baja y con un gran empaque y elegancia, instrumentó varias tandas al natural que supieron a gloria. Componiendo muy bien la figura, acompañando la embestida del toro, embarcó al astado con los vuelos de la muleta y puso la plaza boca abajo. También estuvo bien sobre la mano derecha y la cumbre de su obra fue un cambio de mano de una templanza y suavidad que hizo estremecer al expectante público. El toro fue un buen colaborador. Embistió con calidad y humillación a la franela del alicantino y, aunque al final se apagó, fue el de mejor juego del encierro. Tras una buena estocada, Manzanares cortó una merecida oreja que se suma a las dos que cortó en la 9ª de feria. Debemos mencionar, también, la extraordinaria labor que realizó la cuadrilla de Manzanares durante toda la tarde, pero especialmente en su segundo toro. Curro Javier con el capote y Juan José Trujillo con los palos realizaron una soberbia y lucida lidia.


Pero la emoción y la entrega llegaron de la mano de Alejandro Talavante en el que cerró plaza. El de Parladé fue el de mejor presentación de la corrida. Éste si fue un toro serio y con trapío, pero cantó muy pronto su mansedumbre. A pesar de que se rajó al mismo comenzar la faena, el extremeño no se arrugó y tras intentarlo sin resultado en el centro de la plaza, se cerró con el toro en el terreno de los mansos: cerca de chiqueros y pegado a las tablas. Allí le plantó cara con las mejores armas de las que dispone un buen torero: valor y disposición. El manso huía en el final de los muletazos, pero Talavante consiguió que no se escapase y ejecutó varias tandas extraordinarias por ambos pitones, especialmente por el izquierdo. Al natural llegaron varias tandas en las que el torero se encajó y nos recordó por qué salió a hombros el pasado martes. ¡Qué forma de torear!, qué emoción el ver a un torero entregarlo todo y ejecutar tandas de naturales largos, templados y de mano muy baja. El toro no era nada fácil, embestía con fuerza y emoción y, aunque manso, sacó fondo de casta. Pero Talavante estuvo muy firme y valiente. Y quiso volver a descerrajar la puerta grande con unas manoletinas ajustadísimas al final del trasteo que le valieron una tremenda y espeluznante voltereta. Pero el milagro volvió a surgir y el torero volvió a la cara del toro con apenas unos rasguños. Y al igual que apareció el Talavante que nos recuerda al mejor José Tomás de finales de los 90 con la muleta, también apareció el Talavante que falla en la suerte suprema. Tras un pinchazo, una estocada casi entera y atravesada, y dos descabellos, el torero tuvo como recompensa a su importante labor una clamorosa vuelta al ruedo con toda la plaza puesta en pie.


Así que, ya se sabe, con mano izquierda, las adversidades y los enemigos, por duros que sean, siempre pueden ser vencidos.



Foto: Luis Miguel Sánchez



11ª de Abono San Isidro

Plaza de toros de Las Ventas: Lleno de “No hay billetes” en tarde espléndida.


4 toros de Parladé y 2 de Juan Pedro Domecq (4º y 5º) impresentables todos a excepción de 4º y 6º. Anovillados y sin ningún remate, el 6º el de mejor presentación. Los 3 primeros nobles pero muy flojos. Los 3 últimos de mejor juego, buenos 4º y 5º y manso encastado el 6º.


Sebastián Castella: Silencio y oreja (protestada) tras aviso

José María Manzanares: Palmas y oreja

Alejandro Talavante: Silencio y vuelta tras dos avisos